Bachelet logra contundente triunfo sobre la derecha, refuerza ruta reformista y Nueva Mayoría rechaza tesis de abstención

La doctora socialista se convirtió en la primera mujer en ser reelecta en la jefatura del estado chileno. Con un 62, 16% de los votos, le sacó casi 25 puntos de ventaja a la carta derechista, Evelyn Matthei,y sumó 400 mil votos a su votación de primera vuelta. Con estos resultados, se reafirman las posiciones reformistas de la Nueva Mayoría, cuyos partidos están entregados al liderazgo de la ex directora de ONU Mujer. Nueva Constitución, reforma educacional y reforma tributaria; los grandes desafíos de la futura Presidenta.

Evitar un descalabro abstencionista. Esa era la principal preocupación de los dirigentes de la Nueva Mayoría mientras se comenzaban a conocer los resultados del avasallador triunfo de Michelle Bachelet sobre Evelyn Matthei, el que se ratificó a media hora del cierre de mesas. Pese a que la ex mandataria se imponía con 25 puntos de ventaja sobre la abanderada de la derecha (62,1% versus 37,8%), la celebración era taponada por la incertidumbre de la baja participación, que iba a ser la principal arma del oficialismo para desacreditar a la presidenta electa, y su programa de transformaciones.

En la interna del Partido Socialista, el piso que se manejaba para tener armas a la hora de responder a la tesis de poca representatividad, era que votara por lo menos el 40% del padrón electoral (5 millones 200 mil votos) y que la candidata no bajara de los tres millones 75 mil votos que obtuvo en la primera vuelta. “Eso hubiese sido muy difícil de defender”, reconoce un ex ministro concertacionista.

Avanzada la tarde, los peores temores de la abstención se iban despejando y en el equipo de la Presidenta electa se iban acumulando datos para defender la representatividad del triunfo.

Son tres los puntos con los que la Nueva Mayoría salió a defender el resultado. Primero, que con los casi 5,7 millones de votos, el balotaje quedaba casi igualado con la tasa de participación de las municipales. Segundo, que por si sola Bachelet sumó 400 mil votos respecto a la primera vuelta, para quedar en 3.468.389. Y tercero, que esa cifra está a sólo 120 mil votos de los obtenidos por Sebastián Piñera en la segunda vuelta de 2010. Ese dato, fue usado para responder directamente al Mandatario, quien lamentó que “sólo votó el 47% de chilenos y eso no nos deja contentos”.

“Son tantas las paradojas con este gobierno que ya es difícil encontrarse con una más interesante”, dijo Osvaldo Andrade, recordando a Piñera que su triunfo en 2009 fue conseguido “con la misma cantidad de votos” que obtuvo Michelle Bachelet, y sin voto voluntario.

“Por respeto a quienes sí tomaron la decisión de participar no podríamos estar nosotros haciendo una especie de épica de la abstención cuando son las reformas las que han ganado”, dijo Guido Girardi. Jaime Quintana, presidente del PPD, en tanto, reclamó que “intentaron de ensuciar el partido con el tema de la abstención, pero hacia el final del día se demostró que el triunfo es categórico”.

Con estos números, en el comando bacheletista zanjaron la tesis de la “crisis de representatividad” que intentaron instalar parlamentarios oficialistas como Jovino Novoa –quien dijo que “no tiene representatividad para hacer cambios extremos”-; y sindicaron la responsabilidad de la debacle en la carta de la derecha, quien con sus 2,1 millones de votos, disminuyó en 1,6 millones respecto a lo obtenido por Piñera hace cuatro años.

El triunfo de las reformas

Una de las primeras diputadas electas que se presentó en el comando a dar declaraciones a los medios nacionales e internacionales, fue Karol Cariola. La rápida presencia comunista reflejaba la interpretación que los sectores más progresistas de la Nueva Mayoría dieron a la abrumadora diferencia de 25 puntos de Bachelet por sobre Matthei: la consolidación de las posiciones reformistas, en los ámbitos constitucional, educacional, tributario, laboral y valórico.

En esa línea, Cariola declaró que “confío en que Michelle Bachelet entiende el país que va a representar, y que no está dispuesto a aceptar nunca más que haya promesas incumplidas. Yo estoy convencida que este próximo gobierno encabezado por la Nueva Mayoría va a cumplir los compromisos hechos y nosotros vamos a estar desde la instittucionalidad luchando por que así sea”.

Por su parte Guillermo Teillier, presidente del Partido Comunista, comentó que el resultado viene a reafirmar “absolutamente” la tesis reformista, y que “será un factor importante” a la hora de decidir si integrarán o no el próximo gobierno, lo que se definirá el jueves 21. “Tenemos la mayoría parlamentaria para hacerlo y ahora tenemos la mayoría del país. Terminamos una etapa muy bien, y ahora empieza la otra que es cumplir con el programa”, dijo.

En esa misma línea, el presidente de la Democracia Cristiana, Ignacio Walker, afirmó que el 62% de los votos se convirtió en un mandato directo a la presidenta electa para efectuar las reformas. “Donde hay voto voluntario siempre la gente vota entre el 40% y 50%. Así es en Colombia, en Guatemala, en Estados Unidos. Esas son las reglas del juego y tener 62% de los votos es una diferencia muy apreciable. O sea, es un mandato de verdad para realizar los cambios que estamos proponiendo. El desafío es llevar a la práctica lo que prometimos”.

La disposición al cambio de la Falange, ordenada con el programa de la Nueva Mayoría, se asienta hasta en los sectores más conservadores del partido. Así lo reflejan las declaraciones de Andrés Zaldívar, quien señaló que “la ciudadanía votó por los cambios que propuso la presidenta Bachelet y no se entusiasmó con el proyecto que presentó Evelyn Matthei. La gente quiere un cambio y lo importante es que la política oiga los cambios. Tengo confianza en el liderazgo de Michelle Bachelet. A cumplir las tareas que hay que cumplir”.

La actitud disciplinada asumida por la DC, que en las palabras de Walker “estará en la avanzada de las transformaciones que Chile necesita”, respondería a la necesidad de la tienda de conservar su lugar como “el partido con más diputados y mayor votación de la coalición”.

Una camino de disidencia, por ejemplo, relegaría a la colectividad dentro del arco bacheletista. Así también lo ve el ex candidato presidencial Claudio Orrego: “Quienes creen que nosotros vamos a ser un fantasma, un dique o un obstáculo están absolutamente equivocados. Sentimos que el programa es nuestro. La gente nos va a ver no como vagón de cola si no que liderando muchos de los cambios”.

Al respecto, Osvaldo Andrade señala que en la Nueva Mayoría “almas pueden haber muchas, lo que importa es el compromiso que asumimos y eso se expresa en el respaldo y liderazgo y en un programa. Que hayan muchas más almas, incluso” .

Patricio Palma, integrante de la comisión política del PC y parte del equipo programático de Bachelet, asevera que “no podríamos entender que la Nueva Mayoría se refugiara en sí mismo y se esconda de lo que se logró en estos últimos años con la gente organizada. Para cumplir un programa como el que está planteado se requiere que todos remen para el mismo lado”.

Otro efecto político que tendrá el 62% de Bachelet, según el senador PPD Ricardo Lagos Weber, es la llave en que esa cifra se convertirá a la hora de negociar con la derecha. A juicio del parlamentario, “hay un sector importante de la centro derecha que, entre quedarse siendo rehén de la UDI y ser parte de los cambios que están pidiendo los chilenos (…) yo sé que hay parlamentarios electos de RN que van a aprobar las reformas que vienen”.

José Antonio Gómez, en tanto, aventura que en el Senado, “hay dos parlamentarios que van a a tener una relación privilegiada con nosotros desde el punto de vista de las ideas, que son Carlos Bianchi y Antonio Horvath; y en RN hay otros que probablemente van a buscar acuerdos, porque también entienden que la derecha no puede seguir oponiéndose a todo”.

Todo el poder

Hoy se realizará la primera reunión de la comisión política del Partido Socialista después del triunfo. Según uno de los 27 comisionados, en la instancia se pondrá la completa disposición para “lo que la presidenta estime conveniente. Todo se va a acatar”.

La actitud del partido de la ex directora de ONU Mujer es una muestra de la libertad total que tendrá para armar sus equipos de trabajo, prescindiendo de cualquier tipo de presión por parte de las colectividades de la Nueva Mayoría.

El senador José Antonio Gómez, presidente del Partido Radical, manifestó que tanto él, como todo su partido, “está dispuesto a trabajar en lo que la Presidenta disponga, sea esto dentro o fuera del gobierno”.

Gómez, además, señaló que no hay un cronograma establecido para la definición de equipos, y que los tiempos de la preparación del gobierno los definirá únicamente Michelle Bachelet, junto a sus colaboradores más estrechos. Este modelo, se diferencia del que ocupó en 2006, cuando debió aceptar presiones de los partidos, lo que la llevó a nombrar a Andrés Zaldívar en el ministerio del Interior, pese a que el falangista no tenía nada que ver con el enfoque ciudadano que se pretendía para la primera parte de esa administración.

Respecto al orden de los partidos, como la norma de la etapa que viene tras el resultado arrasador, Andrade apuntó que “la tarea nuestra no va a cambiar. Por cierto, ahora tenemos gobierno y eso significa que tenemos toda la disposición, sin ninguna condición, con el gobierno y con el cumplimiento del programa. Y mantendremos nuestra vocación de ser articuladores en la Nueva Mayoría”.

Lo claro es que en los siete partidos de la Nueva Mayoría, están conscientes de que luego de la noche del 15 de diciembre, Michelle Bachelet tiene la sartén por el mango para designar cargos y armar equipos; y que la única forma de influir es “acatar sus decisiones”.

Hay una frase en el discurso de la presidenta electa que refleja cómo se vienen los tiempos: “Tenemos la fuerza ciudadana. Tenemos las mayorías parlamentarias y los consejos regionales. Tenemos las condiciones políticas, sociales y económicas. Tenemos la voluntad y tenemos la unidad”. Lo tiene todo.

Ver también: Los proyectos emblemáticos que Michelle Bachelet comprometió y que deberá cumplir desde marzo

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