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Nacional

23 de Enero de 2014

Lo que le espera a Bachelet en la Araucanía

Las últimas semanas han sido agitadas en la novena región. El mes comenzó con incendios atribuidos a anarcos en pleno centro de Temuco. Daniel Melinao salió de prisión absuelto luego de nueve meses, El Mercurio acusó al alcalde de Tirúa, Adolfo Millabur, de tener vínculos con la CAM, quemaron seis camiones en Carahue y los colonos siguen alegando abandono del Estado. Cinco voces claves del conflicto hablan en esta crónica resumiendo el escenario que espera a Bachelet cuando asuma en marzo.

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En cuanto Daniel Melinao pisó la calle en Angol, a la salida del tribunal, el afafan -aquel grito que los mapuche entonan cuando celebran- se tomó el ambiente. Los cerca de sesenta comuneros que lo esperaban fuera del tribunal celebraron con él la absolución que el tribunal decretó por el homicidio del sargento Hugo Albornoz en Ercilla. Melinao los saludó y luego todos emprendieron viaje a la comunidad Wente Winkul Mapu, en una larga caravana de autos que se topó con decenas de carabineros apostados en el cruce de Pidima, a escasos kilómetros de la comunidad. Fue una escena rara: ver a los mapuche victoriosos judicialmente mientras los policías no sabían si controlar a los autos o dejarlos pasar.

El fallo del Tribunal de Juicio Oral en lo Penal de Angol dictó claro ese jueves 9 de enero: “…deberá ser absuelto de la acusación deducida en su contra, porque nadie puede ser condenado por delito sino cuando el Tribunal que lo juzgare adquiera, más allá de toda duda razonable, la convicción de que realmente se ha cometido el hecho punible objeto de la acusación y que en él hubiere correspondido al imputado una participación culpable y penada por la ley, convicción esta última, respecto a la participación en los mismos, que el tribunal, en la especie no estuvo en condiciones de adquirir”.

Esa noche en la comunidad hubo una gran fiesta. Melinao, werken de la Wente Winkul Mapu, recibió el saludo de ancianos, jóvenes y niños. Perros y gatos, cuentan, se le acercaron curiosos de verlo después de nueve meses en prisión. Por la casa de Melinao desfiló toda la comunidad, que desde hace rato está en un punto distinguido de lo que las autoridades llaman la zona roja de la Araucanía, a escasos kilómetros de Temucuicui y separada por los montes de Tirúa. La casa de Melinao es una vivienda de madera que en su fachada resume lo que le ha pasado a su dueño en los últimos meses: vidrios quebrados, paredes trizadas, puertas rotas. Allanamientos, vigilancias y cerco policial.

Mientras eso pasaba, sentado en un camping a orillas del lago Lleu Lleu, el alcalde de Tirúa, Adolfo Millabur, masticaba una respuesta. El martes, una nota del El Mercurio citaba una investigación de la PDI que vinculaba al alcalde y presidente de la Identidad Territorial Lafkenche con José Huenchunao, miembro de la CAM. Al día siguiente, cuenta Millabur, los primeros en llamarlo buscando “reacciones” a la nota, fueron los propios periodistas de El Mercurio.

A Millabur responder a este tipo de acusaciones le parece absurdo. Lo importante para él es aprovechar el micrófono para denunciar que lo que pasa en territorio mapuche es una situación compleja, un conflicto no resuelto entre un pueblo y el Estado chileno que se presta para conjeturas -principalmente de la prensa- que no corresponden.
-Mi casa está a 500 metros de la casa de José Huenchunao. Todos los días paso a treinta metros de su casa. Fuimos al colegio juntos, aprendimos a jugar a la pelota juntos. Somos de la misma comunidad, pertenecimos al mismo rehue. Cuando se hacen nguillatún en la comunidad vamos todos y obviamente estamos todos juntos. Entrar a debatir, justificar o negar si me veo o no con Huenchunao sería negar parte de mi vida y mi historia- explica.

La motivación de publicaciones como esta, cree Millabur, responden a la ignorancia, la mala fe o la intención de prejuiciar a la opinión pública.

-No es la primera vez que El Mercurio lo hace. Desde que se crea en Valparaíso, a los mapuches los trataban como salvajes, bárbaros, no teníamos espíritu, no éramos humanos. Toda atrocidad del Estado chileno de la época se justificaba así. Entonces no me extraña que se escriba de esa manera hacia nosotros. Es para estigmatizar más todavía a los mapuche. Se pierde el sentido de lo que tiene que discutirse, que es un tema de fondo, que no está siendo abordado y donde hay mucho que conversar-dice Millabur.

Un ejemplo de lo que dice el alcalde de Tirúa se materializa tres días después: el domingo, el hallazgo de un vehículo incendiado con un cuerpo carbonizado adentro en el sector de San Ramón, Tirúa, tienta a los medios de comunicación a buscar inmediatamente un culpable entre el movimiento mapuche.

El cadáver, encontrado dentro del auto en posición horizontal, era de Álvaro Ñeguey Pilquiman, miembro de la comunidad Esteban Llevilao, en el sector de Puerto Choke. El origen de su muerte aún se investiga.

-Es irresponsable vincular con la causa mapuche este hecho trágico de una familia amiga mía. Lamento mucho lo que sucedió. Mezclar las cosas sería confundir a la población. Él era un joven que trabajaba de temporero, que venía cada cierto tiempo a ver a su familia, estaba a lo más una semana y se iba nuevamente a trabajar en la zona norte- cuenta Millabur.

SER COLONO HOY
Héctor Urban, hijo del agricultor René Urban, recorre el fundo Milontraro en su camioneta. Es época de cosecha y Urban supervisa el trabajo de tractores y camiones. Sus fundos -Montenegro, La Romana y Milontraro- producen raps, trigo y avena.

En el camino, un carabinero suelta la motosierra con que corta unos troncos y agita la mano, saludando.

Urban indica que las propiedades de su familia están desde 2003 con medidas de protección policial. Partieron con rondas periódicas al campo, luego los carabineros comenzaron a quedarse por las noches y desde el 2005 están con protección completa, con carabineros en el lugar las 24 horas del día.

Los problemas de los Urban comenzaron a fines de los noventa, cuando la comunidad Temucuicui comenzó a demandar un predio vecino a Montenegro y La Romana, el fundo Alaska, a la forestal Mininco, que vendió los terrenos a la Conadi para entregarlos a la comunidad el 2001.

En noviembre del 2002, incendiaron la casa de René Urban.

-Quedamos igual que Condorito, exigiendo una explicación, plop. Sin nada que detone un hecho así, sin ninguna explicación, ningún petitorio. Quedamos en shock durante varios meses, no sabíamos qué pasaba, por qué nosotros, siendo que habíamos conversado con gente de la misma comunidad que estaba en estas reclamaciones por el fundo Alaska y nos decían que no nos preocupáramos, que no era contra nosotros, que era con la forestal- afirma Héctor Urban.

Ese discurso de expulsión de las forestales, sostiene Urban, al año siguiente comenzó a tomar otros ribetes. La tarde del 12 de octubre de 2003 entró gente a los terrenos, atacaron al cuidador, revolvieron la casa buscando armas y plata e incendiaron cinco galpones.

Después de ese episodio la violencia comenzó a sucederse: destrucciones de cercos, quemas de siembras enteras, potreros completos, robo de animales, y así.

-Fuimos manteniendo una relación cada vez más tensa con esta gente porque se empezó con medidas de protección y atacaban a los carabineros. Así hasta hace dos años cuando gente de las comunidades lisa y llanamente se metieron a los campos nuestros. Siempre se metían y carabineros los desalojaba, pero esta vez ya no los sacamos nunca más- dice.

A esos campos, los Urban nunca más pudieron entrar. Dice Urban que cada vez que ha intentado una aproximación, recibe de vuelta emboscadas, insultos y disparos. De un total de 700 hectáreas que tienen los Urban, 300 están tomadas. Como familia empezaron a conversar la posibilidad de vender, pero encontraban que era injusto, “que presionándonos de esa forma no era la manera. Que esto era pasajero, que el estado de derecho debiera recuperarse, que el derecho a propiedad debiera ser como en todas partes de Chile”. Agrega Urban que cuando vieron que aparecía gente muerta en Vilcún, en Pidima, comuneros, agricultores y carabineros, comenzaron a entender el problema: la solución no iba a ser tan pronta como pensaban, la cosa estaba rara y no iba bien. Ahí evaluaron vender. Lo decidieron definitivamente después de la muerte del matrimonio Luchsinger-MacKay.

-En el gobierno de Piñera hubo acercamientos, posibles soluciones. Cuando Viera Gallo estaba a cargo del tema en el gobierno de Bachelet nos invitó a una reunión a Temuco dos meses antes de las elecciones donde nos dijeron que veían que la única solución era la compraventa de predios. Nosotros aceptamos, porque sabíamos que si decíamos que no, ya nos había pasado, nos sacaban la mugre. Salían diciendo que no queríamos vender- recuerda.

A Viera Gallo nunca más lo vieron. Con la administración Piñera no estaba pasando nada. Los Urban partieron a hablar directamente con la Conadi.

-Pensamos, a lo mejor la solución es esa, descomprimamos. Lloramos harto porque fue difícil decidir que teníamos que despojarnos de parte de nuestras vidas, ya habíamos perdido recuerdos en la quema de la casa. Pero tomamos la decisión. Somos familia de palabra, si dijimos que sí es sí- asegura.
Hace medio año, la Conadi les confirmó que la solución era la compraventa del predio para entregarlo a las comunidades Temucuicui y Temucuicui Autónoma. La solución, les dijeron, estaría antes de septiembre. Después, antes de fin de año.
– Ya estamos en febrero y no pasa nada. Un mes atrás nos dijeron que la comunidad ahora no quiere firmar la compra. Yo no entiendo nada. Alguien está mintiendo en este tema. Estamos empantanados. Nuevamente como el jamón del sándwich, los únicos que perdimos somos nosotros.

El principal responsable, cree Urban, es el Estado, que debe velar por los derechos y el bienestar de todos. Aquí, expone, se han hecho los lesos. Lo que falta es voluntad política, algo que según el agricultor no existe.

-Yo pertenezco a una asociación de agricultores de Victoria y hemos tratado de conversar sobre este tema con todos los diputados y senadores y muchos no nos pescan. Se hacen los lesos. Se necesita voluntad política y soluciones de fondo. Hay cartas del lonko Catrillanca donde ellos piden tener una nación mapuche desde el Biobío hasta el Toltén, ¿y nosotros? ¿pa’ dónde nos vamos? ¿a qué costo?- se pregunta.

La cosa está coja, dice. Se creó la ADI, Asociación de Desarrollo Indígena, que no ayuda a todos por igual. No hay soluciones de fondo, alega Urban. Encima, tratan de imponer soluciones en la región sin preguntarle a la gente de la región. “Han puesto gente totalmente inoperante y no me complica decirlo”.

ANARCOS

Carlos Tenorio, abogado de los Urban, también de los Luchsinger y de otros tantos agricultores, sentado en su oficina en el centro de Temuco, dice sin complicarse:

– Este es el problema más grave que enfrenta el Estado chileno y no le ha tomado el peso como debiese, probablemente porque se presenta en una zona de poco interés para lo que son los intereses del poder central. Estamos en la región de la Araucanía, que es una región pobre, que requiere de asistencialismo, y no se le ha puesto todo el interés adecuado. El Estado ha perdido soberanía.

Para Tenorio, el problema tiene dos aristas. Una es el tema indígena, un tema de fondo, de reivindicación de derechos de un pueblo, que debe tratarse con inteligencia y paciencia; otra, la seguridad pública.

-Se ha tejido una leyenda negra del pueblo mapuche, creada por quienes quieren profitar de este tema. Yo que vivo acá te puedo decir que la impresión sobre el pueblo mapuche de quienes vivimos acá es por sobre el 90% muy buena. Muchos empatizamos con la situación de pobreza y marginalidad en la que viven. Pero otra cosa es el tema de la violencia. Creo que las vías de hecho hay que dejarlas de lado como herramientas de resolución de conflictos- dice.

Para Tenorio, el problema de la seguridad pública pasa porque las policías no logran los estándares que se requieren para disminuir los índices de impunidad. Las causas son complejas de investigar y hay mucho temor, señala.

El 3 de febrero, el panorama comenzará a agitarse en la Araucanía, cuando comience el juicio contra el machi Celestino Córdova, único inculpado por el asesinato del matrimonio Luchsinger-MacKay en Vilcún. Tenorio, abogado la familia de colonos suizos en esta causa, tiene la sensación de que este será un año muy poco armónico. Puede tener razón, si se piensa que el primer día de enero Temuco amaneció con el incendio de una casona en pleno sector de Avenida Alemania y la colocación de varias bombas. Andrés Chadwick, ministro del Interior, dijo en esa ocasión sobre la presencia de grupos anarquistas: “Son un convidado de piedra que, con tal de tener presencia comunicacional, aprovechan este tipo de fechas (el aniversario de la muerte de Matías Catrileo) para desarrollar sus acciones”.

Pronostica Tenorio sobre el 2014:

-Mi impresión es que se ha ido perdiendo sensatez. Tengo el feeling de que va a ser un año violento, la violencia ha ido creciendo. Desde el año ‘98 ha ido siempre creciendo, siempre agravándose; siento que se han involucrado actores que no tienen mucho que ver con el conflicto originalmente, personas que son foráneas a la región. Hay gente de Santiago que se ha venido a instalar acá, también se han detectado algunos elementos que vienen de Argentina.

¿Anarcos?
-Sí, los anarcos parece que andan dando vuelta. Personas que no tenían la motivación original, que obedecen a un modelo de lucha antisistémica, pero que no van al fondo del asunto.
José Villagrán ha sido toda su vida camionero y hoy es dirigente de la agrupación de camioneros del sur. Personalmente nunca ha sufrido la quema de un camión, pero cuenta que ya van casi noventa máquinas incendiadas desde que se agruparon como multigremial hace unos diez años para hacer presión ante las autoridades como víctimas de la violencia.

-Los camioneros siempre hemos dicho que son terroristas. A nosotros nos queman las cabinas de los camiones, no nos roban la carga, no nos queman la carga. Ellos sólo hacen daño a la cabina. Antes paraban los camiones y permitían que el chofer se bajara, sacara sus cosas personales y le decían “no es contra los choferes, sino contra el sistema”. ¿Qué tenemos que ver los camiones con el sistema? Nada que ver, pero estamos metidos ahí.

El tema de la quema de camiones, dice Villagrán, los tiene desesperados. Y no encuentran fecha de término. Exigen a los gobiernos de turno que se les dé seguridad para transitar libremente por las carreteras, pero en eso, precisa, todos han fracasado. O hecho oídos sordos.
-El problema es que aquí los terroristas dicen que se identifican con la causa mapuche, pero los mapuches-mapuches de la zona no están con el terrorismo, ellos no aprueban lo que se está haciendo. Estos terroristas no encontraron nada mejor que, “¡ah!, veamos la causa mapuche y empezamos a hacer daño pa que les entreguen algo”.

¿Habla de grupos externos?
-Yo creo que hay de todo. En Chile hay un gran problema de desigualdad y eso hace que aparezcan estos grupos que se aprovechan.

Al día siguiente de la entrevista con Villagrán, la madrugada del sábado, seis camiones aparecieron completamente quemados en Carahue. José Villagrán habló en los medios pidiendo que se declarara estado de sitio en la Araucanía. En el sitio del suceso aparecieron misteriosos panfletos que llamaban a la “resistencia ancestral”, ilustrados con un kultrún, una lanza y un fusil. En Tirúa, más de cuatro mil hectáreas de terrenos de borde costero están siendo recuperados pacíficamente sin intervención de carabineros. Lo mismo en Wente Winkul Mapu, comunidad que en estos momentos se dedica a la trilla de sus cosechas, Daniel Melinao incluido. Un statu quo que parece aguardar la llegada de Bachelet y su promesa de un ministerio de asuntos indígenas.

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