Bielsa-03-de-Julio-de-2009

Por Joven y Alocada

Pensamiento Bielsista: Chile versus Australia

Hay dos cosas que me ponen muy agresiva cuando estoy borracha. La gente antibielsista y la gente que encuentra más rica a Karol Cariola que a Camila Vallejo. En términos generales: la gente que no está de acuerdo conmigo. El día Chile-Australia vi el partido con nueve personas. Dos eran antibielsistas, pero nadie se manifestó a favor o en contra de Camila. Mi furia, por ende, era medida. Además, los antibielsistas (también vegetarianos) no hicieron ninguna exhibición demasiado activa de su falta de amor. Tal vez porque yo era la dueña de casa. Tal vez porque dije Sampaoli mono culiao banco Santander culiao.

El alcohol me da la intensidad que no tengo en la vida. De furiosa relativa pasé a emo progresiva. Pensé en Bielsa como quien piensa en un familiar muy querido que está lejos. O peor: muerto. O peor peor: pensé en Bielsa con la misma intensidad doliente con la que algunos piensan en Cerati. Y luego peor: pensé en él como se piensa en un ex amor. Uno con el que tuviste que terminar por culpa del destino implacable. Lo veo solo, sentado en un sillón, mirándonos con el corazón confuso. Quiere lo mejor para nosotros/Quiere que pensemos que lo mejor para nosotros estuvo en sus días. Siente la escisión entre el amor desinteresado y el posesivo. Ése que dice “ojalá ganen” y el que masculla “ojalá estos culiaos estén peor sin mí”. Es, en definitiva, un verdadero ex amante. No sé si eso es lo que estoy pensando cuando botan a Alexis. Se cae en cámara lenta, con belleza y dignidad. Uno de los vegetarianos antibielsistas dice australianos conchesumadres. Alguien -tal vez yo- dice ¿por qué estos conchesumadres no nos dejan ganar no más, si tienen un país mucho más la raja? Mi hermana los mira: “Más encima los hueones tienen los mejores animales”. Todos hacemos una pausa mental y evocamos a un canguro y un koala. Son realmente hermosos.

Pensamiento justiciero: Chile versus España

Ese día acordamos que los países exitosos deberían partir perdiendo uno-cero para compensar su felicidad. El día Chile-España tengo una idea nueva aunque quizás se le ocurrió a algún vegetariano antibielsista y estoy robando, pero da lo mismo: yo gano porque yo escribo. Chile fue colonia de España. Ya sé que eso todos lo sabemos. En marzo nuestros conquistadores hicieron un intento reparatorio que no iba dirigido a nosotros, pero que benefició a algunos chilenos: dar la nacionalidad española a todos los descendientes de judíos que fueron expulsados de España. Supongo que funciona así. De cuando en cuando se sienten culpables -o hacen como que se sienten culpables- y tiran una medida que intenta compensar las cosas, pero que de verdad vale callampa. Pues bien: yo sí que tengo una medida buena. Todos los países colonizados van a partir ganándole tres-cero a sus colonizadores. Eso habría dado un Chile cinco, España cero. De lo que no estoy segura es de si esta medida se aplica para Estados Unidos e Inglaterra. Dejo abierta la discusión.

Pensamiento religioso: Chile versus Holanda

Olvidé decir que, por supuesto, no vi el partido Chile-España. No había nadie en mi casa y no pude soportar padecer esa tensión sola. Me acosté en mi cama y estuve todo el primer tiempo horizontal. De afuera me llegaban los gritos uno-cero, dos-cero. Me paré en el entretiempo y estuve a punto de prender la tele cuando tuve el siguiente pensamiento lógico: si Chile va ganando es porque yo no lo he visto. Y luego: si Chile va ganando es porque yo no lo he visto y porque estoy horizontal. Vuelvo a la cama, me acuesto y no me paro hasta que escucho los bocinazos. No me importa que le agradezcan a Bravo o a quien sea el triunfo. Puedo vivir con ser un héroe silencioso: le ganamos a España gracias a mi sacrificio. Pero es en el partido de Holanda donde comprendo totalmente la lógica del pensamiento religioso. Quiero decir: la lógica de todo pensamiento religioso. Vuelvo a estar sola en mi casa y decidida a no ver el partido. Me inmolaré nuevamente por amor a todos. Voy a mi cama, me pongo horizontal e incluso me quedo dormida durante todo el primer tiempo. Cero a cero. Me paro y me hago un pan con palta. Después de comérmelo vuelvo a la horizontalidad. El partido se reanuda y abrazo a mi almohada. Escucho a mi vecino emitir un quejido. Puta la hueá.

Me siento, abro el computador, abro un sitio de noticias, uno-cero. Me paro, me lavo los dientes y vuelvo a la horizontalidad hasta que mi vecino vuelve a quejarse. Abro el computador: dos cero, fin del partido. Salgo a la calle. Mientras camino pienso: estuve horizontal y no prendí la tele/estuve horizontal y no prendí la tele/estuve horizontal y no prendí la tele/¿qué chucha falló si estuve horizontal y no prendí la tele?. Un verdadero hombre de fe siempre justifica a Dios: si ora para que llueva y no llueve es porque no oró lo suficiente. Si ora porque una persona a quien ama se mejore de alguna enfermedad terrible y esa persona muere, es porque no era el propósito de Dios que se mejorara. Yo soy igual. Me castigo, me disculpo, busco la falla: el método horizontal y no prender la tele son dos estrategias correctas. El problema es que no hice todo exactamente igual: ¿por qué me paré a hacer ese pan con palta? ¿por qué interrumpí el equilibrio del universo lavándome los dientes? ¿por qué prendí el computador? ¿por qué me quedé dormida? ¿por qué no hubo la misma temperatura en Santiago tal como el día con España? ¿por qué Chile no jugó de blanco? ¿y si cada partido tiene su propia cábala? ¿y si cada partido tiene su propio dios y a mí solo me tocó serlo para Chile-España y no me va a tocar nunca, nunca, nunca más? Me siento en la cuneta, devastada.

Miro el celular para consolarme espiando el Instagram de Alexis Sánchez. Me impresionan las fotos con Laia, su polola, porque nunca hay tensión sexual. Deberían aprenderle a Mark González & Maura Rivera, que en cada foto tienen cara de haber estado culiando recién. Maura, me digo en voz bajita, cuando tengo una epifanía: no debo estar infeliz por haber sido el dios de un partido sólo una vez. Debo sonreír: entre todos los partidos posibles, el de Chile-España era el más importante. No sólo venga la conquista, la colonia, las muertes, el edificio de Telefónica, etc; si no también haber tenido que leer a un hueón tan latero como Pío Baroja. Así que sólo envidio apenas -apenitas- a quien le toque ser el Dios del partido Chile-Brasil.