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Nacional

20 de Julio de 2014

Presidenta de la FECH arremete: hablemos en serio el segundo semestre

En esta columna la dirigenta, aseguró: "Como movimiento estudiantil hemos luchado por definir que un nuevo sistema de educación de calidad no tiene que ver con la segregación según la capacidad de pago de los padres, la medición frenética de conocimientos mediante pruebas estandarizadas, ni la creación de universidades y colegios sólo para la elite. Tampoco se trata de atenuar los excesos del libre mercado educacional, ni de solamente fortalecer monetariamente el sector público. Consideramos que una educación de calidad se define por la capacidad de formar ciudadanos críticos, que posean los conocimientos necesarios para desenvolverse en el desarrollo de su vida, pero también se trata de estructurar una sociedad democrática e inclusiva".

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Por Melissa Sepúlveda, Presidenta de la Fech.

Ante un primer semestre errático del ministerio, el debate público sobre la reforma educacional ha ido tomando nuevas líneas y sumando a nuevos actores, pero esto no ha ido necesariamente en beneficio de las mejoras que el sistema necesita. Por un lado tenemos a un gobierno que busca cerrar los temas para iniciar una reforma rápidamente que calme las preocupaciones de los sostenedores de los establecimientos particulares subvencionados. De forma complementaria, la derecha ha buscado re oxigenarse con un discurso publicitario, en donde esta reforma supuestamente atentaría en contra de los intereses de la “clase media”. Todo esto ante el telón de fondo del elástico concepto de la “calidad de la educación”.

Como movimiento estudiantil hemos luchado por definir que un nuevo sistema de educación de calidad no tiene que ver con la segregación según la capacidad de pago de los padres, la medición frenética de conocimientos mediante pruebas estandarizadas, ni la creación de universidades y colegios sólo para la elite. Tampoco se trata de atenuar los excesos del libre mercado educacional, ni de solamente fortalecer monetariamente el sector público. Consideramos que una educación de calidad se define por la capacidad de formar ciudadanos críticos, que posean los conocimientos necesarios para desenvolverse en el desarrollo de su vida, pero también se trata de estructurar una sociedad democrática e inclusiva.

La calidad de la educación también pasa por mejorar las condiciones laborales y de ejercicio profesional de los docentes. En conjunto con mejorar sus remuneraciones, hacerles parte del proceso de toma decisiones pedagógicas. Creemos que no tiene lógica con un fortalecimiento de la educación pública, gastar anualmente cientos de millones de dólares mediante la ley SEP, externalizando asesorías educativas de dudosa calidad, cuando podríamos fortalecer profesionalmente a nuestros docentes para resolver los problemas pedagógicos de sus propias comunidades educativas.

El currículum también es un tema a abordar. Harto se ha debatido sobre la necesidad de iniciar rápidamente una “poda curricular”, haciendo un énfasis en el desarrollo de las habilidades de los estudiantes, más que el conocimiento memorístico de contenidos, que someter a estudiantes y profesores a un currículum que es año a año imposible de cubrir, lo que termina cobrando sus víctimas en la medición de la PSU. Por otro lado, creemos que también es pertinente preguntarse ¿en qué medida el currículum se relaciona con el desarrollo económico, social y democrático del país y sus regiones? Creemos que en poco. Necesitamos un currículum que sea contextualizado en las necesidades de cada una de las provincias de nuestro país. Que ayude a fomentar el desarrollo local, ubicando los conocimientos que tengan que ver con el desarrollo minero, pesquero, agrícola y comercial según corresponda.

Abarcar estos temas es hablar de calidad de la educación de verdad. Es por esto que no nos lanzamos precipitadamente a participar, sino que buscamos que la participación sea con la capacidad de poner estos temas sobre la mesa. No nos contentaremos con anuncios pirotécnicos que tienen más puesto el ojo en las encuestas y el orden concertacionista de las cosas, que en nuestras necesidades como chilenos y chilenas. También comprendemos que los cambios estructurales no se hacen de un día para otro, pero estamos atentos, porque estamos convencidos y convencidas de que las líneas matrices con las que se asentará la reforma serán definidas en esta etapa. No seremos aval para el mundo social de un “arreglín” como el de la reforma tributaria. Es por eso que estamos disponibles para discutir, debatir y consensuar. Queremos hablar, pero en serio.

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