Foto de Melissa RX
Los rostros han sido difuminados para efectos de esta publicación.

El miércoles 12 de febrero era un día importante para Wylly Medrano, de 32 años. Se inauguraba una muestra en la que dos galeristas lo habían invitado a exponer en Lima. La obra elegida fue “MoCosas”, en la que Wylly intervenía un artículo de la revista Cosas.

Wylly le dibujó cuerpos desnudos a 14 jóvenes de la alta sociedad retratadas en una portada de febrero de 2013 con sus mejores pilchas. En media hora ya había un comprador y para el fin de la exposición, otros dos ofrecían más dinero que él. La obra fue tan popular que de alguna forma las familias de las chicas vieron fotos de la pieza artística y ahí comenzó todo.

La muestra comenzó a las siete de la tarde y a las diez de la mañana del jueves la galería ya había recibido una carta notarial en la que se pedía el retiro de la obra por uso ilegal de imágenes, daños y perjuicios a la imagen y daños y perjuicios a la honra de menores de edad, ya que tres de las jóvenes lo eran. Por eso los padres de 12 de las chicas amenazaron incluso con denunciar pornografía infantil. “Es una cosa ridícula. Estas son familias que tienen mucho poder en Lima”, dice Wylly desde Washington D.C.

Si bien Wylly esperaba que su intervención generara reacciones, nunca imaginó el alcance que tendría. “No elegí ese artículo por algo en particular. Yo no conozco a esas chicas, no frecuento los mismos lugares que ellas”. Tampoco entiende el nivel de molestia que ha generado, porque “no son ellas, es una pintura. Es ridículo. Yo quería mostrar que ellas están ahí simplemente porque son las hijitas de alguien. Entonces resulta que las venden para que aparezcan en la revista, y se molestan por una obra artística”.

Wylly además acusa que todo esto sucede por la influencia que estos padres tienen en Lima: “en todas partes es lo mismo. La justicia existe, pero no es para todos en la realidad”. Dice que es gracias a los contactos que estas familias tienen con los Miró Quesada, dueños de la revista, que lograron amenazar con demandas. Esta familia, comparable con los Edwards en Chile, son dueños también del periódico El Comercio y de más de 20 medios de comunicación. Por eso han sido criticados a causa de la concentración de medios que han generado en los últimos años.

muestra

Las notificaciones sobre las demandas, sin embargo, no llegaban a Wylly sino a un pintor de 64 años. “Se supone que estas familias tienen a los mejores abogados y apenas habrán abierto Google para saber mi nombre”. Resulta que Wylly se puso Berckemeyer, el apellido de una importante familia peruana, como pseudónimo. Wilhelm Berckmeyer se acercó a él para saber por qué todos lo acusaban de pintar jovencitas desnudas: “es un señor muy cordial, pero yo le estaba causando problemas por culpa de estos abogados”.

El mismo jueves 13, uno de los galeristas habló con Wylly porque los padres y la revista proponían no demandar si se les entregaba la obra. “Yo me negué. Le dije que si la querían, que la compraran, pero ellos querían que se las diera así nada más”, dice Medrano. De todas formas, a la medianoche padres y abogados entraron a la galería; y sin decir nada a nadie, se llevaron tres obras de Medrano. Los galeristas explicaron, días después y a través de un mensaje de Facebook, que era la mejor solución posible.

En ese momento, ante la presión de varias firmas de abogados y otras exposiciones que debía preparar, Wylly no denunció lo que él llama “un robo”. El tema legal se calmó, aunque Medrano recibió varias informaciones sobre la obra: “Un conocido que trabaja en Cosas me dijo que la había visto en la redacción de la revista”. En mayo Wylly partió a una residencia en México y hoy se encuentra en Estados Unidos. En septiembre regresará a Lima, donde espera, “después del tiempo y la distancia”, comenzar el proceso legal para recuperar su obra.