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Varinia Brodsky y sus tres años a cargo del Bellas Artes: “Me gratifica que el museo sea objeto de debate”

A tres años de asumir la dirección del Museo Nacional de Bellas Artes, Varinia Brodsky defiende una institución más diversa, abierta y en conversación con su tiempo. Su administración ha estado marcada por un récord de asistentes en los pasillos de un museo que cumplió 145 años de historia, y también por un enfoque de género, y una mirada y montajes que no han estado libres de polémicas y debate. ¿Un Bellas Artes progre? "Esto no responde a una moda ni a una agenda política; responde a que es un museo que les pertenece a todas las personas", explica ella, mientras repasa los hitos de su gestión.

Sigue a The Clinic en Google News Por 11 de Julio de 2026
Francisco Paredes - The Clinic
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Resúmenes generados por Intelgencia Artificial Resúmenes inteligentes

A tres años de asumir el Museo Nacional de Bellas Artes, Varinia Brodsky destaca una gestión con récord de 567 mil visitantes en 2025, más mujeres y diversidades en la colección, y una mirada de género. Dice que “esto no responde a una moda ni a una agenda política” y que le “gratifica que el museo sea objeto de debate”.

  • El Bellas Artes cumple 145 años y exhibe “145 años: historia de una colección”.
  • En 2025 el museo alcanzó su récord histórico: 567 mil visitantes.
  • Brodsky impulsó más mujeres, diversidades y pueblos originarios en la colección.
  • La directora defiende la autonomía del museo y rechaza responder a agendas políticas.
  • Dice que le “gratifica” que el Bellas Artes sea “objeto de debate”.

El artículo repasa los tres años de Varinia Brodsky al mando del Museo Nacional de Bellas Artes. Su gestión ha buscado abrir el museo a más públicos, sumar mujeres y diversidades a la colección y sostener una programación que genere conversación. También aborda las críticas por su orientación y la defensa de la autonomía institucional.

Estos resúmenes son generados por inteligencia artificial y chequeados por el periodista a cargo.

En el segundo piso del Museo Nacional de Bellas Artes, jóvenes se sacan selfies y fotos en el balcón, con el edificio y su clásica cúpula vidriada de fondo. En las dos alas que alojan exposiciones, hoy se despliega la muestra “145 años: historia de una colección” un recorrido en 360° y sobrecogedor, con piezas que son parte del archivo de la institución. Un viaje en el tiempo por el mundo del arte.

300 obras, partiendo desde el siglo XV y que llegan hasta el hoy (tan así, que en las últimas semanas siguen sumando cuadros que aterrizan el presente). Para los amantes del arte, un deleite: desde Camilo Mori a Roser Bru a Claudio Bravo, video arte de Leppe o Zurita o Downey, obras de Eugenio Dittborn, de Virginia Errázuriz, Gordon Matta Clark, Alfredo Helsby, Pedro Lira, Rugendas, una escultura de Federico Assler. Roberto Matta tiene su propio sector, con obras imponentes, como catedrales.

Representan solo un 5 por ciento de lo que posee el museo en sus arcas y fueron elegidos con pinzas por el equipo para exponer por el aniversario. Ahora, si la directora del Bellas Artes, Varinia Brodsky, pudiera llevarse alguna de esas piezas para su hogar, dejarla para sí misma, ¿cuál es su favorita?

“Ay, el corazón partido completamente, no podría elegir”, dice Brodsky, sentada en una sala de reuniones recientemente refaccionada en el subsuelo del museo. “Hay ciertos iconos. ‘El día es un atentado’ de Roberto Matta, es una joya para el arte contemporáneo, sin duda. La queridísima y admirada Cecilia Vicuña, con una obra, ‘Retrato doble’, que es de sus orígenes como artista, o ‘Innovación Maya’, de Leonora Carrington, que es un lujo tenerla en esta colección”.

La artista y gestora cultural, tercera mujer a cargo del Museo -la primera en democracia- luego piensa, y añade: “Y yo tengo un afecto muy fuerte con las obras de los artistas contemporáneos jóvenes. Nato Montoya, Seba Calfuqueo, tienen obras que para mí son muy importantes de poder destacar, desarrollar y proyectar para las próximas generaciones, que hablan de un momento del país. Un momento donde se genera un debate. Pero también tiene que ver con la incorporación de obras a esta colección y que responden a una mirada de gestión hoy día”.

Han sido tres años de su administración, donde los acentos han estado puestos en posicionar al museo como un espacio vivo y público. De pensarlo, dentro de sus posibilidades, con redes nacionales. Y, más marcadamente, por ir rellenando las brechas inherentes a la historia del arte mundial: más mujeres y más diversidades en la colección y en las exposiciones.

Ha presentado muestras de Marcela Trujillo a Luis Poirot, Carlos Leppe o Janet Toro, la espectacular exposición de Monvoisin, o la popular retrospectiva de las Yeguas del Apocalipsis.

En el Bellas Artes están constantemente buscando cómo generar encuentros con el público y, por lo que se ve en un hall lleno de personas pululando un día miércoles, la cosa va bien. De tantas pedidas de matrimonio en el lugar, han tenido que instalar un protocolo ante hincadas de rodillas y anillos. Las cifras lo evidencian; en 2025, el museo tuvo su récord histórico de visitantes: 567 mil; 50 mil personas más que el año anterior.

El liderazgo Brodsky no ha estado, eso sí, libre de polémicas: tensiones entre quienes esperan algo más tradicional del museo más antiguo del país, o del hogar de las “bellas artes”. En conversación con The Clinic, la directora responde a la pregunta: ¿se puso woke el Bellas Artes?

Brodsky en el balcón del segundo piso. Foto: Francisco Paredes – The Clinic

Importancia de la cultura

El museo cumplió 145 años y pareciera estar en plena forma, pensando en la cantidad de visitas que tuvieron el año pasado. ¿Qué está llevando a la gente a visitar el Museo Nacional de Bellas Artes?

—Bueno, yo creo que la gente está recibiendo lo que nosotros hemos intentado proyectar. Este es un museo público que les pertenece a todos, a todas, y tiene una responsabilidad de poder otorgar una programación. Pero por sobre todo diría que es un espacio de encuentro, que es lo que más fuertemente hemos querido definir.

Un museo que tiene una identidad, que propone una apertura para que todas las personas se sientan convocadas. El aumento progresivo de públicos que hemos tenido durante los últimos tres años ha sido bastante gratificante, de un trabajo que está teniendo resultado. Y nuestra proyección ha sido esa, un lugar ciudadano, donde todas las personas se sientan de alguna manera representadas, y que está al servicio de la calidad de vida de las personas.

Un desafío, considerando a la sociedad polarizada. Y también de seguir atrayendo a la gente. ¿Cómo mantenerse moderno y relevante?

—Bueno, tenemos que pensar en el 2026. Somos un museo que a pesar de que tiene 145 años, tiene una mirada contemporánea y eso es algo que te diría a nivel global también se está produciendo.

Creo que se ha producido un cambio de paradigma, de poder ser espacios de diálogo, donde también se produzcan conversaciones, donde se atiendan a problemáticas de diversa índole. Por eso me gusta mucho aplicar el concepto de espacio democrático por sobre todas las cosas.

Ustedes tienen mucha mediación, vienen colegios, vienen universidades, vienen niños chicos. En simple: ¿cómo le cambia la vida a un niño que viene al museo? ¿Y dónde se ve ese ejercicio de ciudadanía en las visitas de la persona?

—Bueno, a nivel de imagen, es bellísimo encontrarse prácticamente todas las mañanas, de todos los días de semana, los buses que vienen al museo, no tan solo programados, pero también de forma espontánea.

Es maravilloso ver cómo chicos y chicas muy jóvenes pueden venir, pueden encontrarse con el arte, conocer su propio patrimonio, darse cuenta de que este museo, uno de los principales del país, de verdad es parte de ellos. Para muchas de esas personas o personitas, este es el primer museo que visitan.

Entonces eso también tiene un efecto rebote con sus familias, con sus amigos y empieza a generarse a partir de ahí un crecimiento de públicos que nos visitan permanentemente.

—¿Cómo ha sido hacerse cargo de este buque que es tan simbólico? Cuáles son sus mayores satisfacciones durante estos tres años?

—Han sido tres años muy nutritivos, muy gratificantes a nivel personal, pero también a nivel de equipo, a nivel de museo, porque hemos visto resultados concretos, hemos visto que generamos un aporte real a la vida de las personas.

Han sido tres años que hemos enfrentado muy desafiantes. Este es uno de los principales museos del país y realmente estar a cargo conlleva una responsabilidad muy fuerte, pero también una oportunidad de poder proyectar desde el arte.

Este es un museo que siempre ha sido contemporáneo a su tiempo, respetando y reconociendo lo que ha sido esta trayectoria, siempre queremos dar una perspectiva de futuro.

¿Un museo woke?

Brodsky ha estado trabajando en distintas preocupaciones, más allá de lo que se monta en la pared: destaca durante la conversación, la búsqueda por ser un museo nacional, y en eso, por ejemplo, están haciendo lazos e intercambio con los museos de la región de Ñuble.

La mediación ha sido constante junto al equipo del Museo, y ella considera que el trabajo que han hecho en colegios alrededor de la obra de Matilde Pérez, que culminó con la visita de 300 niños a la institución -su primera vez en el Bellas Artes-, es algo que la enorgullece y emociona.

Pero el corazón, sin duda, ha sido el enfoque de género. El Bellas Artes pasó de tener un 12 a un 14 por ciento de presencia femenina en su colección en estos años; ahora hay más salas bautizadas en homenaje a artistas mujeres y el Centro de Documentación, abierto a público, se llama Angélica Pérez, en honor a la funcionaria de la institución fallecida en el tsunami Juan Fernández de 2010.

“Yo lo dije desde el primer momento que asumí este cargo, trabajar con perspectiva de género y relevando a las mujeres artistas ha sido una decisión muy consciente”, dice hoy Brodsky.

“El año pasado tuvimos la oportunidad de tener un presupuesto inédito para adquisición y focalizamos el trabajo en poder aumentar esa incorporación de mujeres a la colección. Adquirimos más del 50% de mujeres artistas, 14 nombres nuevos que no estaban incorporados. Eso muy felizmente ha tenido resultados concretos, como es subir de un 12 a un 14 por ciento, que parece un número pequeño, pero es un número que requiere una visión, requiere trabajo. Y cuando tienes un cuerpo de más de 6.000 obras, ese 2% es tremendamente significativo”, dice.

Además, han sumado representación de diversidad sexual, presencia de artistas de pueblos originarios. Justamente siendo el Museo un espacio tan tradicional, esto puede ser visto como que en estos tres años el Bellas Artes, por decirlo coloquialmente, se puso un poco woke, progresista. ¿Cómo ves ese tipo de crítica o tensión? ¿Es woke el MNBA, ahora?

—Bueno, me parece que es un término que se ha utilizado a nivel global en los distintos espacios culturales y museos propiamente tal. Me parece que esto responde, como te decía antes, a poder integrar miradas, diversidades y cambiar las narrativas también.

Esto no responde a una moda ni a una agenda política, responde a que es un museo que les pertenece a todas las personas y no sólo está construido a partir de cierto sector de la sociedad, tanto las mujeres como las disidencias sexogenéricas o los pueblos originarios no solo son parte de una sociedad, sino que también son sus constructores, y necesitamos estar acá también, desde las distintas épocas.

Efectivamente, otro de los focos que hemos hecho es ocuparnos de que este espacio sea representativo por la diversidad de las personas que integran la sociedad. Y eso ha tenido resultados muy concretos como la inauguración de las Yeguas del Apocalipsis, con más de dos mil personas entre el Hall Central y en los balcones, o la entrega del catálogo gratuito, donde se armó una fila impresionante de varias cuadras.

Fue maravilloso verlo, porque por sobre todas las cosas había mucha gente joven y eso es la traducción de que estamos haciendo un trabajo, a nuestro juicio, bien hecho.

¿Hay algún choque entre esta mirada que tiene entonces el Museo Nacional de Bellas Artes bajo su dirección, con la del gobierno actual para la Cultura? El acento de la cartera del Ministro Undurraga está puesto en que la Cultura llegue a todas partes, pero que sobre todo, como dijo él mismo a The Clinic, que la cultura no esté secuestrada por sectores políticos.

—A ver, yo creo que un museo público, sobre todo, no puede responder a agendas políticas ni gubernamentales de ningún tipo.

Los museos debemos perseguir una autonomía programática, una autonomía en cuanto a los contenidos que desarrollamos, porque nosotros trabajamos para una sociedad que es amplia, es plural, es diversa. La defensa está en eso, y si se produce un choque, yo no lo abordaría desde ese punto de vista.

Lo abordaría desde que hay un trabajo que es progresivo, que se da en tiempo y que responde a la propia historia, de cuál es la importancia que tiene este museo para poder ser un aporte que constituya una representación de todas las expresiones.

Yo creo que lo más importante en ese sentido es poner el énfasis en la independencia de los contenidos.
Para eso estamos un equipo de profesionales que somos especialistas en nuestra área y que trabajamos diariamente en poder fortalecer y robustecer el rol del museo para el país.

—En los recortes de presupuesto en Cultura, ¿en qué se ha visto afectado específicamente el Museo Nacional de Bellas Artes? Ya se dijo que se bajó la exposición programada del argentino León Ferrari, por costos.

—Los museos siempre han estado, a mi juicio, en un nivel más bajo de la importancia que deben tener a nivel presupuestario por parte del Estado. Esto responde a una cuestión histórica.

Y la institucionalidad cultural en Chile es tremendamente joven, por lo cual tremendamente frágil. Tenemos que trabajar con robustecer eso, por defender la importancia que tiene el mundo de la cultura, las artes, el valor por el patrimonio. Por ende, creo que sí es preocupante que se tome la cultura como uno de los focos de mayor recorte. Pero hay que comprender que el problema es mucho más profundo.

Y a nivel objetivo, nosotros estamos preocupados de poder generar una proyección con altos estándares. Somos un museo nacional, debemos proyectarnos como un referente en la región latinoamericana y para ello necesitamos contar con presupuestos acordes, presupuestos que implican el desarrollo de una programación, el desarrollo también de líneas estratégicas como son programas públicos, distintas acciones que nos permitan ofrecer espacios para el pensamiento crítico para distintas generaciones.

Somos un espacio que necesita también funcionar acorde a su misión: este es un edificio antiguo, tiene más de 100 años, por lo cual todas las pequeñas cosas que pueden parecer secundarias, para nosotras son absolutamente prioritarias, la infraestructura debe ser atendida permanentemente con un presupuesto acorde. Y eso implica, por ejemplo, temas como inclusión.

—Aún el Bellas Artes no tiene acceso universal.

—No. Y hemos tenido problemas de acceso con ascensores, o sea, cuestiones que son realmente básicas para el funcionamiento de una institución pública. Ahí está el foco y la preocupación por sobre todas las cosas, de que estemos en la priorización de lo que significan los espacios culturales del país.

145 años de historia, 145 años de exposición

“Diría que uno de los proyectos más desafiantes fue poder concretar esta exposición”, dice Brodsky sobre investigar, seleccionar y montar la muestra del aniversario 145. ¿Quién se incluye y quién queda fuera? ¿Qué se privilegia y cómo se cuenta? Considerando que hay de 6 mil obras para elegir.

La muestra 145 años: Historias de una colección, es un recorrido en el tiempo. Foto: Francisco Paredes – The Clinic.



“Como parte de las funciones y atribuciones de cualquier dirección del museo está poder proponer un nuevo relato de lo que es el recorrido de una colección permanente. Es difícil poder dar en el gusto a las distintas personas , a veces incluso recibimos la opinión de ¿esta obra dónde está?”, cuenta.

Lo que se hizo, entonces, fue un trabajo inédito: una mesa de seis curadores del museo. “Quisimos pluralizar el concepto de una sola historia, fortaleciendo la idea de que no hay única historia, sino que son diversas y se van construyendo en el tiempo, así como el propio patrimonio y la propia colección es dinámica, es viva”, dice.

Así, quedó un recorrido que se inicia con el origen del museo, y llega, en constante cambio, a nuestros días. “Es tan vigente y tan actual y tan dinámica la construcción que pudimos incorporar hace unas semanas las obras de Pablo Lincura y de Seba Calfuqueo; son recambios que estamos permanentemente revisando para poder generar un relato convocante”, dice.

Se han generado debates por lo que el Museo Nacional de Bellas Artes ha estado mostrando o montando. Desde cuadros clásicos sin marcos, lo que sacó chispas, o la mirada de género. ¿Cómo directora le frustra que no se entienda? ¿O le entusiasma que el museo está en el debate?

—Nunca vamos a complacer a todas las personas y a todas las miradas y a todos los sectores. Pero trabajamos porque justamente se pueda producir una propuesta programática, editorial y curatorial que pueda generar también esas tensiones.

Tenemos una muestra como Monvoisin, pero también tenemos una muestra como Las Yeguas del Apocalipsis y para nosotros es tremendamente relevante poder hacer esos cruces temporales, esos cruces de mirada y que corresponden a la contemporaneidad de la labor de un museo.

Entonces no, no me frustra, me gratifica que el Museo Bellas Artes sea objeto de debate. Me parece que ahí está la riqueza también de una construcción cultural y para eso estamos.

Me parece muy importante estar en el debate público, y las controversias que se han producido en este periodo de tres años, personalmente me parecen muy, muy interesantes de poder abordar. No darle la espalda.

Y proyectando en los próximos tres años, con el cambio de gobierno: ¿hay algún cambio de mirada o un cambio de aceleración en esa tensión que estás buscando generar? Poner exposiciones más acordes al panorama político, ¿hay censura o autocensura?

–No, como te decía antes, el museo no responde a agendas políticas ni de Gobierno.

Y lo peor que podemos hacer en cualquier periodo y frente a cualquier gobierno, da lo mismo el color, es empezar a generar nuestro trabajo en función de esos supuestos escenarios. Defiendo fuertemente la autonomía de los museos, me parece que es esencial para un desarrollo democrático.









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