José Aldunate (97), cura obrero, y la reforma tributaria: “Se le podría haber sacado más plata a los poderosos”

José Aldunate (97), cura obrero, y la reforma tributaria: “Se le podría haber sacado más plata a los poderosos”

José Aldunate cumplió recientemente 97 años y está más activo que nunca. Todos los días hace gimnasia y, como se ha ido quedando ciego, le dicta columnas a un ayudante que luego publica en la prensa. Dice que la Iglesia es anticuada y que está de acuerdo con el matrimonio homosexual y el aborto terapéutico. El cura jesuita la tiene clara: “la salvación no está en las parroquias, está afuera con los pobres”, afirma.

José-Aldunate-foto1-alejandro-olivares ¿Qué le pareció la entrevista del Padre Felipe Berríos en El Informante? -Estoy de acuerdo con él en casi todo. ¿En qué no estuvo de acuerdo? -Eché de menos que no tocara el problema del aborto clandestino, que para mí es lo más importante. Muchas veces se distraen con el tema del aborto terapéutico, que no tiene problemas, porque no se dan muchos casos al año, y dejan el aborto clandestino de lado, que es verdaderamente un drama para Chile porque hay muchos. ¿¡Y cómo no lo toman en cuenta!? En el gobierno de Bachelet no está en discusión el aborto clandestino. -Las autoridades y Chile, en general, no han enfrentado ese problema y han preferido meter el problema debajo de la alfombra. Hay que enfrentar los problemas. Prescindir del aborto clandestino, es un absurdo. ¿Qué piensa del aborto terapéutico? -Estoy de acuerdo. Es un derecho de la madre defender su vida cuando está en peligro por un feto inviable. También lo estoy con el aborto en caso de violación. Hay mujeres que al ser violadas quedan tan traumatizadas que no pueden tener un niño que para ellas les recuerda a su violador. Uno no puede obligarlas a pasar por ese calvario. Una violación es un trauma muy grande. Pero con el aborto terapéutico no debiera ser tema. Soy de la idea, de que si una mujer puede morir por un embarazo, que vaya y se le opere. Y punto. No debería haber problemas. Tanto que le dan vuelta al asunto. Y que el médico vea lo que es mejor para la salud de esa mujer. Y si es un peligro para la madre, apliquen el aborto terapéutico. Muchos de los médicos, sobre todo católicos, se oponen porque va en contra de sus creencias. -El médico católico tiene una obligación moral de practicar aborto terapéutico. Tiene que cuidar a la madre más que al niño. Tiene que abortarlo, nomás. Pero no nos desviemos del foco. Acá el problema es el aborto clandestino. ¿Usted es partidario de legalizar el aborto con todas sus letras? -Hay que estudiar el problema, porque es muy serio. Yo no estoy a favor del aborto sin apellido, pero tampoco puedo obligar a la gente que piense como yo, como lo hace la iglesia católica. Para la Iglesia, las mujeres que abortan ¿son asesinas, pecadoras? -Pecador o no pecador, asesina o no asesina, son palabras muy fuertes. Es cierto que no podemos estar de acuerdo con el aborto sin apellido. Nadie lo está. Es una vida humana que se sacrifica de forma cruenta. Y es cruenta, no solamente con la criatura, sino contra la mujer, porque muchas veces la deja dañada de por vida. Pero la solución no es prohibirlo, como ahora, porque eso ha demostrado que no soluciona el problema. Es más, lo acrecienta. Muchos dicen que si se legalizara aumentarían los abortos, no es así. En los únicos países donde hay más abortos, es donde está prohibido. Ignorar este problema es realmente criminal. ¿Cómo me explica usted esa ignorancia? ¿Qué se debería hacer? -No hay que cerrar los ojos. En el congreso hay gente inteligente, que debe abordar el problema con hidalguía, franqueza y buscar alguna mitigación. Aprobarlo solucionaría un problema de salud pública. La solución no es fácil. Yo soy de la idea de que hay que formar la conciencia de la población. Educar sexualmente a los jóvenes para que no cometan tonteras. Porque uno no les puede prohibir el sexo, eso es muy arcaico, hay que enseñarles de sexualidad desde la primera edad, para que tomen conciencia y las muchachas no se anden embarazando. O si quedan, a la primera, no incurran en abortos por irresponsabilidad y ligereza. La idea es ayudarlas a que den en adopción a su hijo. Los sectores que más se oponen al aborto, son los que menos se preocupan de lo que sucede después con esos niños. -Está bien que se opongan, pero hagan algo, por favor. No se queden solo en el reclamo. La Iglesia mete la cuchara para criticar el aborto, pero no tiene el mismo ímpetu para defender a los más pobres. -Con el mismo ímpetu que la Iglesia reclama contra el aborto, debería hacerlo por los pobres. La Iglesia debería ocuparse en hacer justicia, en crear igualdad, en favorecer a los pobres, en pensar en los derechos de los mapuches. La Iglesia no va en sintonía. Habla contra el aborto, pero no se preocupa de buscar soluciones. La actitud oficial anda un poco equivocada. Uno esperaría que la Iglesia fuera más efectiva y más comprometida con los pobres. Y que se metiera en lo político. Pero debe meterse para defender la justicia e igualdad. No sólo para criticar. La Iglesia es muy anticuada. No se da cuenta que el verdadero problema es la injusticia social, no es el chiquillo que vive su sexualidad de manera desenfrenada. ¿Por qué la Iglesia se preocupa tanto de lo sexual? -La Iglesia está asustada con esa vía de escape de los jóvenes. Porque si el joven se entusiasma por poner justicia en el mundo, la sexualidad de él será puesta en su lugar y no sacada de contexto, ¿me entiende? EL MATRIMONIO GAY José-Aldunate-foto2-alejandro-olivares ¿Qué piensa del matrimonio homosexual? -Lo apruebo. El homosexual tiene derecho a amar y compartir su vida con otra persona. Si la naturaleza le pide una relación homosexual, entonces, bueno: es lo que pide la naturaleza y es legítimo. Berríos decía que son hijos de Dios. -Dios está orgulloso de los homosexuales. Me ha tocado verme con padres de hijos homosexuales, que cuando comprueban que su hijo es homosexual, se les viene el mundo abajo. Pero yo les digo: pero por qué. Si no es malo ser homosexual. La iglesia católica discrimina a los homosexuales. -La iglesia católica piensa que un matrimonio de homosexuales es contrario a la naturaleza. A veces no comprenden que la homosexualidad puede ser algo natural, que tal vez tenga su origen en los genes, o en la educación primera, vaya a saber, pero es una condición del individuo, no una enfermedad. Hay que buscar una opción de vida conforme a su condición. Eso la Iglesia no lo ha captado. En parte hay razones bíblicas para negarse, pero que son erradas. ¿Por qué? -La Biblia pone a la homosexualidad en Sodoma y Gomorra. Pero eso sale en el Antiguo Testamento, que hoy con la ciencia, lo diluye. Después está san Pablo que es muy severo contra la práctica de la homosexualidad. Pero prohíbe la práctica a un público heterosexual, lo cual es positivo, pero no trata el tema de la homosexualidad. Así que no se le puede atribuir a él el condenar la homosexualidad cuando, simplemente, no toca el tema. Son razones bíblicas pasadas de moda. También dicen que aprobándolo el matrimonio quedaría un poco en desmedro…Tal vez habría que cambiarle el nombre. No lo llamemos matrimonio si quieren, pero es cuestión de palabras, nada más. Si quieren llamémosle casamiento o vida común. No vamos a pelear por una palabra. A usted le da lo mismo si se llama matrimonio o vida en común. -Me da lo mismo. No tengo problemas si se llama matrimonio homosexual, casamiento o vida común. La cosa es no atribuir a la terminología un valor que no tiene. ¿Está de acuerdo con que los homosexuales adopten hijos? -Ese es otro punto. En toda adopción no se trata de beneficiar a la pareja, sino que al niño. Entonces, hay que juzgar si esta pareja es capaz de dar a este niño una vida positiva. Pero ese mismo criterio hay que aplicarlo a una pareja de homosexuales que quieran adoptar y a una pareja de heterosexuales. Ver si los homosexuales son capaces de ser padres cariñosos de sus hijos. Y, bueno, algunos dicen que en principio una pareja homosexual no puede ser padre, pero no estoy de acuerdo con eso: eso es juzgar antes de tiempo, es juzgar en teoría y no en la práctica. Y hay veces que resulta. Se dan casos en que la pareja homosexual cuida muy bien a sus hijos. ¿Siente vergüenza cuando la iglesia católica los condena? -Sí, claro. A veces siento vergüenza. LA EDUCACION ¿Por qué optó por ser un cura obrero y no para ricos? -Yo enseñaba la justicia social, la justicia del obrero. Como enseñaba ese tema, no iba a ser como el cura Gatica que predica y no practica. Y me hice obrero el mismo año del Golpe, estando en Chuqui, y después me fui a trabajar a Concepción. Fue bueno. En Concepción, los compañeros obreros me preguntaban qué hacía allá. Pensaban que andaba arrancando de algo. Porque yo nunca les dije que era cura, sino que un profesor que venía de Santiago a conocer el mundo obrero. Cuando uno dice que es cura, le piden medallas y bendiciones, cosas que no corresponden. ¿Qué le parece que haya tanto cura para ricos? -Hay muchos que se dedican a los ricos, que se mueven entre ricos, que se mimetizan con los ricos, que casi no conocen al mundo pobre. Incluso, hay curas que se han hecho millonarios. -No conozco muchos así. La mayoría gana lo justo para mantenerse, que es lo que debe ser. El cura Sebastián Navarrete, por ejemplo, era socio del colegio Apoquindo y acumuló un patrimonio de más de 400 millones de pesos. -Nunca he oído hablar de él. Me parece una obscenidad. Un cura no está hecho para hacerse rico y mucho menos para acumular una fortuna. Eso no está bien. Jesús nos pidió que, ante todo, nos preocupemos del pobre y que los pobres sean el centro de atención de la Iglesia. Y no los ricos. Entre ricos y pobres, hay que atender en primer lugar al más pobre. Y cuando uno lo ha atendido, uno puede recién atender al rico. El rico puede esperar. Hablando de riquezas, ¿qué le parece que haya colegios religiosos que lucren? -Los colegios religiosos no deben ser lucrativos, pero los hay lamentablemente. Es una vergüenza. En todo caso, son más numerosas las escuelas pobres, que tiene la Iglesia, que los colegios católicos que lucran. El cura Berríos le dijo a los colegios católicos de elite que hicieran el esfuerzo para abrir sus puertas a gente que no tiene recursos. Eso no lo tendría ni que pedir un cura. -Claro. No hay que favorecer al clasismo. Los colegios católicos no deberían discriminar por condición económica. Deben permitir la mezcla de clases. Eso hace bien a la sociedad. ¿Es partidario de la educación gratuita? -Soy partidario que la enseñanza primaria y secundaria sean gratuitos para todo el mundo y que sean sostenidos por el Estado. Pero en la universitaria tengo mis dudas. Soy de la idea en que la enseñanza universitaria aceptemos el lucro. ¿Por qué? -Conviene, por ejemplo, que los suizos o finlandeses vengan a Chile a hacer su negocio para que nos muestren los progresos pedagógicos que se dan en sus países. Pero siempre cuando traigan inversión y progreso al país. Pero no que se transforme en lucro obsceno y excesivo. Si se entiende por lucro sacar un margen de ganancia para el que invierte en el colegio, ese lucro es legítimo. Toda actividad tiene lucro. Los mismos profesores también tienen que tener un poquito de sueldo como para mantener su familia. El lucro es un poco una condición de vida. ¿Encuentra legítimo que un alumno se endeude por estudiar en una universidad? -Hay que evitar que la gente quede demasiado endeudada. Eso se puede aliviar con lo que llaman el crédito universitario, que se ha reducido de 6 a 2 %, que es lo mínimo. Y cuando el universitario tenga que pagar su deuda y si no tiene un margen para vivir, no debiera estar obligado a pagar hasta que no tenga una entrada suficiente. Berríos decía que “es lícito que la universidad de los Andes construya un hospital en la cota mil. Pero es inmoral. Cómo va a ser moral que se construyan hospitales habiendo clínicas en el sector alto y habiendo menos hospitales en la periferia”. -Felipe tiene razón. Mejor sería que esos hospitales se hicieran donde hacen falta. No en sectores que están cubiertos. Es inmoral. Están mal colocados ahí. Eso favorece más la diferenciación entre ricos y pobres. Es enriquecer más al rico y dejar más desprovisto al pobre. Eso no favorece en nada. Tengo fe en Bachelet cuando dijo que lo principal de su reforma es hacer que Chile sea más igualitario. El clasismo se opone al igualitarismo. Confío en este gobierno de que conseguirá bastante en ese camino hacia la igualdad. La derecha le teme a la igualdad -No comprende eso. La derecha cree en el economicismo y que eso es lo que manda. Si eso no es clasista, ¿qué es? Es perpetuar la pobreza. Por esto estoy a favor de la reforma tributaria. Es muy necesaria. Si algo se le puede criticar es que podría haber sido mayor. La reforma tributaria ha sido modesta. Se le podría haber sacado más plata a los poderosos. Así y todo, los empresarios han reclamado. Yo digo que cada hombre de negocios tiene que darse cuenta que debe a Chile en buena parte el buen resultado de su negocio. Entonces, tiene que devolverle a Chile lo que le debe. Es una obligación patriota, una obligación moral. No se puede edificar un país a puros egoísmos economicistas. Hay que ser generosos y saber sacrificarse por el bien común. El empresario chileno es egoísta, se fija en su negocio nomás. LA BIBLIA MACHISTA A sus casi cien años, ¿cómo ha visto la evolución de la Iglesia católica? -La Iglesia católica tuvo un concilio vaticano II muy valioso, en que se juntaron gente para poner al día a la Iglesia, porque se dieron cuenta que estaba atrasada 200 años y no se estaba preocupando de los pobres. Ahí se determinó cambiar varias cosas, pero ese concilio terminó el año 64, y después vinieron algunos Papas que no estaban de acuerdo con los cambios. Papas muy anticuados que perjudicaron mucho a la Iglesia, porque retrasaron mucho la renovación. Yo tengo fe que eso cambie con este nuevo Papa que está en sintonía con la Iglesia que me representa, que es la de los pobres y para los pobres. El Papa actual ha dado pasos importantes, en el sentido, de modernizar la iglesia. Ha contribuido a que la teología de la liberación se vea hoy muy honrada y respetada. Porque hasta hace poco se pensaba que se asemejaba demasiado al marxismo. Esa era la Iglesia de Juan Pablo II. -Sí. Un Papa que tuvo sus méritos, pero también sus defectos. Y, bien, tenemos que reconocer que no todos los Papas son santos perfectos. Juan Pablo II fue, en cierta manera, un Papa de mucha publicidad, mucho contacto con el gran mundo, pero el Papa Francisco es sencillo y, más bien, busca contacto con la pobreza y la gente un poco descartada. La Iglesia necesita una renovación desde abajo. El Papa puede cambiar la cabeza de la Iglesia, pero no el cuerpo. ¿Por dónde debería venir la renovación de la Iglesia? -Debe venir de las comunidades de base, de las parroquias, que se hagan democráticas, más comprometidas socialmente, que vean este mundo lo que necesita, y trabajen por eso. El Papa ha insistido mucho en que debemos salir de las iglesias. Él ha dicho: ¡salgan, salgan, salgan! Nuestra tarea está en el mundo, no está en las iglesias. No hay que quedarse en las cuatro paredes. La solución no está en buscar la salvación dentro de la iglesia, sino que fuera con los pobres. El mundo está en una situación muy trágica como para quedarse encerrado. Hay crisis económicas en todo el mundo, hay una proporción tremenda de gente hambrienta, de gente que no gana más de un dólar por día. ¡Hay que hacer algo! ¿Le gusta la Iglesia que representa Ezzati? -Me habría gustado más Goic como arzobispo. Es más afín conmigo. Ezzati estuvo mucho tiempo en Roma, lo que me hace desconfiar. Pero tampoco tengo una mala impresión. Espero que esté a la altura de los cambios que quiere hacer el Papa Francisco. Ezzati es un obispo dentro de la lista que hace lo que cree que debe hacer. Pero vendrán después otros que puedan hacerlo mejor que él. En esta renovación de la Iglesia, recién me hablaba de la Biblia arcaica. ¿Es partidario de reescribirla? -La Biblia obedecía a la costumbre de esos tiempos. Rasgos que no se pueden seguir conservando. Hoy, por ejemplo, la mujer tiene sus derechos. Así que no reduzcamos la condición de la mujer a la que tenía en tiempos de la Biblia. Los tiempos pasan. La Biblia es machista, muy machista, pero muy muy machista. En algunas partes parece que solo los hombres tienen derechos y que las mujeres no comparten esos derechos. Por ejemplo, cuando habla de adulterio es la mujer la que tiene la culpa y el hombre el que tiene el privilegio. Si eso no es machista, ¿qué es? ¿Está de acuerdo con que las mujeres puedan ser papisas? -Estoy de acuerdo. Y que hayan mujeres obispas, también. Soy partidario de que la mujer se acoja en todos los cargos de importancia de la Iglesia. Porque, así como en la política, la mujer ha tomado una dimensión enorme y se muestra muy capaz en lo religioso. Ni siquiera pueden hacer misas. -Claro. No tienen mucho poder dentro de la iglesia católica. La Iglesia discrimina por género. Eso es injusto. En materia eclesial ha habido déficit de respeto, de atención, de atribuciones, que se le puedan conceder a la mujer. LOS 97 Usted siempre fue considerado un cura rojo… -Me encontré muchas veces con el PC y nos entendimos bastante bien. Pero los partidos políticos no me gustan. Son demasiados cerrados. Y a mí me bastaba con ser cura nomás. Pero sí militó en el movimiento contra la tortura Sebastián Acevedo… -Sí, fui coordinador y vocero. Ese movimiento instaló una forma pacífica de hacer protestas. -Sí. Era una línea inspirada por Mahatma Gandhi, un hombre no violento que, a través de su acción, liberó a la India entera del dominio inglés sin disparar ni una bala. Nosotros vimos dos películas sobre él para inspirarnos. Nosotros pensábamos que para liberar a Chile de la tiranía de Pinochet y denunciar la tortura, lo mejor era la no violencia. En las protestas nunca tirábamos piedras. Estaba prohibido hasta botarle la gorra a los milicos. Simplemente, era estar ahí, protestando y diciendo “Aquí en Chile se tortura”. Nos subíamos a las micros a contarle a la gente que se estaba torturando. Todo muy pacífico. ¿Qué le parecen las protestas de hoy? -Son legítimas. Pero se les pasa la mano a los que rompen. No tienen justificativo. ¿De qué habla esa violencia? -Hay gente desequilibrada. Hay muchachos que están descontentos con todo el mundo y que han sufrido mucho. A veces crecen muy resentidos y ese resentimiento lo muestran destruyendo. Eso no está bien. Lo absurdo es que destruyen en toda circunstancia. Incluso, después de victorias deportivas. Pero me encanta que la gente salga a protestar por sus derechos. Estos movimientos han sido positivos. Han despertado la conciencia. Hemos pasado demasiado años sin darnos cuenta de la mala educación pública. Estos muchachos, los pingüinos al comienzo, y después los otros, nos han llamado la atención para decirnos que hay una tremenda injusticia. La mala educación no se repone. Quien ha tenido mala educación, ¿cómo va a reponer eso? No se puede. Es un daño permanente. Hay tanta inconsciencia en la política que hace que uno simpatice con los que andan por las calles protestando. ¿Cómo llega a los 97 años? -Usted ve que la familia me transmitió buena salud. Mi cabeza está intacta. La memoria me falla un poquito. Pero no mucho. Me sé de memoria la misa. Sólo me he ido quedando ciego. ¿Echa de menos ver alguna cosa? -No mucho. Si ya lo vi todo. A esta edad, uno dice: ya está bueno, basta, basta. No me gustaría pasarme de los cien años. Es mucho para vivir. Yo digo: alguna salidita, alguna enfermedad que me eche a la otra vida, y punto. ¿Le da la vuelta al tema de la muerte? -Sí, siempre pienso en ella. Estoy seguro que después de la muerte, vienen puras sorpresas. Uno no tiene idea de cómo es la muerte. Solamente sabe que hay un Dios que uno tampoco tiene la idea de cómo es. No me lo imagino. ¿Pero le teme a la muerte? -No le temo nada. Estoy listo para recibirla, porque la otra vida es mejor que esta. Por algo la gente dice, cuando alguien muere, que pasó a mejor vida. Entonces, para qué tenerle miedo. ¿No le parece?
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