BARRIOYUNGAY2

En un lenguaje lumpenesco, nosotros diseñamos las ciudades y ustedes son longis no más. Como dicen los flaites existe la pura falacia nítida de que las ciudades las diseñan los ciudadanos, es decir sus habitantes, mediante leyes que regulan el uso de suelo y la construcción de edificios, avenidas, etc., sobre esos suelos. También existen las ordenanzas municipales, la ley 17.288 de Monumentos Nacionales, etc., etc., para garantizar el resguardo de lugares patrimoniales y la identidad de las ciudades… Pero cagaron todos y todas porque quienes definitivamente diseñan las ciudades y sus espacios, alturas, tránsitos y pasarelas somos las Empresas Inmobiliarias, que mediante la especulación financiera con los paños urbanos abandonados en barrios dejados de la mano de Dios, hemos ido poco a poco construyendo un nuevo Santiago de Chile, con el dólar por único patrón de medida de lo que es bueno o malo para sus habitantes.

¿No han visto cómo hemos rediseñado toda la calle Lira y calles adyacentes al sur de la Avenida Bernardo O’Higgins, en el centro de Santiago? ¿O cómo hicimos “chilpe” la comuna de Ñuñoa y borramos la calle Jorge Washington para llenarla de edificios que cambiaron el rostro del sector? Lo que no entiendo es cómo se nos escapó el “Barrio Yungay”, así denominado por los fanáticos de la nostalgia del pasado santiaguino.

Barrio Yungay que, al decir de un visionario ex alcalde de Santiago, a comienzos de los años 90 solo era un montón de terremoteadas casas viejas llenas de familias pobres, traficantes, delincuentes de baja monta y anacrónicos artistas bohemios que no aportaban nada al progreso del barrio. Casas que, según el mismo alcalde, debieran ser demolidas en el acto para dar paso a nuevos y refulgentes edificios con cientos de mini departamentos a la venta donde acoger a los nuevos vecinos, ojalá profesionales jóvenes, dispuestos a vivir en esos minúsculos departamentitos mínimos. Harto hizo ese alcalde contribuyendo con las inmobiliarias para permitir la construcción de cálidos y modernos adefesios, borrando mediante chuzo, picota y grúa buena parte del pasado del así llamado Barrio Yungay.

Para mala cueva nuestra, los vecinos lograron denominar parte del barrio Zona Típica, pero así les ha ido cuando han querido enfrentarse a nosotros, los Verdaderos Diseñadores de Vuestras Ciudades. Rosario Carvajal, vecina del barrio y Presidenta de la Asociación Chilena de Barrios y Zonas Patrimoniales, fue golpeada por los muy machos obrerísimos de la inmobiliaria Maipú S.A. que demolían una propiedad en Compañía y Maipú, cuando ella los conminó a detenerse en su certera maniobra destructiva. Menos mal que, para dejar clara la película y no les quede duda de que quién manda en Santiago, en vez de llevarse presos a los disciplinados agresores de la dirigente, los carabineros tuvieron a bien llevarse detenida a la subversiva víctima. Así que cuidadito con nosotros, Los Diseñadores de Vuestras Vidas.

Sigamos entonces destruyendo el barrio Yungay, construyendo fuera de la línea de construcción como en Cueto y Catedral, haciendo mínima la vereda sur. O diseñando ciclovías como la de Matucana y Rosas, donde los buses del Transantiago que doblan hacia el norte tienen que pasar por encima de la ciclovía o quizás por encima de algún ciclista desprevenido. Vi hace unos días como casi atropellan a una ciclista. Ella tuvo que saltar a la vereda, ¿pero quién la manda a ser ciclista en Santiago? También prodiguemos la matanza de árboles que se oponen al progreso, como la que realizó la Inmobiliaria Rupanco en Cueto esquina Rosas, con el objetivo de hacer unos balcones horribles pero de alto valor agregado. O permitamos que la vereda norte de Rosas, entre Brasil y Cumming, sea ocupada como estacionamiento de automóviles de los padres y apoderados del Instituto Alonso de Ercilla y otros colegios cercanos, y los peatones tengan que caminar por la calzada enfrentando a los vehículos. Total, la Municipalidad ya se ha encargado de proveer un número telefónico como solución a las reiteradas denuncias, en vez de tener inspectores que nos hagan aún más difícil la vida. Y por cierto, permitamos espectáculos públicos en la Plaza Yungay con dos baños químicos para diez mil personas. Así los molestos vecinos del barrio tendrán por varios días en sus puertas y ventanas el más fuerte olor a pichí de sus vidas, y tarde o temprano, nos terminarán vendiendo esas casas de mierda.