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Desde hace una semana el nieto del dictador, Augusto Pinochet, que ostenta el mismo nombre, se encuentra organizando una cena para conmemorar los 99 años que, de estar vivo, habría cumplido el general el 25 de noviembre. El lugar para el evento no figura en los correos que ha enviado el presidente del movimiento “Por mi patria” -una especie de brazo político del pinochetismo-, por temor a una funa, sí el precio: $15 mil la adhesión.

Entre los invitados, por supuesto, estará el coronel en retiro, Cristián Labbé, quien esta semana fue acusado de asociación ilícita por la muerte y desaparición de 13 personas desde el centro represivo Tejas Verdes y que el miércoles salió en libertad bajo fianza desde el Comando de Telecomunicaciones del Ejército.

“Augusto lo quiere invitar porque es sabido que Labbé es un gran admirador de su abuelo y, por lo mismo, sería un honor”, asegura Paolo Zárate, secretario general de “Por mi patria”.

Los otros trescientos invitados son admiradores de “la obra” de Pinochet -jóvenes pinochetistas-, y ex colaboradores del Régimen. En la Alianza calculan que entre estos fanáticos y quienes tienen una visión “aún más neoliberal y pro familia” que la UDI se mueve al menos el 10% del electorado de derecha. Y estiman  que a unos y a otros hay que hacerles “guiños”, pese a las críticas que ello pueda generar.

El análisis explica el respaldo público que recibió desde la bancada la visita de la directiva de la UDI a Labbé, pese a que antes de asumir, la dirigencia había asumido la consigna de representar a las nuevas generaciones y apostar por el cambio de principios del gremialismo. Todo eso quedó pendiente en la tienda con la visita a Labbé que se trató no sólo de un asunto “humano” como han recalcado el presidente Ernesto Silva y su secretario general, Javier Macaya, al justificar el acercamiento a Labbé, sino de la necesidad de afirmar el voto duro del sector y bloquear el surgimiento de un partido de extrema derecha.

“Ese tema se ha conversado entre los parlamentarios. Existe la posibilidad de que, como pasó en la esfera universitaria en la UC, con el surgimiento de Solidaridad, se configure un nuevo partido político de la derecha más dura, con peso real,  y eso evidentemente perjudica a la UDI, por lo mismo la visita de Silva y Macaya a Labbé es más que necesaria, es un gesto para la gente que históricamente ha respaldado el partido, aunque eso no implica, como se ha dado a entender que se esté ante una reivindicación del pinochetismo. Es algo menos burdo que eso”, recalca un parlamentario.

El miedo a la extrema derecha no es nuevo: En el año 2003, círculos de militares en retiro intentaron inscribir una colectividad llamanda “Nueva Fuerza Nacional”, que era impulsada por represores condenados por violaciones a los derechos humanos como Álvaro Corbalán y en la misma época surgió el Movimiento Unitario Nacional (MUNA) que lideraron militares que fueron designados al Senado como Jorge Martínez Busch, Fernando Cordero y Julio Canessa. Ningún de los dos prosperó.

¿NEOFACHOS?
Junto con la felicidad de la UDI por el 31, 64% que obtuvo el movimiento gremialista en las elecciones de la Feuc, frente al 22,53% del NAU (ligado a Revolución Democrática), y que obliga a una segunda vuelta en la elección, otro dato llamó la atención: el 21,32% que alcanzó Solidaridad.

“Eso sólo se explica porque hay una generación que es mucho más dura que la UDI, que tiene una ideología que valora los cambios estructurales que se realizaron en el régimen y que no entiende que se dé la espalda a esa historia. Ese voto hay que conquistarlo. Y está la gente del mundo militar que históricamente ha votado por la UDI y que no podemos perder, como pasó en las últimas elecciones”, recalca un diputado.

La deducción es que en la última elección la llamada “familia militar” se espantó tras el cierre del Penal Cordillera y la categórica condena a las violaciones de los derechos humanos del Presidente Sebastián Piñera, que incluso habló de cómplices pasivos. Por lo mismo, este grupo se habría abstenido de ir a votar, lo que habría sido clave en la pérdidas de escaños: en los comicios 2013 la UDI no sólo perdió, como era predecible, la presidencial, sino que bajó 10 escaños en la Cámara Baja.

“Y no nos podemos dar el lujo de seguir bajando. La derecha más progresista o liberal tiene como opciones a Evópoli o Amplitud, no se van a ir con la UDI, en cambio al otro extremo no hay nada y hay gente que está buscando meterse ahí y si eso sucede el partido se jibariza”, apunta un dirigente.

Y aunque el rostro de ese miedo no es el nieto de Pinochet -”es torpe”, sostiene un dirigente-, sí existe la idea de que Solidaridad podría traspasar la esfera universitaria y aglutinar a todos los descontentos con una “UDI más blanda”.