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Cultura

3 de diciembre de 2014

El retorno de los mimos más gamberros del mundo

A fines de los ‘90 distorsionaron el barrio Bellas Artes, arrancaron de los pacos y los trataron de locos. Hoy Murmuyo y Metrayeta son contratados por grandes festivales de Europa, con shows donde desmantelan autos, desalojan casas o sacan curas a hacer la misa en la calle. Después de casi una década de autoexilio se presentan el lunes en el FITKA para cerrar una vieja herida.

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Sus nombres son Christian Casanova (45) y Juan Paulo Argandoña (38), y aunque son conocidos como Murmuyo y Metrayeta, se respetará el derecho de todo mimo a guardar silencio. La mitad del año se quedan a vivir en diferentes ciudades –Parma, Granada, Valencia y Barcelona– y la otra, hacen giras por festivales de un continente donde se invierte más en teatro de calle que en sala, y donde hay críticos que los han llamado “los ángeles de la calle”.

Durante los años que llevan al otro lado del charco se prometieron no volver a Chile. Estaban embroncados por todo lo que vivieron aquí. Sin embargo, Ignacio Achurra, director del Festival Internacional de Teatro de Calle (FITKA) junto a Martín Erazo, los convenció de volver a las calles que los vieron palanquear a los transeúntes, dirigir el tránsito y arrancar de los pacos. El lunes a las 12 horas en el Metro Quinta Normal, Murmuyo y Metrayeta volverán a pasar la gorra con “Fisura-Dos”, un espectáculo donde el espectador tiene la posibilidad de vengarse de tres lustros de locuras.

Se conocieron en Argentina el año 96, pero Casanova no le dio mucha bola a Argandoña. El conocido “mimo de Providencia” que trabajaría en televisión (el mimo del Kino en “Chipe libre”), era ya un reconocido actor dentro del ambiente, uno que había estudiado con el maestro argentino Roberto Espina y hecho talleres con Marcel Marceau. Argandoña, quien también tenía formación en mimo, empezaría a explorar otras disciplinas, como máscara, comedia del arte y teatro físico.

Se reencontraron tres años después, en una campaña para crear conciencia sobre los pasos peatonales, y nunca más se separaron. “Hicimos un espectáculo sin darnos cuenta, desde entonces somos un matrimonio”, recuerdan. Unos meses después habían creado los orígenes de un show que haría escuela: “Su-seso Taladro” estuvo inspirado en la lucha del hombre contra la máquina, donde pusieron su energía contra los automóviles y la propiedad privada, dejando en el pasado la figura del mimo inocente.

LA BRONCA
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A principios del nuevo milenio las expresiones circenses habían alcanzado su peak en el Parque Forestal. La dupla ganaba plata. La gorra más pequeña hacía 120 lucas por día y podían darse buenos pataches. Se compraron una camioneta como la de Los Magníficos, con la que promocionaban sus espectáculos. Ahí el payaso Chorizo los bautizó como Murmuyo y Metrayeta. “Lo asumimos como tal, porque así son nuestras personalidades”, cuentan.

Pero así como el público los reconocía, también lo hicieron los alcaldes Ravinet, Lavín y Alcaíno. Se convirtieron en un trofeo para los pacos. “Christian fue golpeado en una cuca y yo terminé en la Capitán Yaber pintado y con faldita. Fuimos muy maltratados. Se nos acusaba de disturbio en la vía publica, nos inventaban cargos, como ofensa a la autoridad, porque se armaban tropeles, la gente nos defendía. Tengo recuerdos de haber estado escondido debajo de un auto o de estar dentro de una cuca empujada por la gente”.

No fueron sus únicas experiencias con la policía. En el verano de 2006, cuentan que Carmen Romero les mandó a los pacos por hacer un off afuera del Teatro Mori, durante Santiago a Mil. “Estábamos en la plaza, no estábamos programados en el festival y seguro que habían más obras después, pero el público se quedó con nosotros. Ahí la vimos hablando con Carabineros y nos tomaron detenidos. Nunca lo olvidaremos”, dice Argandoña.
La decisión estaba tomada. Empacaron sus trajes, el maquillaje y sus narices falsas con destino al Festival de Manizales en Colombia, uno de los más antiguos del continente, cambiando definitivamente la historia de Murmuyo y Metrayeta. Allí fueron apadrinados por Octavio Arbeláez, director del festival y uno de los gestores culturales más influyentes de América Latina.

“Junto a Norka Chiapuso (de Donostia Kultura) nos organizó una gira. Nos presentamos en Europa como Teatro Gestual de Chile, por una cosa más comercial. Era más fácil que te aceptaran representando a un país. Partimos de cero, pero entramos por la puerta ancha. En la Feria de Teatro de Donostia (País Vasco) nos tomó un programador que nos llevó a Valladolid, Aurillac (Francia) y Fira Tàrrega (Cataluña)”, explica Argandoña.

Durante casi una década, Murmuyo y Metrayeta han sido parte de la programación de festivales de Italia, Portugal, Bélgica, Eslovenia, Lituania y Alemania, han compartido con los grandes payasos que miraban por Internet, y han recibido premios. Pero la bronca con Chile no desapareció: “Teníamos mucho resentimiento por ser tan reconocidos afuera y no en Chile. En 2007 decidimos ser Murmuyo y Metrayeta, ya no Teatro Gestual de Chile, porque no nos sentíamos representantes de este país”.

EL PERDÓN
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La del lunes será la primera vez que Murmuyo y Metrayeta se presenten en Chile, desde que empezaron a crear “Su-seso Taladro” a principios del milenio. Antes sólo volvieron a Colombia para crear sus espectáculos “Fisura-Dos” (2008) y “¿Quieres ser mi amigo?” (2011), un happening extremo donde sacan a la gente y sus muebles a la calle y meten una patota de personas a comer, o sacan a los curas de las iglesias a hacer misa, o entran a un banco y exigen dinero.

“Una vez hicimos sacar 50 euros a un tipo, entramos a una tienda a comprar naranjas y las repartimos de mano en mano”, cuenta Argandoña. Sin embargo, utilizar la calle como escenario y al público como actores, es un arte que no siempre es seguro. “Hay gente que te tira el auto encima, nos han mostrado machetes y lo peor, unos tipos que sacaron pistolas en Colombia y Argentina. ¿Cómo se resuelve eso? Con el público a tu favor, ahí hay que salir rápido. Hay que controlar el caos”, explica Casanova.

El tiempo ha pasado por la dupla. En Manizales 2015 estrenarán un nuevo show, “Tenemos hambre”, y mostrarán sus otras tres obras. En esa retrospectiva miran su historia con otros ojos. Antes les daba rabia que seguidores suyos fueran reconocidos en Chile haciendo el estilo de mimo que ellos habían creado. Hoy, en cambio, sienten que hicieron escuela con su juego provocador y desvergonzado, cañero y punk, tan distinto al clown poético que se hace en Francia.

“Estamos orgullosos de que gente como el Tuga o Jorge Venegas hagan sus cosas. Uno tiene su locura y el otro, un estilo muy hermoso, aunque nos copien algunas cosas. Al final, sabíamos que estábamos cambiando el mimito fome de calle porque creíamos en lo que hacíamos. Además toda la persecución que vivimos nos convirtió en grandes escapistas”, reflexionan.

El último empujón para que regresaran en el marco del FITKA, lo dio el director del festival, Ignacio Achurra, a quien conocieron en Tárrega hace unos años. “Es un luchador que cree y reivindica el teatro de calle, se ha dado cuenta del valor que tiene en Europa. Decidimos perdonarnos y volver, y aunque estamos tremendamente nerviosos, creemos que es importante aportar para que en Chile se mire el teatro de calle como lo entienden en Europa: un instrumento de educación”.

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