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Negocios

14 de Agosto de 2026

La acusación de Estados Unidos contra Chile: por qué señala a nuestro país como el “caballo de Troya” de China

En un informe publicado el pasado 13 de agosto, la Casa Blanca incluyó a Chile entre los países que China estaría utilizando para ingresar productos a Estados Unidos y evadir aranceles. El documento incluye una ilustración del caballo de Troya, en alusión a la estrategia utilizada por los soldados griegos para infiltrarse en la ciudad amurallada. El exembajador y académico de la Universidad Central, Samuel Fernández, explica a The Clinic por qué Estados Unidos compara a Chile con la estrategia del famoso mito griego.

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En un informe bajo el nombre de “La gran estafa del transbordo” junto a un ilustración del caballo de Troya, la Casa Blanca incluye a Chile entre los países que China estaría utilizando para ingresar a Estados Unidos sus productos, evadiendo los aranceles impuestos por la administración de Donald Trump.

Esto, en medio de los intentos de Chile por negociar una rebaja al arancel adicional de 12,5% impuesto por Estados Unidos. Hace tres semanas, Trump confirmó que aplicaría esta tarifa a cerca del 40% de los productos que ingresan desde Chile, argumentando una supuesta laxitud del país en la defensa legal frente a la importación de bienes producidos con trabajo forzoso.

Cada año, Estados Unidos pierde decenas de miles de millones de dólares debido al transbordo ilegal de mercancías, expresa el informe elaborado por la Oficina de Comercio y Política Manufacturera y que alude, además de nuestro país, a 37 naciones más. A lo que apuntan, y por eso la ilustración del caballo de Troya, es que ciertos productores internan sus productos a países con aranceles más bajos, como Chile, y luego los embarcan hacia el país norteamericano.

Lo que se debe saber para entender la acusación de Estados Unidos, es que “el comercio actual internacional se basa en los productos de origen de un país, no los productos que son traídos en parte de otros países. O sea, debe ser originario del país que va a gozar de los aranceles más bajos, de los acuerdos comerciales”, expresa el exembajador y académico de la Universidad Central, Samuel Fernández.

En esa línea, explica que un producto puede incorporar una parte de origen extranjero y seguir siendo considerado nacional. Sin embargo, existe un límite: no se pueden importar prácticamente todos sus componentes desde otro país y luego presentarlo como un producto propio, especialmente cuando se trata de bienes que gozan de beneficios arancelarios por los acuerdos comerciales.

La acusación apunta a que Chile estaría ingresando a Estados Unidos productos que, pese a ser presentados como chilenos, contienen componentes provenientes de China. Esto además, explica Fernández, ocurre en un contexto de fuerte tensión comercial entre Washington y Beijing, donde Estados Unidos busca evitar que productos chinos ingresen a su mercado a través de terceros países.

Eso es la acusación. Eso tiene que ser probado. Chile ha dicho que no es así. Si lo fuera, sería bastante serio porque esto está prohibido por la Organización Mundial de Comercio, está fuera de todos los acuerdos de libre comercio que Chile tiene, y que ha cumplido siempre”, añade.

“Esto no es una persecución propiamente tal de Estados Unidos hacia Chile”

La Subsecretaría de Relaciones Económicas Internacionales (Subrei) rechazó las acusaciones de Estados Unidos. “El documento no atribuye a Chile conducta alguna de transbordo ilegal ni identifica operaciones específicas que involucren a nuestro país. Chile no fue consultado respecto sobre esta materia en el marco de esta investigación y tampoco comparte el análisis planteado en el informe”, expresan.

Esto no es una persecución propiamente tal de Estados Unidos hacia Chile, lo está haciendo con varios países. ¿Por qué lo está haciendo? Porque hay dudas y deben ser aclaradas, y le conviene a Chile aclarar que sus productos que están siendo beneficiados por los acuerdos y por los aranceles privilegiados, son absolutamente de origen chileno”, afirma Fernández.

En segundo lugar, Fernández señala que transparentar el origen de estos productos también beneficia a ambas potencias. A Estados Unidos, porque le permite asegurarse de que no están ingresando productos chinos camuflados como bienes de terceros países, y a China, porque puede demostrar que sus exportaciones se ajustan a las reglas del comercio internacional.

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