instituto nacional

“Hoy se destruyó el Instituto Nacional”. “Hoy ha muerto la meritocracia”.

La modificación al sistema de ingreso de los llamados liceos emblemáticos (contemplada en el “Proyecto de Ley de Inclusión”) ha suscitado una serie de alarmas, críticas y “frases para el bronce”. Pero, ¿se ajustan estas aprensiones a la realidad?

Es bueno aclarar cuál es la justificación y cuáles son las implicancias de terminar con la selección en uno de los colegios con mejores resultados del país.

Sobre lo primero, es necesario señalar que la selección académica sólo tiene sentido en países con altos índices de equidad, donde efectivamente permite identificar aptitudes específicas del estudiante. Chile, donde el 1% más rico de la población concentra el 31% de los ingresos totales; con el sistema escolar más segregado del mundo (nuestro índice de Inclusión Social apenas supera el 0.45, mientras que los países con buenos resultados tienen, en promedio, sobre un 0.75); y con una de las brechas de desempeño por nivel socioeconómico más grandes de América Latina y del mundo, evidentemente no presenta las condiciones para entregar a la selección el reconocimiento de estas aptitudes.

En Chile la meritocracia se diluye frente al enorme peso de la cuna, del nivel socioeconómico de la familia, del lugar donde nos tocó vivir.

Ahora, constantemente se señala al Instituto Nacional –el colegio emblemático por excelencia- como la única oportunidad de movilidad social para aquellos estudiantes vulnerables con un desempeño por sobre el promedio. Al respecto, conviene analizar algunos datos.

El Instituto Nacional se encuentra clasificado en el nivel socioeconómico medio-alto. Esto quiere decir que la mayoría de sus apoderados han declarado tener entre 13 y 15 años de escolaridad, con un ingreso del hogar que varía entre $680.001 y $1.300.000.
Sólo hay 34 establecimientos municipales en este nivel socioeconómico, los que sumados representan el 1% del total de colegios públicos. Además, el IVE (porcentaje de alumnos vulnerables en el establecimiento) del Instituto Nacional es de un 42.95%, mientras que el IVE promedio del resto de los colegios municipales es de un 79.64% (37 puntos más), y el IVE promedio del país es de un 66.84% (24 puntos más)

El Instituto Nacional se comporta absolutamente distinto al promedio de los colegios del país, donde los apoderados no terminaron la enseñanza media y el ingreso familiar varía entre $255.000 y $380.000. Lamentablemente, la composición del Instituto Nacional se parece mucho más a un colegio particular pagado que a cualquier colegio público en cualquier comuna del país.
Pero, ¿hasta cuándo centramos el debate en un colegio particular?

Si bien no estudié en el Instituto Nacional y por lo tanto no he visto directamente lo que pasa en sus aulas, confío en mis amigos “institutanos” y en los innumerables líderes de la vida nacional egresados de ese colegio cuando explican los valores entregados por la institución, los que se relacionan con lo republicano, lo laico, con el esfuerzo y el mérito.

Por eso asombra y deprime la actitud de un grupo de ex alumnos que periódicamente anuncia el fin de la institución. Cuesta entender cómo la aplicación del ranking de notas para ingresar a la educación superior o el fin de las pruebas de admisión pueda poner en jaque a un proyecto con más de 200 años de trayectoria.

Evidentemente los cambios deben implementarse de manera gradual, y por eso es importante destacar que el actual proyecto de ley establece que el Instituto Nacional comenzará a modificar su sistema de ingreso el 2019, y recién el 2023 tendrá un sistema de admisión completamente nuevo, en el cual, igualmente podrá seleccionar por rendimiento al 30% de sus estudiantes (ranking).

El Instituto Nacional nació para formar a la reducida elite republicana que lograba llegar a la enseñanza secundaria. A más de 200 años de su nacimiento, necesitamos que el Instituto Nacional se transforme en un foco de luz que ilumine a todos y todas, independiente del género, el nivel socioeconómico o el rendimiento en una prueba estandarizada.

*Director de Política Educativa de Educación 2020