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Opinión

9 de Junio de 2026

La crisis silenciosa de los profesores principiantes: Cuando la enseñanza pierde su sentido

Por Nelson Vásquez Lara, Rector de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso

Remuneraciones insuficientes, burocracia creciente, violencia escolar y una formación inicial desconectada de las aulas configuran un escenario que empuja a miles de docentes a abandonar el sistema. Frente a ello, la columna de Nelson Vásquez Lara, Rector de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, que “ninguna medida parcial resolverá por sí sola un fenómeno que involucra formación inicial, condiciones laborales, liderazgo directivo, políticas públicas serias, convivencia, salud mental y sentido social de la profesión”.

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Durante más de una década, diversos estudios vienen alertando sobre un fenómeno silencioso: la deserción temprana de profesores jóvenes del sistema escolar. Cada año, miles de docentes principiantes abandonan las aulas. Lo preocupante es que ya no estamos frente a casos aislados. Estamos ante un problema estructural que amenaza la sostenibilidad misma del sistema educativo.

Las razones son múltiples y conocidas. Las remuneraciones continúan siendo insuficientes. La convivencia escolar se ha vuelto crecientemente desafiante y, en algunos casos, derechamente violenta; la autoridad de los profesores se ha debilitado frente a estudiantes y familias; la burocratización consume tiempo y energía; los currículos están sobrecargados; las exigencias administrativas y la rendición de cuentas generan agobio temprano; y las oportunidades reales de innovación y desarrollo profesional son limitadas. La escuela se ha ido convirtiendo, progresivamente, en un cajón de sastre.

A ello se suma un problema de fondo: muchos jóvenes llegan a los centros educativos con una formación inicial todavía demasiado distante de la realidad concreta del sistema escolar. El ingreso al ejercicio profesional ocurre sin procesos efectivos de inducción ni acompañamiento. El resultado es predecible: estrés, frustración y abandono.

El mayor error sería simplificar este problema. Chile ya cometió ese error en políticas anteriores. La crisis docente exige una mirada sistémica. Ninguna medida parcial resolverá por sí sola un fenómeno que involucra formación inicial, condiciones laborales, liderazgo directivo, políticas públicas serias, convivencia, salud mental y sentido social de la profesión.

Durante años, los programas de mentoría tuvieron escaso alcance. Desde el inicio, distintos especialistas señalaron que la retención de profesores principiantes no podía resolverse exclusivamente desde estructuras centralizadas. Los países que han enfrentado este desafío comprendieron algo esencial: el acompañamiento efectivo ocurre en las escuelas y debe ser liderado por los equipos directivos y por pares experimentados.

Por ello, resulta urgente construir una nueva estrategia nacional de fortalecimiento docente junto a las universidades de excelencia. Chile necesita volver a prestigiar integralmente la formación de profesores. También requiere abrir nuevas rutas de ingreso a la profesión para licenciados y profesionales de disciplinas afines, mediante programas rigurosos de formación pedagógica, debidamente acreditados y con habilitación temporal supervisada.

Del mismo modo, el CPEIP necesita procesar con mayor rapidez la evidencia de las investigaciones nacionales e internacionales. Persistir sin una estrategia robusta y nacional de desarrollo profesional docente sería una enorme irresponsabilidad con los niños y jóvenes. Chile dispone de universidades acreditadas y con experiencia suficiente para construir, en conjunto con el Estado, un verdadero sistema continuo de actualización pedagógica.

Pero quizá el desafío más importante sea cultural y político: volver a confiar en los profesores y en los equipos directivos. Durante demasiado tiempo, el sistema educativo ha operado bajo una lógica de sospecha, control y centralización excesiva.

Las políticas públicas deben volver a construirse desde la evidencia, los resultados y la experiencia acumulada. La Agencia de Calidad de la Educación puede aportar mucho más al debate nacional sobre deserción de profesores, si el país decide escuchar con seriedad las trayectorias reales de los establecimientos. El voluntarismo descontextualizado ya no entregó respuestas satisfactorias a las familias chilenas.

La deserción de profesores jóvenes no es solo un problema laboral. Cuando enseñar deja de ser una tarea posible o deseable para quienes recién comienzan, lo que está en crisis no es únicamente la profesión docente: es la capacidad del país de proyectar su futuro.

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#Educación#opinión#PUCV

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