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-Uno de tus protagonistas de El Club, Alfredo Castro, dice que la película es una mirada a la contingencia política de Chile, ¿es así?
-Hace unos cinco años estaba viendo tele y veo a un cura, Cox que esta viviendo en Alemania en una casa maravillosa, como sacada de un comercial de chocolate suizo y pienso: ‘Este concha de su madre. Cómo está viviendo así. Qué pasa’. Y empiezo a investigar y averiguar lo que pasa con estos curas. Y no me refiero a los curas famosos, con los que todos se dan la fiesta, porque esos también son acusados por gente como Hamilton o Murillo que son de la elite, que tienen poder. La pregunta es qué pasa con la mamá pobre, de campo, que el párroco abusa de sus hijos y antes que eso explote, la Iglesia saca a ese cura de circulación. Los curas famosos, como Karadima, Joannon, O’Reilly, se transforman en un problema mediático para la Iglesia, que le tiene más miedo a la prensa que al infierno, no es un problema espiritual sino comunicacional. Esta no es una película sobre los curas importantes.

-Pero todos los curas de la película tienen las temáticas de los famosos: uno es homosexual, otro estuvo involucrado en adopciones irregulares…
-Usamos material de la contingencia, pero el lugar político de esos sacerdotes, no es el de la elite. Por eso es tan increíble lo de Errázuriz. Por primera vez la sociedad se rebela contra la Iglesia y los apunta con el dedo. Errázuriz tuvo mala suerte, él hizo lo que se venía haciendo desde siempre, encubrir sistemáticamente, pero la gente perdió el miedo. Es sorprendente que aparezca este señor bonachón, hablando suavecito, diciendo que la Iglesia siempre ha cooperado con los tribunales de justicia y yo le pregunto al señor Errázuriz, dónde están los curas perdidos.

-¿Te interesan los curas?
-Me interesa el abandono de esos curas en esa casa. Hay una casa en la playa, donde habitan estos cinco curas y una monja, y eso es inquietante para mí, qué pasa en la noche cuando están juntos. Es un pequeño basurero que tiene la Iglesia donde toman a los curas que tienen problemas y los trasladan antes que sea un escándalo mediático. Es una casa sin llaves, pero nadie sale de ahí. Es un lugar de purga en vida.

-¿Estuviste con algún cura que haya vivido en una casa de esas?
-Con uno.

-¿Y cómo ese cura habla de sí mismo?
-Consideran que las circunstancias en las que estuvo les permitieron vivir esa “experiencia”. Usaba “experiencia”, en vez de abuso o cualquier otra.

-El cura que vivía en una de esas casas, con el que estuviste, era un abusador…
-No supe.

-¿Cómo?
– Nadie te dice cómo ni por qué llegaron ni por cuánto tiempo van a estar ahí. Hay una estructura que tiene que ver con el silencio. Lo primero que se hace es eliminar el delito, o el pecado, ese acto es innombrable. No se habla.

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-En febrero, en el avión de regreso del festival de Berlín, subiste una foto a Instagram del Cardenal Errázuriz con el Oso de Plata que ganaron por la película El Club.
-Cuando le tomamos la foto, la pregunta moral era: ‘¿Sabía o no sabía Monseñor qué es lo que tenía en la mano y lo que estábamos haciendo cuando le tomamos la foto?’ Esa pregunta es sospechar de la inteligencia del sacerdote. Es verlo como un abuelito extraviado en un avión, que fue manipulado, y eso es no entender quién es Errázuriz. Él sabe perfectamente lo que está haciendo. Errázuriz está sentado, con un asistente, en business, donde un viaje a Europa cuesta 5 o 6 millones de pesos, o sea se gastaron 12 millones de pesos en dos pasajes. Este señor, que pregona la humildad y la bondad está sentado en primera clase. Y al verlo en el avión me viene un acto de resistencia. Es como cuando uno ve a un milico de los malos en la calle, hay una necesidad de decirle algo. Es tanta la impunidad que representa su figura, tanto el cinismo, que vas y le pasas el premio y le haces una canallada a un canalla. Pero si volviera atrás no subiría la foto.

-¿Por qué?
-Porque no soy denunciante, no soy periodista, no hago funas.

-¿Pero tú le explicaste de qué se trataba el Oso de Plata, El Club?
-Fíjate en la foto, tiene El Mercurio en las rodillas, y ese día, en ese diario había una carta de la ministra de Cultura explicando la experiencia en Berlín. Sabían perfectamente lo que estaba pasando. Además su asistente se lo explicó. Cuando subimos la foto a Instagram, provoca una discusión en las cartas de El Mercurio. La elite conversa en El Mercurio, y todo el resto del mundo, en las redes sociales y aparece gente a defender a Errázuriz: el cura Allende, que es bien inteligente, asegura que esto es una canallada, Ignacio Walker, el presidente de la Democracia Cristiana, alega que yo le había hecho una trampa al cura y que no queríamos más trampas en Chile. ¡Imagínate! ¡El presidente de la Democracia Cristiana diciendo eso! Pero bueno, Walker no es muy conocido ni por su sofisticación ni por su inteligencia, así es que no es tan grave. Yo no soy católico, pero les tengo respeto, y no puedo evitar preguntarles cuál es el estándar moral que le pides a esa persona que estas protegiendo. Ellos no creen en la justicia civil. Y Errázuriz me trató de ignorante por decir eso y fue muy lindo, porque terminó hablando de El Club en un diario. Dijo que la Iglesia siempre ha apoyado a los tribunales de justicia. Por favor, ¡cómo miente de esa manera tan abiertamente!

-¿Le tienes resentimiento a la Iglesia?
-Le tengo rabia. Me da rabia porque es una estructura de impunidad muy parecida a la de la dictadura. Que es cómo se organizan ciertos delitos para que prescriban y cómo se tapan otros.

-Quieres poner a los curas en evidencia.
-No. Yo no soy periodista, no quiero acusar a nadie. No quiero hacerle tampoco daño a nadie. Creo que hay materiales humanos maravillosos y no trabajar con ellos es un absurdo. Lo discutimos con Calderón y Villalobos, los guionistas de la película, que aquí hay una idea de encierro que produce material muy interesante, punzante, peligroso y que permite analizar y mirar no solo la Iglesia sino que Chile. En esa casa está todo Chile.

-Esa casa es como una bomba que está a punto de explotar, bueno la verdad es que algo sucede…
-¡Pero al final no pasa nada¡ Nadie se va preso. La víctima siempre es víctima, el victimario siempre se queda en su casa y todo queda bien. Todo niveladito. Así es Chile, es como una taza de leche.

-Pero Karadima, O’Reilly, Joannon, ¿no son casos relevantes como símbolos para ejemplificar la caída de la elite?
-Finalmente no pasa nada. Karadima está en el Parque Bustamante en un convento, viviendo tranquilamente, siendo visitado por sus amigos y con la familia Matte que le financia los abogados.

– Carlos Eugenio Lavín y el Choclo Délano fueron presos.
-Pero no va a pasar nada.

-¿Qué es que ‘no pasa nada’?
-Revisa la historia de Chile reciente. Pinochet murió libre y millonario. No es una metáfora. Hay algunos milicos presos, pero cuántos debieron estar presos. En Argentina metieron preso a Videla.

-¿No crees que estamos en un momento distinto de la historia de Chile?
-No, yo creo que no. Casos como Caval y Soquimich, donde están todos metidos, remece algo, algunos van presos, pero luego se vuelve a un sistema donde todo se hace de la misma manera, donde los dueños de Chile son los mismos y donde la clase media y la baja es la misma. El sistema no se discute. Cómo se va a discutir, si todos son parte de lo mismo. Hay un gran acuerdo del que no se habla y en los diarios los columnistas explican cómo debieran ser las cosas y aparecen como los grandes héroes de la ética, pero en la práctica, todo vuelve a la normalidad. Es como un gran lago. Esto es plano.

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-El cambio en la Constitución, ¿tampoco es un cambio muy importante?
-Yo creo que sería muy importante, pero no sé. No se trata de tener un pesimismo, pero sí de entender que hay un acuerdo tácito. Hay gente más extrema, pero el discurso de la igualdad y la pobreza lo tienen todos. Se cambió el binominal, que es algo bastante sano, pero hay un statu quo inapelable.

-No crees en las reformas…
-Ayudan, pero es tibio. No creo que la Constitución se cambie radicalmente.

-No crees en la caída de la elite.
– No. No creo en la caída de la elite. Esto no cambia ni cagando. Esto es una roca. No creo que lo podamos mover para ningún lado. Entonces ahí es cuando tiene algún sentido hacer un cine político, porque entre la película de Karadima de Matías Lira y El Club, vamos a sacar a los curas al pizarrón de una manera que nadie lo ha hecho. Y no es el objetivo, porque fue una convergencia que las dos películas estuvieran juntas, pero pasa que se genera una conciencia.

-Dices que películas como El Club y Karadima crean una conciencia, pero por otro lado ese ánimo se queda sin posibilidad de cambio. ¿Como explota eso?
– Es algo que madura muy lentamente, que va penetrando y permeando de a poco. Los cambios que produce una actividad artística son a largo plazo.

-Crees en la política, pero no en los políticos.
-Me gusta más Cristo que los cristianos. Los ideales los comparto, pero la mecánica humana a ratos es terrible.

-En esa casa, ningún personaje de salva. Son todos bien miserables.
-No estoy de acuerdo. La víctima, que es Farías, es un personaje que me produce empatía. Es un personaje bonito.

-Es verdad, pero no puede salvar a nadie porque es tal su nivel de daño, que es irreparable. Es una metáfora desesperanzadora de Chile.
-Puede ser. No creo que hay esperanza ni mirar con optimismo nada si es que no somos capaces de ver los trapos sucios. La lógica de meter la mierda bajo la alfombra es lo que tiene esto de esta forma. Lo que uno hace un poco es levantar la alfombra. Pero tampoco es que uno sea un héroe. ¡Las hueas! Quiero instalar algo que me conmueva y que conmueva a alguien más también.

-En qué crees en términos de lo político. Hacia dónde tiene que ir esto.
-La manera que un sistema sea democrático de verdad es con equidad económica, social y moral, que es la que creo que es muy difícil que exista. Y en la medida que exista esa equidad yo creo posible que mi voto valga lo mismo que el tuyo. Eso es algo que podría parecerse a lo que uno cree. Aquí hay una pregunta y es cómo nos educamos.

-La reforma educacional es la clave en este proceso.
-Sí. Sin educación no hay nada. La confusión parece que el acceso es sólo a plata, a un auto, a tener un hijo en un mejor colegio, a una mejor casa, a una tele más grande, pero el acceso real, el que soluciona el problema, es una educación buena, de calidad. Es el único camino. Les puedes subir los impuestos a los ricos, pero igual va haber ocho familias que son los dueños de todo esto. ¡Si esto está vendido! Tendríamos que traer a la Cristina Fernández y hacer un modelo distinto donde alguien entre a expropiar y cambiar el sistema, esa es otra discusión. Pero si hasta el Partico Comunista apoyó a Michelle Bachelet.

-¿El gobierno de Bachelet es un gobierno fallido?
-Veo a la Presidenta inmovilizada por lo de Caval. Es demasiado fuerte que su hijo se haya transformado en el ícono de lo que ella no quiere que suceda en Chile, entonces eso debe ser muy paralizante. Yo voté por ella y la apoyé, pero es muy temprano para decir algo aún.

-Muy brutal lo que pasó con Dávalos.
-Sí. Lo encuentro súper violento, porque lo encuentro a él además muy agresivo. No lo conozco, pero lo que dice, cómo se comporta. Es un tipo que tiene mucha rabia. Está picado Dávalos. Así funciona Chile, información privilegiada donde alguien compra barato y vende caro, haces la pasá y metes el gato en la jaula y ya. Y esa lógica de la pasada tiene a la elite todavía más lejos del mundo.

-¿Te sientes parte de esa elite?
-Soy un privilegiado, pero no hago usufructo de eso. Me fui de mi casa a los 22 años y no le pedí un peso más a nadie y he organizado mi trabajo independiente con mi hermano. Por supuesto que soy privilegiado por la educación que tuve. Hablo bien inglés y circulo por el mundo. Pero en la práctica trabajo en Ñuñoa, mis hijos van al colegio en Ñuñoa. No creo que haya hecho usufructo.

-Más que usufructuar, tienes algo que otros no van a tener jamás.
-Sí. No puedo borrar mi apellido y mi carnet de identidad. No hay nada que hacer. Y es la paradoja, por eso también me gusta trabajar afuera. Afuera un señor que es Larraín Matte no existe. Eres tú, con tu película y tus ideas y nada más.

-Te das cuenta que lo que tu papá, Hernán Larraín, actual presidente de la UDI, está intentando hacer todo lo que criticas, que es seguir manteniendo ese statu quo.
-(se encoge de hombros) Qué quieres que te diga. Son bien conocidas mis diferencias con él.

-Lo sé, pero me refiero al momento político actual. Es un momento distinto.
-Es que son diferencias irreconciliables, eternas. No tengo otra manera de relacionarme con él más que desde el cariño que le tengo y el que me tiene él a mí. Ahí funcionamos bien.

-En lo otro no.
-No.

-No entras.
-No. Me irrito, básicamente. Me produce irritación, pero lo respeto y lo quiero. Pero son diferencias muy profundas y no hay nada que hacer.

-¿Crees que hay una manera de recuperar la confianza?
-No sé. Es una pregunta muy difícil esa. Yo soy muy desconfiado. Cuesta tener una tesis sobre la confianza cuando uno mira y lo único que ve son señales que producen desconfianza. Hay mucha gente mintiendo en los diarios. Yo compro los diarios solo los domingos y es cosa de leer a mucha gente que es increíble. Lo encuentro la zorra, la cantidad de gente que está mintiendo en todos lados. Y es súper evidente.