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El ex candidato presidencial, Marco Enríquez-Ominami emitió hoy una columna de opinión en el diario El Mercurio, en la que enfatiza en el “difícil desafío” que ha debido enfrentar la Presidenta Michelle Bachelet en cuanto a que “la gente no cree que ella ha dicho toda la verdad” en el caso Caval. Por otra parte sostiene que la monarquía presidencial electiva representa un “obstáculo” para enfrentar y derrotar la crisis de crecimiento y desarrollo por la que pasa el país.

En cuanto al bullado caso Caval, que reveló el negocio de la compraventa de los terrenos en Machalí por la pyme de la nuera de Bachelet, Natalia Compagnon, y la reunión que ella y el hijo de la Mandataria, Sebastián Dávalos sostuvieron con el dueño y vicepresidente del Banco de Chile, Andrónico Luksic, por el préstamo por 6.500 palos, MEO explica que “ha tenido un enorme impacto nacional al tocar directo al corazón de la monarquía electiva”.

“De los últimos escándalos que han conmovido a la opinión pública -Penta, SQM y Caval-, el último ha tenido un enorme impacto nacional al tocar directo al corazón de la monarquía electiva, minando la confianza que la ciudadanía había depositado en Bachelet, quien, a pesar de ser una persona honesta, ha debido enfrentar el difícil desafío de saber que la gente no cree que ella ha dicho toda la verdad sobre cuánto sabía”, reflexiona.

Siguiendo esa línea y apuntando a los problemas de confianza y credibilidad que se han expresado en el último tiempo, MEO señala que “los progresistas hemos sostenido que la monarquía presidencial electiva es un obstáculo para superar nuestra crisis de crecimiento y desarrollo. Los regímenes hiperpresidencialistas, como el nuestro, han sido incapaces de solucionar las crisis de representación, confianza y credibilidad”.

El ex presidente del PRO explica sin embargo que el cambio de gabinete efectuado el lunes pasado por Bachelet “constituye un alivio pasajero o una buena forma de ganar tiempo ante una crisis de representación y credibilidad cuya salida aún no se visualiza”.

En otro punto de su columna recuerda que tanto Piñera como Bachelet iniciaron sus gestiones al mando de Chile con una aprobación que bordeaba el 50%, sin embargo, con el pasar del tiempo bajaron a menos del 30%. En este sentido, señala, ambos presidentes enfrentaron problemas “distintos”, pero “su descenso en aprobación ha sido similar. Esto refleja un problema sistémico, no una cuestión coyuntural”.

“El desafío de la legitimidad adquiere mayor dramatismo dado que nos rige una Constitución ilegítima en su origen, con mecanismos antimayoritarios que la hacen demasiado rígida”, dice MEO, advirtiendo que “si nuestra Constitución fuera un avión con un piloto en crisis, no habría forma de salvar a los pasajeros por la rigidez del sistema”.

Construir nueva Constitución

En otros pasajes del escrito de Marco Enríquez Ominami destaca y recuerda que “las tres constituciones que hemos tenido en Chile -1833, 1925 y 1980- han excluido a la gente de la definición de sus propias reglas de convivencia”, pero aclara que “ahora que estamos en el mejor momento de nuestro desarrollo, enfrentando desafíos complejos (pero también adentrándonos a un nivel de desarrollo sin precedentes en nuestro país) podemos construir una Constitución cuyas reglas y lineamientos sean definidos por la propia gente, con su sabiduría, moderación, pero también con deseos de vivir en un país justo y de iguales oportunidades para emprender y vivir mejor”.

MEO manifiesta sentirse “convencido” de que un “cambio de régimen desde la monarquía presidencial a un sistema semipresidencial” significa un “paso fundamental” para ingresar con confianza al “selecto club de las naciones desarrolladas, donde el sistema capitalista es la base para una sociedad con menos desigualdad y con oportunidades para todos”.

“Los chilenos no hemos tenido nunca la oportunidad de redactar nuestra propia Constitución. Este es el momento propicio para hacerlo. El que la ciudadanía discuta las normas que han de regirla, en vez de dificultar la seguridad jurídica o amenazar la propiedad privada, se convertirá en el mejor seguro y una garantía incuestionable para atraer capital de inversión y para desatar esa energía creadora de riqueza que ofrece el mercado, transparente y regulado, y que nuestro país necesita para dar ese salto que nos separa de los países desarrollados, donde las oportunidades se distribuyen equitativamente y donde conviven personas que piensan distinto, pero que comparten principios y valores democráticos de respeto a la propiedad privada y justicia social”, sentencia MEO en su escrito.