santiago de noche

Un joven escritor se pregunta por la inexistencia de rock and roll

Los tentativas democráticas engendraron
seres monstruosos e hiperlaxos
que parecen haber alcanzado el nirvana
luego de un curso rápido de meditación
o, quizás, los privilegios ablandaron demasiado
a los hijos de exiliados en Europa, no lo sé;
demasiada colección de vinilos
y conchitas de playa. Quizás la dieta.

Confundir la poesía con cables y circuitos
les caía como anillo al dedo
a los que se negaban al contenido y al pathos
del grunge o la poesía o el sexo explícitos
en los humillantes años noventa.

Si el tiempo fue brutal con la música electrónica
hoy se mudan al folk o a algún experimento
del sudeste asiático: dieta incluida, otra vez.
Parecen lobos marinos que toman el sol
en Valdivia o Bahía Inglesa, galla.

No lo sé a ciencia cierta: el peso
de su trasero, tal vez.
La falta de depredadores.
El más descarado aburguesamiento.

Piedra de origen volcánico

Tersura del amor cuando se acaba
como de piedra pómez en la herida,
piedra en forma de cerebro
jibarizado, seco. Y leve, por no portar
idea o emoción alguna. Hueco
y perforado con canales interiores
por donde circula libre y juguetona
la muerte con una cola de caballo
que salta al viento.

Una cosa liviana y terrorífica
que flota como boñiga en altamar:
la ilusión y burla de una boya
para el nadador cuya esperanza
es una muerte rápida.

Una piedra volcánica que recuerda
la destrucción y el éxodo del pobrerío
que huye desesperado hacia los cerros
en llanto expresionista por sus casas
y el espectáculo de los humores del volcán
como la caligrafía de un dios inspirado.
Las imágenes más bellas
de la natura iracunda: lava
y el fuego que todo purifica:

ese es el origen de esta piedra pómez
con la textura del amor cuando se acaba,
una piedra para las durezas
del corazón cuando el amor
anda por las patas.

Este colegio era antes un cine

oye, este colegio era antes un cine
pero está prohibido recordarlo
so pena de castigos y sanciones.

Este colegio era antes un cine
y en este territorio tenían sentido
la ficción la metáfora la imagen.

Alguien una vez tuvo la mala idea
de preguntar por el origen del edificio,
y fue expulsado en el acto del colegio.

Sin embargo a veces las chicas
se fugan de clases a fumar escondidas
a los rincones de socialización fundamental

y una a otra se enseñan evidencias:
la huella de los proyectores en la sala
o las cenefas que enmarcaban el ecrán.

El ecrán mostraba los documentos,
el mundo más allá del recinto,
el besuqueo, la belleza y las lágrimas.

El lugar del ecrán ha sido convertido
en el escenario de un gimnasio marcial
en donde se pronuncian discursos.

Ahí, un hermoso niño engominado
lee las efemérides de batallas, conquistas
y hasta de industriales y empresarios.

Nadie le explicó el motivo del homenaje
a estos personajes que reemplazaron
a las heroínas y aventureros de la pantalla

o a los documentales que mostraban
los modos de vida fuera del recinto,
los partos y el sexo en otras tribus.

Una vez se vio un rayado en el baño
que decía: “los del circo ni siquiera
tuvieron la oportunidad de los del cine”

(los del circo sostenían que a los pobres
indefectiblemente se los cargan
—se los cagan— primero,
que los del cine tuvieron menos bajas
—que tuvieron raja—)

Está prohibido recordarlo.
Por algún motivo es un tabú
pero esto era antes un cine.

Una de las chicas le dice a la otra:
fíjate en la marca de las butacas en el piso
en donde antes se besaban las parejas.

Ahora es un gimnasio oscuro
en donde se realiza una coreografía marcial.
Y dentro de las aulas, el silencio y los dictados.

Pero este edificio era antes un cine.

El tsunami
para Javi Dey

Entonces andaba dios con déficit atencional
o rabia. Una de tres. El asunto es que el pato
lo pagan los de siempre. Ahí tienes
tu arte moderno: una cascada de muñequitas
sin brazos, fotos de décadas pasadas
y tubos anticuados para rizar el pelo.
A unos turistas les dio risa el aviso de tsunami:
un hombrecito que huye despavorido
de la ola esquemática. Ríete nomás bolú,
a ver si así te toca a ti una cumbia terrestre

o un tsunami que tapice la ciudad de algas marinas
como cintas de cassettes antiguos o vhs de traci lords
sobre los postes, las aceras y edificios
en una mega performance.

Otro argentino me dijo que cuando niño
le contaban que el mar iba a subir
hasta la cima de las montañas
y que los chilenos huirían en éxodo
hacia el lado argentino. Entonces
saltarían como langostas
invadiendo Buenos Aires, algo así
como esos ladrones de joyas tipo ninjas
de las películas de acción
o los lavadores de ventanas de los rascacielos.
Sonaba bien el cuento, mezcla perfecta
de Aira con Zurita, o sea: de agua con aceite.

Empiezo a hablar de montañas
y termino hablando de mujeres
que, claro está, son montañas esculpidas.
Empiezo hablando de montañas
y termino hablando de rodillas exangües:
nos levantamos del zafu como ancianos
y como ancianos caminamos luego
de bajar los senderos infinitos. En el fondo
buscamos sentirnos como ancianos
porque la juventud nos repugna.

Las rodillas son los talones
de Aquiles:
yo por ejemplo, quiero unas nuevas.
y quiero hablar de montañas,
no de rodillas maltrechas
que ni para rezar sirven.