Marcha Orgullo Gay 6 EFE

Empiezan las primeras pedidas de hora para el AUC -Acuerdo de Vida en Común- y la vida virtual -la vida de mi muro en Facebook- se divide en dos. Las (y los) colas contentos y las (y los) colas enojadas.

Me detengo un poco. Con una amiga, la Nicole, siempre hablamos de los problemas estéticos del lenguaje inclusivo. No nos gusta el todxs, ni el todes; y el uso de las-los es demasiado agotador y no incluye género neutro. La Nicole, entonces, dijo: usemos la i en vez de la e o la x. La i es una vocal tierna. Lo de la ternura fue un argumento aplastante. Así que, desde acá en adelante, todo será colis, todis, etcéteris.

Sigo: empiezan las primeras pedidas de hora para el AUC y la vida de mi muro en Facebook se divide en colis contentis y colis enojadis. El enojo se manifiesta -invariablemente- en el siguiente argumento:

Vale callampa replicar la heteronorma del matrimonio. Contentis y enojadis arman una batalla. Se acusan de naif o de amargados.

Yo me sitúo en ningún lugar. Le encuentro un poco la razón a todis. Hay un concepto canuto para designar eso: tibieza. Se aplica a cosas de Dios, claro -los tibios son los que no creen tanto pero tampoco creen nada de nada- pero yo me siento una tibia secular. Tal vez esta columna sea para intentar salir de mi tibieza. Reviso.

La queja de la heteronorma apunta, al menos, hacia tres lugares.

1. La institución del matrimonio como algo vinculado a una serie de beneficios y deberes económicos, de impuestos, de salud, etcétera y, por ende, conservador.
2. El hecho de que exista el AUC no se traduce necesariamente en que se sufra menos discriminación.
3. La demanda del AUC es burguesa en tanto que prioriza una petición de un sector gay “higienizado” e invisibiliza cosas que pueden ser más urgentes: vulnerabilidad, prevención del SIDA y ley de aborto; entre otros.
Voy punto por punto.

Lo primero. Una vez le escuché a Emma de Ramón -historiadora y parte del directorio de Iguales- decir que había escuchado a varios gays opinar que los colas que quieren que los entierren junto a la persona que amaron en vida, son heteronormados. Cuando pienso en este tema me acuerdo de eso. A ratos siento que hay una policía de la heteronorma juzgando a todos los que quieran casarse, firmar el acuerdo de unión en común, adoptar hijos, celebrar que se apruebe el matrimonio gay en Estados Unidos, etc, etc. Yo no estoy de ese lado. Si alguien quiere adoptar o casarse por la razón que sea, no creo que tenga que evaluar su nivel de conservadurismo por eso. Si alguien quiere casarse para que su pareja tenga una visa, o firmar un AUC para hacerse la vida más fácil, está bien. No veo por qué tenga que ser solo un derecho de heterosexuales y, si algo hace conservador al modelo familiar actual, es la noción de que familia es papá + mamá+ hijo Si esto ayuda a descentrar ese modelo, me pone contenta.

Lo segundo: el hecho de que exista el AUC no se traduce necesariamente en que se sufra menos discriminación, es algo cierto. Ya sabemos. El matrimonio interracial se legalizó en 1967 en Estados Unidos (sí, los humanos somos como el hoyo) y eso no ha terminado con la discriminación. Pero hay un punto, acá: si ni siquiera el Estado te protege, la violencia simbólica -y a veces no tan simbólica- que ejercen las mayorías sobre las minorías se hace más radical. Esto es un avance. Charcha, pero un avance. No quiero sonar a concertacionista/tibia con esta frase tan al estilo de “En la medida de lo posible”. Sólo aspiro a un pragmatismo, tal vez despreciable, porque en estricto rigor ni siquiera pienso que deban existir las definiciones. No creo en las categorías gay, lesbiana, bisexual, etcsexual; como compartimentos inamovibles y eternos. No creo en la necesidad de enmarcarse en ellos. Pero en un país en el que hay tanto derecho sin conquistar, me parece que no queda otra que asumir un lugar para empezar una discusión. Es como el hoyo. La cancha está rayada con criterios que a mí no me acomodan pero si quiero jugar, tengo que aceptar las reglas. Y una vez que gane el partido, discutir reglas nuevas.

Lo tercero. La demanda del AUC es burguesa en tanto que prioriza una petición de un sector gay “higienizado” e invisibiliza cosas que pueden ser más urgentes: vulnerabilidad, prevención del SIDA y ley de aborto; entre otros. Esto me lo dijo un amigo, el Ana Bolena, periodista de la Chile y mi policía-heteronorma favorito. Estoy y no estoy con él. Siento -siguiendo el punto 1- que el beneficio de contraer AUC (o como sea que se diga) es más transversal que el de un sector privilegiado. Pero también es terriblemente cierto que los sectores que mueven esas demandas -MOVILH e Iguales- muchas veces opacan a las otras. Cito al Ana Bolena: “Para las colas burguesas luchar por ellas significa legitimar un imaginario del mundo cola del cual se han querido desenmarcar”. Ser LGBT no implica que te quieres casar y adoptar hijos, y hacer una familia. Quieres los mismos derechos, sí. Pero no quieres ser igual en el sentido de que todo sea homogeneidad. Ser LGBT debería significar aceptar la diferencia. Es raro lo que pasa con nosotros, las minorías. A ratos se nos exige (y nos exigimos) pensar uniformemente porque tenemos que estar juntos para todas las luchas. Pero los sujetos que conformamos esas minorías podemos disentir -debemos disentir entre nosotros- para que ni una demanda establezca un monopolio, para que todas las demandas coexistan, para que el aborto sea tan parte de nuestra pelea cotidiana como ahora lo es el derecho a formar familia. Y en eso, tengo que reconocerlo, sí que me siento policía de la heteronorma.

Posdata: Era la zorra cuando el AUC se llamaba PUC.