Mineros de Curanilahue a la superficie A1

Aún no llegaba el último de los 72 mineros de la huelga subterránea de la mina Santa Ana a la superficie cuando sus compañeros, los primeros en arribar hasta el sector donde usualmente llegaba su carbón, comenzaron a entonar el más sentido y coreado himno nacional interpretado en Curanilahue quizás en cuántos siglos.

Eran pasadas las 23 horas del martes cuando la drástica medida de presión tomada por más de 70 trabajadores del carbón tras ser abandonados a su suerte por él o los dueños -no se sabe bien aún- de ese yacimiento, se terminaba con un triunfo moral cargado de emociones.

Una imagen que parecía sacada de un cuento de Baldomero Lillo, pero con antagonistas públicos y una alerta comunicacional que incluso traspasó las fronteras, en medio del barro y la lluvia intensa de un 25 de agosto en la provincia de Arauco, en la Región del Biobío.

Carlos Toloza, minero con 25 años de experiencia en faenas del carbón -de 1,80 metros, delgado, barba mitad blanca- se tocaba el casco rojo empolvado y se quebraba al hablar de lo complejo que fue para todos llevar hasta las últimas consecuencias el exigir el pago de su trabajo.

Atrás quedaban 14 días durmiendo entre los rieles, el carbón y los ratones que conviven en una mina de ese mineral. “Dejo en manos de Dios lo que tenga que hacer con el señor Danús, yo no lo voy a juzgar. Pero él nos dio la espalda en el peor momento de todos”, dijo apuntando a uno de los principales dueños, o exdueño de la mina, apenas unos segundos después de varios “Viva Chile”.

Fin al paro: a la superficie

Luego de varios días de paro subterráneo y de que en los últimos dos decidieran no recibir más comida ni agua hasta tener una respuesta satisfactoria, la negociación dio frutos 24 horas después de un ultimátum. Tuvieron que bajar pasadas las 19 horas cinco de los mineros en superficie hasta el bloqueo orquestado por sus compañeros para convencerlos de subir y comenzar a terminar con la protesta carbonífera.

Un set de ayuda humanitaria, con autoridades desde el mismo gobierno hasta representantes de la iglesia católica como garantía, fue lo que destrabó un conflicto que comenzaba a ponerse color hormiga en apenas su primera fase.

En medio de la lluvia -a ratos torrencial, a ratos imperceptible- de Curanilahue, la mina a carbón pasó de recibir el desconocimiento de los otrora dueños del yacimiento; a kilos y kilos de ayuda en alimentos no perecibles de manos de ex mineros de Coronel y Lota; la disposición de marchar o instalarse en el pique de las mujeres de los protestantes; y un papel de buenos oficios que daba un respiro a los manifestantes underground, al menos hasta que solucionen los juicios laborales contra los responsables.

Desde la ciudad de Curanilahue, que vivió dos semanas de atención inusitada con el conflicto minero en marcha, salió la propuesta del Gobierno que abrió la llave. Demoró casi cuatro horas más de la hora tope, pero nada importó. Y si bien no era a lo que aspiraban desde un principio, el conjunto de ideas fue aceptado con gusto por las decenas de trabajadores que habían dejado de picar y extraer el mineral cuando el aprovechamiento empresarial era demasiado.

“Algunos viejos no tenían ni para llevar la colación los últimos días. Nos dimos cuenta que se las arreglaban en turnos completos con un poco de agua. Así nadie puede vivir, menos trabajar sin recibir nada a cambio. Por eso la movilización es así de extrema, porque se ha jugado con lo que podríamos decir es nuestra retribución más que legítima”, decía Luis Chandía, presidente del sindicato de estos mineros, durante la mañana, cuando un grupo de mujeres estudiaba marchar o internarse junto a sus maridos si es que sus demandas no eran oídas.

La última propuesta del Ejecutivo, que fue aceptada por los trabajadores, incluye el pago inmediato de uno de los sueldos adeudados, más una canasta familiar de $80 mil por cada trabajador. También incorpora cursos de capacitación en la Universidad del Bío Bío, que serán pagadas con un monto similar al salario promedio ($400.000 aproximado) por el periodo de un año, y una asesoría legal por parte de la propia Seremi de Minería para que los mineros continúen explotando lo que queda del yacimiento.

Para el final, prácticamente 25 horas después de entregar su petitorio, Chandía, el presidente del sindicato, hizo una lectura rápida del acuerdo, no sin antes preguntar una última duda antes de firmar el acuerdo. Luego vino la foto de rigor con autoridades en el hall del Hospital Provincial de Curanilahue y el cierre del conflicto.

Atrás el frío, la humedad, la oscuridad y el dormir en medio ratas para resistir bajo 450 metros de profundidad mientras se le pagara o se comprometiera a pagar, aún sin un dueño que diera la cara. “Nos vamos a la casa, finalmente”, dijeron los mineros que una vez más que tuvieron que llegar a una medida extrema para exigir la justa retribución de un trabajo tan digno como olvidado en las grietas de una veta de carbón, en los cerros del sector La Chulita, en Curanilahue, provincia de Arauco.