refu

La foto del pequeño sirio Aylan Kurdi, muerto a orilla de la playa en Bodrun, Turquía, viralizada esta semana, es quizá la cara más cruenta de la realidad de miles de refugiados que a diario intentan dejar atrás historias de desamparo, de hambre, de miseria en medio de una guerra que no les pertenece y que por momentos es olvidada en el extremo del mundo.

El sitio actualidad.rt.com, recoge en una publicación, video incluido (ver acá), el drama de todos esos seres humanos que llegan a raudales a las costas de Europa en busca de una posibilidad, ya no de mejorar un estilo de vida, sino que de sobrevivir.

En la nueva emisión de ‘RT Reporta’, con Elena Milincic, se aprecia cómo se recibe a los refugiados, qué les tocó vivir y qué futuro les espera a ellos y a los países de acogida.

La publicación apunta a que los habitantes de Turquía, Grecia, Macedonia y Serbia ya están acostumbrados a ver a todas esas personas en sus parques, calles y estaciones de trenes.

“Es difícil dormir con la consciencia tranquila en una cama cómoda sabiendo que allí, a unos 100 metros, hay gente que pernocta en el asfalto. Hay centros de acogida, pero son pocos. Y ahora llegan 2.000 personas a Serbia diariamente. El verdadero problema surgirá cuando empiecen los fríos”, afirma la escritora Gordana Cirjanic.

Los inmigrantes, no crean problemas, afirma el artículo, sino que muchas veces ellos son los afectados con engaños y hurtos.

“El taxista nos dijo que nos podía llevar a Viena, Austria. Pero tras una hora de viaje paró el coche. Unos tipos nos atacaron y nos robaron el dinero, la ropa, mochilas. Todo lo que teníamos. Solo sabemos su nombre. Se lo dijimos a la Policía, pero no han hecho nada”, relata Ahmed, proveniente de Siria.

Un joven de 22 años, que no quiso desvelar su nombre ni su país de origen, tuvo que huir debido a que, al ser ateo en un país musulmán, era víctima de amenazas constantes. “Si tienes un sueño puedes cruzar países a pie (…). Llegué a la isla griega de Samos desde Turquía y luego la Policía me llevó a Atenas. Éramos 50 personas en un barco muy pequeño en una ruta muy peligrosa. No puedo describirlo: el mar, la noche el miedo y tiburones nadando alrededor. No puedo creer que esté vivo. No me importaba morirme en el mar. Porque en mi país me iba a morir seguro”, cuenta un joven de 22 que pide mantener en reserva su identidad.

Para el experto Juan Luis González Pérez, “ese flujo migratorio se debe entre otras razones a las guerras en las que Europa está participando como cómplice de EE.UU. y de Israel en Oriente Medio y a los nuevos intentos de colonización de África”.