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¿A qué se ha dedicado últimamente, Alfredo?
A conocer el pulso de la ciudadanía. A conversar en la calle. Los cambios tienen que construirse con consulta ciudadana. He estado en colegios, universidades, institutos, explicando qué significa este modelo de sustentabilidad para el país, que no pudimos entregar totalmente en la campaña presidencial. También he estado escribiendo.

¿Qué inquietudes de la gente recoge?
Hay bastante demanda por saber lo que es la sustentabilidad, la economía verde, discutir las reformas, el debate entre dinero y política. La gramática ecológica que se ha proyectado es muy difícil de entender. Hay que bajarla al tema del agua, del aire, la alimentación, los mares, los bosques nativos, hablar de una forma diferente de competitividad y bienestar. Hay dos temas de gran preocupación: primero, la salud, mucha gente se ha dado cuenta de que hay contaminación por metales, que el agua no es la misma, particularmente en el norte; y por otro lado, la alimentación, que da pie para hablar de la agricultura, las semillas transgénicas. Lo otro que les interesa mucho es participar, las limitaciones del sistema neoliberal…

¿Y cuál es el gran tema para la gente?
No veo esto en forma jerárquica, sino de toma de decisiones en todos los sectores. Pero hay demasiado cáncer, enfermedades que se repiten, y los servicios de salud no son buenos. Hay un reconocimiento de que muchas de estas enfermedades nacen del sistema económico, a través de los relaves de la minería, la destrucción de los ríos, la contaminación de los mares.

¿Cómo mejoramos la calidad del aire?
Tiene que haber una restricción a la llegada de automóviles al país, aunque haya quienes postulan que afecta más a la congestión que a la calidad del aire. En el sur el tema puede ser resuelto con secado de la leña, con aislamiento térmico de las casas, lograr cambios de precio en otras fórmulas de temperar ambientes. Esto tiene que ver con los incentivos de una industria de contaminar o no. Debería imponerse una huella ecológica, con disminución de impuestos a las empresas que disminuyan su huella. Hay que imponerle a los males más que a los bienes. La contaminación, según estudios, produce depresión.

Otro problema es la falta de tiempo de las personas. Hay un culto al trabajo…
Hay una tendencia mundial a trabajar más. Uno compra un auto, pero también el seguro, el taller… Estamos permanentemente en un ciclo de intensidad. Tendríamos que estudiar los incentivos económicos para el ocio. Tomar un bus ida y vuelta, dos horas, y trabajar ocho, es mucho tiempo. Antes íbamos al cine y pasaban “El mundo al instante”, que nos mostraba noticias de hace tres semanas atrás. Ahora, con tanta información, lo queremos todo altiro. En las áreas rurales la gente hace menos cosas al día, por eso muchas personas se han desplazado a provincia a buscar otro ritmo. El mundo moderno es ocuparse, y no se trata de desocuparse, sino de ocuparse en las cosas realmente importantes. En Estados Unidos tomé cursos de management of time y aprendí que hay que estar consciente del tiempo para no perderlo. Esto hay que enseñarlo.

¿Qué le metería de su cosecha a la Reforma Laboral?
Hubiera pensado en una reforma más amplia: la salud del trabajador; su vivienda; su pensión, su lugar de trabajo. No vamos a hacer otra reforma en un año más, hay que aprovechar estas oportunidades. Los trabajadores esperaban que se les consultara. Se definió un marco muy limitado. El contenido debería estar definido por los actores sociales afectados por la reforma, pero esos actores, en cada reforma, se ven desempoderados frente a la propia reforma, ya sea educacional, tributaria, laboral…

¿Cuáles son las urgencias para usted?
Lo primero es ser. Una persona equilibrada, consciente, que vive la vida en su plenitud. Esto no es esotérico ni, como dice mucha gente, “para los ricos que tienen tiempo”. En el campo hay tiempo para tomar mate y en Santiago no, pero sí para tomar trago. Lo segundo es que exista familia, con diálogo, con capacidad de transmitirse, de ayudarse y satisfacerse mutuamente. Esto no se logra a nivel micro. Tiene que haber patrones nacionales, es un tema de gramática social, comunicacional. Y lo tercero es vivir en plenitud. No sólo ser observado, sino también ser observador. Aunque vaya caminando rápido a una reunión, trato de mirar los árboles, la gente, la arquitectura… De estar consciente en tiempo presente, lo que los gringos llaman mindfullness. Vivir en la atención de los cinco sentidos. Ser una sociedad viva, que no la maten los hábitos, el trabajo, la alimentación. Es súper estructural, no es algo esotérico. Pero La consciencia colectiva está aumentando.

¿Qué le parece el holocausto que está sufriendo el paisaje en Santiago? Se botan casas patrimoniales y barrios completos para levantar edificios que impiden ver las montañas…
Pareciera ser que los edificios son un bien público más importante que el paisaje. Esto es para mí una daga. El paisaje tiene un valor no sólo para el turismo, sino un valor intrínseco, una fuente de salud, de tranquilidad, de reflexión. Un valor esencial es la interdependencia entre las personas y con todas las formas de vida, que es el gran desafío de la humanidad. Para mucha gente la naturaleza es una cosa, pero es algo vivo, hermano, que tiene una función, un dharma, un contrato. Hay que ser animalista más allá de los derechos de cada animal, entender su rol en la creación. Ahora con la hipoterapia los caballos están cumpliendo su gran función en la Tierra. Una roca o un árbol no son seres muertos. Si quieres ver a Dios, anda a un bosque nativo no tocado por la mano del hombre. Pero todo es un commoditie, una mercancía, es difícil entender lo que digo sin la experiencia de… Esto lo manifiesta hasta el sistema económico: si arriendo una casa en la costa, sobre la playa, tiene un valor mucho más elevado que una casa que queda un par de cuadras arriba. Algo tiene escuchar las olas del mar, ver la caída del sol por la ventana. Por eso la gente escapa a la naturaleza para restaurarse. Si vas al Cerro San Cristóbal el fin de semana, o al Manquehue, está lleno de ciclistas subiendo a pie o en bicicleta. Una ciudad de cemento produce cemento. Hay una relación con los materiales, vivir en una casa de zinc tiene oro impacto en tu psiquis y organismo que vivir en una casa de adobe. Y a mayor escala, en una ciudad pasa lo mismo. Apreciar el paisaje es un estado del ser.

Ecos de la eco

Usted era el candidato con más experiencia en economía, pero le decían “el ecologista”, “el hippie”. ¿Cómo puede replantear esa imagen?
La era de los economistas se está acabando, ahora comienza la era de la comunicación. Ustedes los periodistas tienen una responsabilidad en lo que comunican y cómo lo comunican. Tú puedes decir “hippie”, “esotérico”, pero eso tuvo mucho que ver con las comunicaciones. Me hicieron muy pocas entrevistas presidenciables, la mayoría llegaba con una tabla Excel: las isapres; la marihuana; el matrimonio gay; el aborto; las AFP. Eso no mide capacidad, es un cuestionario. Yo soy un economista ambiental y el tema de la naturaleza no es el monopolio de un partido o un ministerio, no es un brazo o un sector, es algo que le compete a todo el cuerpo. Todos tienen una posición frente al medioambiente, no sólo los ecologistas.

¿Por qué la economía mundial está en crisis? ¿No era que el libre mercado se regulaba solo?
El sistema de mercado lo regula la consciencia humana. No es consumo, son consumidores; no es producto, son productores; no es comercio, son comerciantes, y dada la concentración de riquezas en el mundo, sabemos que son muy pocos los que mueven los palillos, como las corporaciones multinacionales. Acá no hay libre mercado, se regula a través del poder adquisitivo y del poder de exclusión dentro de ese mercado. No existe la economía de la cooperación, de la solidaridad. Los objetivos que están encima de esta economía son nocivos desde el punto de partida, y en Chile hay mucha concentración de riqueza: el monopolio del agua; de la electricidad… ¡Entonces, de qué mercado estamos hablando! El sistema de valores que domina la economía es el del establishment, con el discurso de la productividad, con estadísticas del empleo y menoscabando la sustentabilidad, como si se limitara a la conservación de las arañitas y los grillos. Sólo en reestructurar las termoeléctricas, los relaves de la minería, habría un gran beneficio para la economía. Tenemos una actividad económica destructiva, por eso en la campaña hablé de “ecocompetitividad”. Si sabes que tu productividad y tus alimentos dañan el medioambiente y la salud de las personas, deberías detenerte. Es un tema de consciencia.

¿Alguna sugerencia para el Ministro de Hacienda, Rodrigo Valdés?
Que no tenga una política fiscal contractiva, lo que no quiere decir “irresponsable”. Muchas de las crisis mundiales se resuelven con políticas fiscales expansivas, con un control responsable. De lo contrario se va a gastar menos en lo social.

A lo hecho, pecho

¿Volvería a apoyar a Bachelet en una segunda vuelta presidencial?
Las decisiones se toman en un contexto, sobre la base de principios y de un diagnóstico. Lo que yo consideré en ese contexto, es que yo no soy la política, yo fui parte de la política. Pero hay mucha gente que se cree la política y no parte de la política. Estaba en una carrera electoral que terminaba en la segunda vuelta, pero saqué un porcentaje bajo y lamentablemente no salí. Dentro de las posibilidades de generar un avance en lo que yo creía, la mejor opción era la Presidenta Bachelet, pero yo no me puedo hacer responsable de la calidad de este gobierno, que se ha desrielado por la relación entre el dinero y la política, desde Caval. No me arrepiento y en la próxima elección voy a ir a votar a consciencia. Todo ciudadano debería pensar entre los candidatos que hay. Y si alguien me dice “eso es el mal menor”, puede que lo sea, pero uno no puede girar exclusivamente en su campo energético.

Obtuvo 2,35%. ¿Qué porcentaje esperaba?
Un siete u ocho por ciento. Pero estaba luchando contra muchos molinos de viento: la propaganda; los medios que tomaron posición; etcétera.

¿Qué le faltó a su campaña?
Proponía un camino por el que había que optar rápido, el candidato no era muy conocido, con otra forma de vestirse. Era propositiva, no en contra de todo, como ha habido tantas campañas. Hoy, en relación a antes de la campaña, el medioambiente es un tema fundamental, y no me lo atribuyo, pero la campaña ayudó.

En Vitacura salió tercero. Parece que la gente que tiene mayor calidad de vida entendió mejor su “gramática”. ¿Cómo hacer llegar su mensaje a sectores populares?
Mucha gente me decía, “lo que usted plantea es súper bonito, pero vuelva en 30 años más”. Yo creo que la gente que vive en Vitacura votó por mí porque está más conectada con los medios por los que, por recursos, hicimos la campaña, que no eran los masivos. Por otra parte, es gente que está más preparada, por ejemplo, por los medios que lee, para sensibilizar más con este tipo de mensaje. Lamentablemente el dinero manda: Otras candidaturas instalaban palomas y gigantografías desde el límite con Perú hasta el Polo Sur; hay radios que cobran uno o dos millones de pesos por una entrevista. Mucha gente no votó por mí porque pensó que estaba tirando el voto y prefirieron apostar a caballo ganador. Pero la campaña tuvo otros alcances: después vino una campaña en facebook, en la q más de 200 mil personas querían que fuera ministro de medioambiente. Los teatros y universidades se llenan cuando voy. En la Cámara de Construcción de Chillán había gente parada afuera, escuchando por las ventanas. El tema de la sustentabilidad es el principio organizador de una sociedad, y lo hacemos ahora o no lo hacemos nunca.

Si le faltó tiempo, ahora tendrá que decidirse rápido…
Yo no pienso que la única posibilidad sea ser candidato todo el tiempo, es maravilloso que me llamen de los colegios, del Festival Mente Cuerpo y Alma. El liderazgo sólo con dividendos no es liderazgo, el liderazgo no es sólo confirmarse ganando una elección. No es necesario participar en política para tener liderazgo político. Eso está en los barrios, en la decisión. La política es un bien público y lo estamos embargando a un pequeño grupo, que no es tan representativo. Votó una parte reducida del electorado, pero el 60% no sabemos en qué está… No creo en los candidatos autoproclamados, la proclamación debe venir del pueblo, la política es una forma de servir muy sacrificada e ingrata. Yo ya no pertenezco a ningún partido político. Lo que me preocupa es la transformación humana en lo público, en lo político y lo empresarial.

Karma y Dharma

Bachelet se reconoce atea y Piñera, católico. ¿En qué cree usted?
El que cree en Dios tiene que ser presidente de los que creen y los que no creen en Dios. Yo creo en el ser. No sigo religión. Sigo espiritualidad. Pero respeto todas las religiones. La igualdad nace de la autorrealización de los atributos de la diversidad. No de la uniformidad. Trabajé en el Banco Mundial, una institución multicultural, y aprendí, así como en la naturaleza, el valor de la diversidad. El ser global es el talento de transformarse en el otro sin perder tu identidad, y con mayor identidad, mayor es tu contribución a la diversidad. Los que reclaman contra esto son los que tienen una identidad muy bajita y se tienen que defender rápido, porque no quieren que les entre agua. Un gran judío, un gran católico, un gran budista, un gran musulmán, son gente fantástica, que enriquece mucho la diversidad.

¿Y cuál es su visión trascendente después de la vida?
Para entender lo que pasa después de la muerte, hay que entender qué pasa antes de nacer. Yo creo en la reencarnación como una evidencia, no como una creencia. Nadie llega a la Tierra sin una misión, y es importantísimo conocerla y saber que es algo interconectado. Para cumplir una misión a cabalidad, colectiva, cada uno debe cumplir la suya. Esa es mi filosofía y por eso conversaba con todos los otros candidatos en la campaña. La principal autorrealización es la que se da en el espacio del enemigo.

¿Cree que habrá alguna vez reconciliación en Chile?
El primer paso es conocer la verdad. Tolerancia cero al silencio. ¿O hacemos justicia en relación a qué? Pedir perdón no disminuye, sino enaltece. Y también hay que ser perdonado. La justicia espiritual se define como la autorrealización de lo opuesto. Si alguien mata debe ocuparse de autorrealizar la vida. Imagínate el karma que tiene nuestro país. El Karma es la ley de los equilibrios infinitos: una acción provoca una reacción, y acá todavía está vibrando la energía de la acción.