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La carta crítica de 26 históricos de la DC en torno al rumbo del Gobierno, y que fue publicada hace algunas semanas por el diario El Mercurio, sigue generando reacciones hasta estos días.

A través de dicho periódico los ex concertacionistas Carlos Ominami, Francisco “Pancho” Vidal y Gonzalo Martner contestaron el escrito de figuras como Mariana Aylwin, Jaime Lavados y Eduardo Aninat entre otros.

Si el primer texto se tituló “progresismo sin progreso”, el de los ex concertacionistas llevó por nombre “No puede haber progreso sin progresismo”. En la misiva se critica que algunos sectores al interior de la Democracia Cristiana intentan obstruir que se lleven a cabo las reformas inmersas en el programa de Gobierno de la Presidenta Michelle Bachelet.

El texto planteó que personas vinculadas a la falange obstruyen el programa de Gobierno pese a que desde el partido firmaron adhesión ante las reformas y ocupan cargos importantes en esta administración.

“La Presidenta Bachelet se propuso llevar adelante una reforma que hacia 2018 permitiera un incremento de 3% del PIB de la carga tributaria en base a impuestos a las utilidades empresariales y al consumo de alcohol, tabaco y actividades contaminantes. La introducción de un impuesto efectivo y completo a las utilidades no prosperó en la propia coalición de gobierno en el Senado y se produjo un acuerdo con la oposición que consagró cuatro sistemas de tributación a las utilidades de las empresas simultáneos de rendimiento incierto y tasas diferenciadas, aprobado en septiembre de 2014. La complejidad del sistema obligó al gobierno a mandar un proyecto parcialmente rectificatorio al terminar 2015. No obstante, el proyecto constituye un avance en la buena dirección”, exponen.

Por su parte señalaron que “la crítica de los autores del manifiesto al actual gobierno es eminente ideológica, pues le atribuye una supuesta preferencia por el Estado por sobre los organismos intermedios y las personas y privilegiar expandir el rol del Estado sobre la solución efectiva de los problemas que se enfrentan y de gestionar solo desde la cúpula burocrática”.

Añaden que “es una continuidad con la idea de que la política pública solo debe proponerse asegurar un mínimo para que todos compitan en una supuesta cancha económica igualada, idea que desconoce cómo funcionan las sociedades contemporáneas y que en el mejor de los casos está construida por la obsesión miope con la eficiencia abstracta en la asignación de recursos. Igualar el gallinero para que compitan el zorro con las gallinas conduce a un solo resultado: el zorro se come sistemáticamente a las gallinas”.

En esa línea los autores de este escrito señalan en otros pasajes de esta carta que “para terminar en buenas condiciones su segundo gobierno, la Presidenta Bachelet tiene el desafío de poner tanto límites a las pretensiones de parte de su tecnocracia de eliminar el espíritu reformista del gobierno y cercenar sus capacidades de construir gobernabilidad a los procesos de gestión pública, como al mismo tiempo indicar al sector minoritario de su coalición que no tiene un poder de veto frente a la legitimidad emanada de las urnas. No se puede querer estar simultáneamente dentro del gobierno y cercenar sus legislaciones principales comprometidas ante la opinión pública”.