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El músico Álex Anwandter estrena hoy en la Berlinale “Nunca vas a estar solo”, debut inspirado en el brutal ataque a Daniel Zamudio en el que denuncia el “entramado de patriarcado” presente en todas las esferas.

Según explica Anwandter en una entrevista a Efe, “en Chile, dos chicos, dos niñas, no pueden andar de la mano por la calle sin correr un peligro real, que alguien les pegue una patada por la espalda”, situación que no ha cambiado hasta el día de hoy, dice, “a pesar de la enorme conmoción que causó el caso” de Zamudio.

El salvaje ataque perpetrado en marzo de 2012 contra Zamudio, de 24 años, que le costó la vida veinticinco días después, sirvió a Anwandter de inspiración, más que de base, para escribir una historia de ficción, señala.

Uno de los propósitos de hacer una película de ficción fue precisamente “abstraer el tema desde el episodio específico” de Zamudio para subrayar que “no fue solo él” y que después de esa muerte hubo otras.

El primer largometraje de Anwandter se centra en el padre de la víctima, Juan (Sergio Hernández), que trabaja en una empresa distribuidora de maniquíes y vive solo con su hijo homosexual, Pablo (Andrew Bargsted), de 18 años.

Después de que el joven es ingresado en un hospital como consecuencia de un brutal ataque homófobo, el padre cobra consciencia de lo mucho que se han distanciado el uno del otro.

La falta de testigos y las elevadas facturas hospitalarias obligan a Juan a abandonar definitivamente las constantes de su existencia y enfrentarse a una realidad de discriminación.

Centrar la historia del guión en el padre sirvió para redirigir el foco “desde la fijación algo morbosa de un ataque especialmente horroroso, hacia el sistema, el contexto simbolizado por el padre, que alberga esta violencia”, precisa el director.

“El padre es un símbolo, pero también, en otro nivel, es el encargado de transmitir a los hijos y a la sociedad qué es ser un hombre”, “qué es la masculinidad” y cómo deben comportarse un hombre y también una mujer, explica.

Según Anwandter, “este entramado de patriarcado, llamándolo de una manera un poco más teórica, en Chile afecta a todas las esferas de la vida cotidiana y pública”.

En Chile, subraya, una niña de 13 años víctima de violación y en peligro de muerte no puede abortar; “ese nivel de violencia aún se vive”, denuncia.

El caso de Zamudio, que dio lugar a una ley antidiscriminación que lleva su nombre, tocó de forma directa a Anwandter que, aunque superficialmente, había conocido a la víctima.

“Era un fan de mi música, con quien intercambié algunas palabras, así que más que como ciudadano normal, también me afectó personalmente”, dice el realizador, que antes del cine trabajó como músico durante casi una década al frente de proyectos como Teleradio Donoso y también en solitario.

Las canciones de Anwandter sonaron en el funeral de Zamudio; para el director fue una historia que le tocó “bastante de cerca”, “que tenía una urgencia muy grande” de ser contada -porque aún hoy muere gente- y que fue “una motivación para dar un paso hacia el lenguaje cinematográfico”.

Aunque pueda “sonar medio maquiavélico”, dice, se preocupó de que la película, al tocar un tema “tan serio, tan trágico y pesado”, fuera “lo suficientemente entretenida como para funcionar como un vehículo atractivo para discutir estos temas” y para explorar los distintos tipos de violencia con una carga emocional.

Para el reparto, Anwandter cuenta que para el papel de padre con Sergio Hernández, “actor clásico” de teatro y cine, se puso “de rodillas” y le pidió “por favor que aceptara” formar parte del proyecto, mientras que el resto son intérpretes jóvenes, en su mayoría debutantes, que fueron elegidos en un casting.