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A través de una columna en La Tercera titulada “Todo se ha consumido”, y citando la opinión de una académico de la Universidad de Chile y del analista Max Colodro, Fernando Villegas expone algo así como que Chile se encamina, como un tren sin estaciones, a un nuevo e irremediable fracaso, acaso como un designio histórico.

“¿Cómo puede un régimen como el descrito por Cifuentes tener al mismo tiempo la eficacia descrita por Colodro? La pregunta es difícil y sin embargo la respuesta es sencilla. Es en esa capacidad de hacer cualquier cosa que consiste el poder. En eso se traduce el controlar las instituciones. Ahí, en las instituciones -Ejecutivo y el Congreso- radica el poder, no en la mítica “calle”, escenario estridente pero ineficaz en el que aun quienes salen con ánimo de botar un gobierno sólo saben y pueden botar un semáforo. No por nada gran parte de la historia no es otra cosa sino la narración de las infinitas desgracias acarreadas a pueblos enteros por malas decisiones de la elite a cargo. ¿Acaso las guerras son decididas en plebiscitos?”, escribe Villegas.

Luego, cita a Cristo y su bíblico “todo está consumado”, para sostener que “en el caso nuestro nadie, ni novelista ni dramaturgo, se ha atrevido siquiera a fantasear con la posibilidad de que tengamos una opción alternativa a los años de joda”.

“Volviendo a Jesús, si en El se cumple su destino es porque lo escrito desde el principio de los tiempos es más fuerte que las peripecias de su anhelo humano, su sufrimiento, la injusticia y rabiosidad “de la calle” condenándolo a la cruz, al deseo del procurador romano Poncio Pilatos de librarlo de las intrigas del Sanhedrín, a la angustia de sus discípulos. Y en el caso de Chile también está escrito desde el comienzo mismo del tiempo que no podemos evitar nuestra propia mediocridad, el impulso autodestructivo disfrazado de progreso, nuestro horror al desafío permanente del crecimiento. Contra eso no valen las enseñanzas ya antiguas de los mismos errores de siempre y vueltos a cometer una y otra vez, como tampoco el clamor ciudadano o la evaluación académica demostrando certeramente que vamos mal, que el camino es falso y hasta repelente. Todo eso no sirve de nada”, advierte.

Según observa Villegas,  “el actual régimen de la NM no sólo cuenta con las instituciones, sino además con el apoyo de vastos segmentos poblacionales férreamente unidos alrededor de la figura de la Presidenta y/o su coalición, con intereses personales por preservar y por tanto con un interés objetivo por hacer posible la perpetuación del régimen. Saque la cuenta: hay 80 mil a 100 mil nuevos funcionarios del Estado a los que se suman los miembros de sus familias, hay otras tantas -o las habrá- familias beneficiadas por la gratuidad universitaria para sus nenes y a quienes se dirá que la perderían si llegara otro gobierno, están también los muchos pobladores receptores de bonos periódicos y otros beneficios y a ellos se suma la inmensa mayoría de los jóvenes, normalmente aun más a la izquierda que la NM pero en cualquier caso nunca inclinados al centro ni a la derecha; agregue a todo eso los militantes de los partidos, incluyendo a la DC pese a sus rezongos, pero además no deje de contabilizar una suma indeterminada pero segura de porfiados simpatizantes; sin duda, sumando esos estratos y grupos, ya hay una masa votante posiblemente más numerosa que el escuálido 24% del electorado de la elección pasada y que aun así les sirvió para ganar TODO el poder”.

Junto con eso -agrega- la derecha no tiene nada, no existe, pues no siquiera cuenta con “la unidad desesperada que a veces otorga la desgracia, sino al contrario, se disgregan semana a semana en nuevas agrupaciones callampas con nombres de fantasía”.

Finalmente, asegura que a “todo aquello el régimen suma una ventaja muy importante: aún dispone de recursos por gastar”, y que “la señora Presidenta cree ciegamente en su destino, a lo cual suma su notable vocación y talento para la porfía. Quienes la rodean -salvo silenciadas excepciones- creen casi ciegamente en ella. Y quienes ya no creen ciegamente ni en ella ni en su coalición, al menos creen con los ojos muy abiertos que no tienen otra opción sino “echarle pa’delante”.