Banderazo las afueras de las oficinas del Banco

Recientemente fui electo coordinador nacional de la CONES (Coordinadora Nacional de Estudiantes Secundarios), junto con el resto de la mesa directiva. A continuación, quiero plasmar algunos de los desafíos que nos enfrentaremos este 2016.

Los secundarios la tenemos difícil. Para la prensa y la opinión pública, el movimiento estudiantil es conducido, protagonizado y respaldado por los estudiantes universitarios. Pero, ¿Qué pasa con los secundarios? Mientras siglas como la CONFECh y la FECh ya forman parte del vocabulario nacional, la CoNES o la FEMES solo encuentran vida dentro de quienes tienen un mayor interés y conocimiento del movimiento estudiantil. En el pasado, la articulación de los estudiantes de educación media, el movimiento pingüino y las históricas tomas de liceos, han movido la barrera de lo posible para los chilenos y chilenas, marcando precedentes desde los años ochenta. Pero hoy cabe preguntarnos ¿Por qué nos cuesta más a los secundarios organizarnos?

Por un lado, existen razones estructurales. En definitiva, en el mundo secundario es más difícil tener orgánicas estables en el tiempo, principalmente, por dos razones: por definición, los integrantes de nuestro movimiento tienen poca experiencia (política y de todo ámbito), esto lleva, ya sea a que seamos muy fáciles de cooptar por otros o que radicalicemos posiciones, más allá de nuestras condiciones materiales lo permiten.

Producto de lo anterior es que las orgánicas estudiantiles secundarias (federaciones, cordones etc…) suelen tener una duración muy breve. Los dirigentes abandonan la secundaria, y la –siempre escasa– fuerza que se podría dedicar a impulsar las transformaciones es dedicada a crear nuevas organizaciones. La continuidad de las organizaciones secundarias usualmente termina dependiendo de partidos y movimientos, los cuales si bien permiten acumular fuerzas en esos espacios, los vuelven menos permeables al resto del mundo secundario. Así, la mayoría de los secundarios no ligados a estos espacios terminan creando otras nuevas, lo que desemboca en falta de unidad y debilita al movimiento, o simplemente no se organizan y se quedan al margen de la organización del movimiento estudiantil.

Por otro lado, existen razones coyunturales, que dificultan el surgimiento secundario, que en el pasado ha podido sobreponerse a las barreras estructurales. Existe un fuerte contraste entre las movilizaciones del 2011 y las actuales. Bien, mal o más o menos, el gobierno está llevando a cabo reformas que en los titulares responderían a demandas del movimiento estudiantil. Esto nos empuje a dos extremos: por un lado, movilizarnos por algún detalle técnico del cual pocos entienden pero mucho influye. Vale decir, la mayor dificultad de llevarle el paso a la contingencia educacional, que se vuelve más técnica, más complicada y menos atractiva. Por otro lado, se vuelve más atractivo el camino de una falsa “radicalidad”. Lo anterior puede llevar a exagerar, artificialmente, las diferencias, con el afán de recuperar el poder movilizador en nuestras escuelas, pero con el riesgo de alejar a las mayorías ciudadanas.

Lamentablemente, este escenario, por el camino de la discusión excesivamente técnica o la falsa radicalidad, ha llevado a desinterés, crítica y desconfianza en la acción política. Así, la crisis de la política y la desconfianza generalizada, que podría ser terreno fértil para construir algo nuevo, rara vez pasa de manifestarse en redes sociales.

Obviamente, los inconvenientes no son solo los nombrados acá. El decreto 524 de centro de alumnos, los consejos escolares consultivos, la inexistencia de educación cívica son algunos ejemplos de inconvenientes para la organización secundaria que podrán ser profundizados en otras columnas. Pero no quisiera terminar esta columna con un tono de derrota. Los secundarios han demostrado y seguirán demostrando que somos capaces de sobreponernos a estos y otros desafíos. Para enfrentar los desafíos estructurales debemos luchar por revitalizar nuestras orgánicas, aprendiendo a convivir entre adherentes a orgánicas políticas e independientes, sin continuar en la dispersión de nuestra fuerzas. Esto implicará, a su vez, un nuevo marco de alianzas entre todos los actores de la educación (universitarios, secundarios, profesores, etc.). Al mismo tiempo, para enfrentar los desafíos coyunturales, tendremos que saber transmitir nuestras diferencias con el gobierno, más allá de los detalles técnicos, pero sin caer en falsas radicalidades.

El llamado es a salir a las calles este 2016, años crucial para la discusión de una nueva educación pública, con claridad y unidad sair a ganar ¡Secundarios de Chile unidos!

*Coordinador Nacional CONES y militante RD