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Sólo el tiempo dirá si es más grande que Roger Federer, pero lo cierto es que hoy, salvo deslices propios de un ser humano de carne y hueso, el serbio Novak Djokovic es imbatible.

Este viernes, “Nole” (como le apodan) volvió a levantar los puños para meterse en una nueva semifinal de Masters 1000, y no lo hizo ante cualquiera, sino ante el otrora incombustible Rafael Nadal.

Pese a que el duelo estuvo extenuante y dejando pocas posibilidades para el error (con Nadal siempre es así), Djokovic sacó la tarea adelante y se impuso por 7-5 y 7-6 (4) en 2 horas y 25 minutos, dejando el historial sobre el español 25 a 23 a su favor.

El resultado le permite al serbio disputar un lugar en la final de Roma, torneo que ya ganó en 2008, 2011, 2014 y 2015. Además, de coronarse, completaría las tres decenas de títulos de la categoría, la segunda en importancia después de los Grand Slams.

A propósito, ésa es sin duda la meta de Nole cuando acaba de tumbar a Nadal y ya se avizora una nueva edición de Roland Garros, el Major que le falta a su vitrina.

Ya lo dijo Rod Laver, el único jugador en la historia que ganó dos veces el Grand Slam (Australia, Roland Garros, Wimbledon y el US Open en un mismo año), “(Djokovic) es increíble, ¿cómo se lo puede pasar por alto cuando se habla de quién es el mejor de todos?”