Neymar rompe el eterno maleficio y le da a Brasil el único título en fútbol que le faltaba

En una infartante definición que se extendió hasta los penales, luego de un 1-1 en cancha, el astro del Barcelona marcó el 5-4 que le dio a los cariocas el oro olímpico en fútbol.

neymar

Si alguien lo hubiera escrito, de seguro no habría conseguido plasmar la emoción que efectivamente se vivió esta tarde en la final del fútbol de los Juegos Olímpicos Río 2016. Tras empatar 1-1 en cancha con Alemania, el cuadro que los humilló en el Mundial 2014, Brasil consiguió el ansiado oro después de que Neymar, su máxima figura, marcara el 5-4 en los penales.

El local partió con ventaja en el duelo que sonaba a revancha y a una búsqueda implacable que tardó décadas.

El propio Neymar abrió el marcador, y comenzó a encender la ilusión de un público carioca que de seguro no aguantaba otro fiasco, como el del Mundial que se jugó en esas mismas tierras dos años atrás.

Pero como el rival de turno era Alemania, la misma escuadra que les propinó el inolvidable 7-1, los fantasmas comenzaron a rondar en el Maracaná cuando los europeos consiguieron marcar el empate.

En las quince ediciones anteriores en las que se celebró el torneo de fútbol, Brasil sólo había logrado tres platas, en 1984, 1988 y 2012 y dos bronces, en 1996 y 2008. Por esa razón, es que el 1-1 de los germanos parecía otro episodio más de un eterno maleficio para un fútbol que siempre estuvo acostumbrado a ganar.

Terminados los 90 minutos, el alargue se insinuaba entonces como la instancia perfecta para descargar la emoción, para ver cumplido un sueño en un lugar donde el fútbol se asemeja a una religión. Pero no, hubo que llegar a los penales.

Con los nervios de punta, empezaron uno a uno los lanzamientos. Augusto, Marquinhos, Rafinha y Luan anotaron para Brasil. Del otro lado, Ginter, Gnabry, Brandt y Sule, hicieron lo propio para Alemania.

Entonces fue el turno de Petersen, quien envió el balón a las manos del arquero brasileño.

Después de ese momento, para los locales se detuvo el tiempo. Neymar acomodó el balón, miró. Luego dio algunos pasitos y descargó. La pelota quedó perdida en el fondo de la malla y el astro se arodilló, mirando el cielo, sin poder contener las lágrimas.

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