HASTA-QUE-TE-CONOCÍ

Juan Gabriel era nuestra voz. Una divina loca cantora que conquistó la gloria, los aplausos y el justo reconocimiento a una larga trayectoria musical. Uno de los nuestros que vivió a su particular manera, un niño olvidado que resguardó celosamente su intimidad, aunque su sexualidad fuera siempre secreto a voces. Hilando esa delicada seda de afecto y reconocimiento marica popular, transformando sus canciones como una cortina musical en nuestras atrevidas parrandas sodomíticas, recuerdo haber conocido a Juan Gabriel a mediados de los años 90 cuando luchábamos –desde el Movilh Histórico– por la derogación del castigo a la sodomía consentida en Chile.

Nuestro pequeño e inolvidable encuentro aconteció el 28 de septiembre de 1995, en una concurrida conferencia de prensa que el ídolo azteca ofreció en el Centro Cultural de México, en la comuna de Providencia. La espera fue extenuante. Juan Gabriel había salido de compras y se retrasó. Sin embargo, ninguno de los presentes, mucho menos yo, protestamos por la demora del divo de mil canciones. Finalmente, rodeado de sus colaboradores e iluminado por los flashes, Juanga ingresó radiante al salón para conversar amablemente con la prensa. Se disculpó, bromeó, dijo que se había entusiasmado comprando botas de huaso chileno. Más que reproches, los presentes lo inundamos de aplausos, elogios y preguntas. La expectación era máxima porque Juan Gabriel regresaba a Chile después de trece años de ausencia, siendo el único recuerdo una extravagante entrevista ochentera con Raúl Matas en “Vamos a Ver” de TVN. Esta conferencia de prensa revestía caracteres de histórica para todos, especialmente para la diversidad sexual local.

Ahí, nervioso, observando maravillado a una superestrella internacional, buscando entrecruzar “otros” temas de un Chile post Pinochet, levanté mi casi masculina voz para plantearle a Juan Gabriel una loca inquietud. Me presenté como periodista de “Triángulo Abierto”, primer programa radial de gays, lesbianas y trans en Chile e informé a Juanga que sus canciones eran “un símbolo en la lucha del movimiento homosexual en Chile”. Él, sorprendido, atinó a responder alegre y chispeante: “No sabía eso. Como la música toca muchas vidas y una vida toca a muchos también, espero que mi música sirva para cosas muy buenas y positivas. Y si ese es un atajo para llegar a la gente, espero que les vaya divinamente bien”. ¿Te gustaría dedicarles alguna canción especialmente a homosexuales, lesbianas y trans?, repliqué rápidamente, recibiendo una insospechada respuesta: “Pueden usar todas mis canciones que les gusten. Las canciones, así como los artistas, no tienen sexo”, dijo el astro de la canción.

Las declaraciones de Juan Gabriel fueron interpretadas como un respaldo público a la emergente causa homosexual en Chile. Una relación poética, simbólica y epistolar que reconocía su diferencia sexual más allá de una homofobia reinante animada por muchas conjeturas. Especulaciones que el mismo Juan Gabriel enfrentaba con rodeos de particular inspiración. En febrero de 1996, cuando volvió al país para presentarse en el Festival de Viña del Mar, fue consultado por la prensa por su relación con el movimiento homosexual de Chile. Juan Gabriel declaró: “No tengo movimiento más que el que hago en el escenario. Pero tengo mucho respeto por los sentires y los decires, porque yo amo a toda la gente y creo que cuando hay un movimiento, sea gay o no gay, de gente que anda en la calle persiguiendo cariño y amor, se les tiene que atender. Yo acojo a todos en mi corazón”.

Su debut en Viña resultó un éxito rotundo. Todos mirando encantados la TV; mujeres, hombres, locas, madres y abuelas. Recuerdo que junto a Pedro Lemebel nos bajamos una botella de ron cola cantando y suspirando el cancionero del ídolo pop. En septiembre de 1996, sintiéndose amado por el público nacional, Juan Gabriel inició una serie de conciertos y actividades públicas en Chile. En una ellas, durante la caótica inauguración de la multitienda La Polar del Paseo Ahumada, logré sobrepasar la seguridad para entregarle una carta del “Movilh en el exilio” donde le decíamos: “Queridísimo Juanga. Muchas gracias por tus divinas palabras. Gracias por la solidaridad que expresas a nuestra justa causa. Esa maravillosa utopía que sabemos también compartes”. Juan Gabriel, impresionado, atinó a guardar la carta en su brillante atuendo y pidió amablemente a la policía que me liberara mientras tiraba besitos, muchos besitos a la multitud.

“Murió el divo de Juárez”, informó la prensa el domingo 28 de agosto de 2016 provocando lamento, dolor e incertidumbre en nuestra comunidad. Hace algunos años el cronista mexicano Carlos Monsiváis en su libro “Escenas de pudor y liviandad”, denunciaba el machismo y la homofobia que Juan Gabriel resistió en vida. “¡Ay sí tú! Y Juan Gabriel ocupa la primera página de los periódicos amarillistas, en foros sensacionalistas, digamos en traje de baño en la playa de La Condesa en Acapulco. ¡Ay sí tú!, y los cómicos se benefician en sus ruinas: ‘Un día iba caminando Juan Gabriel con su perrito y se encontró a un marinero…’. ¡Ay sí tú! Y la mamá, afligida por los modales de su hijo le cuenta a su hermana: Ay, ay, ¿no me irá a salir como Juan Gabriel?’. ¡Ay sí tú!”, escribió Monsiváis, representando el México machista, clasista y homofóbico que hoy llora a mares a un ídolo. El mismo México que debió enfrentar Juan Gabriel desde pequeño, solo con su bella voz, su fiel guitarra y una triste historia de vida transformada ahora en teleserie.

Hoy, mientras escucho mil veces las eternas canciones de Juan Gabriel, pienso en el magistral ensayo de “Monsi” y la hipocresía cristiana que genera la muerte. ¡Ay sí tú!, digo yo, ahora todos adoran a Juan Gabriel, todos lo lloran y lo respetan infinitamente, desde el presidente Peña Nieto a Barack Obama. ¡Ay sí tú!. Si era tan dulce, tan sencillo, tan amoroso, tan buena gente, cantaba tan lindo, tan sentido. Qué importa que fuera rarito. ¡Ay sí tú!

Las últimas palabras de Juan Gabriel nos decían: “Felicidades a todas las personas que están orgullosas de ser lo que son”. Y querida Juanga: “Tarde o temprano estaremos contigo para seguir amándonos”.