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“No puede ser que las mujeres no podamos ir a un colegio porque somos mujeres, o que los hombres tampoco puedan porque son hombres”. Con estas palabras Marina, niña de 11 años, a través de una carta, exige tener la oportunidad de ingresar al Instituto Nacional, histórico liceo que desde 1813 ha formado a numerosas generaciones, exclusivamente de varones.

Inevitablemente y con justificada razón, el mensaje de Marina abrió el debate respecto a la pertinencia o no de seguir manteniendo colegios públicos diferenciados por género en nuestro país.

Algunos de los motivos de quienes se oponen a admitir mujeres en el Instituto Nacional apelan a la “tradición”. Difícilmente se podría sostener el mantenimiento de la esclavitud bajo el argumento de que ha sido tradición en la humanidad por siglos, de la misma manera no se puede mantener una medida sexista, discriminatoria y excluyente. Tal como ocurrió en 1877, cuando las primeras mujeres ingresaban a la Universidad de Chile, sectores conservadores acuden a la “tradición” como escudo para perpetuar una cultura machista e impedir el desarrollo de las mujeres en igualdad de condiciones con los hombres.

Sin embargo, más allá de la “tradición”, la educación en ambientes mixtos y, en general, diversos, promueve una mejor capacidad de adaptación, con proyectos educativos basados en el diálogo respetuoso y en la valoración de la diversidad, contribuyendo a la tan necesaria convivencia cívica en nuestros barrios, comunas y en todo el país.

En el caso específico del Instituto Nacional, a quien corresponde resolver el proyecto educativo del establecimiento es a su sostenedor, la Municipalidad de Santiago, que, preferentemente, debe escuchar a sus estudiantes y profesores, y también –por qué no– a la comunidad nacional, por tratarse de un establecimiento relevante no solo para su comunidad interna.

Lo indicado, entonces, de acuerdo a los desafíos que nos imponen los tiempos actuales, es atender al reclamo de Marina y de tantos y tantas más que consideramos que la diferenciación de acceso para hombres y mujeres no es más que una medida discriminatoria y sexista.

No es justo, a 203 años de su fundación, seguir dejando fuera del más reconocido establecimiento público de enseñanza media del país, a cientos de niñas que cuentan con tantas o más capacidades que sus compañeros hombres.

Santiago debe dar un paso adelante y atreverse a romper con una tradición obsoleta. Es hoy el momento de acabar con una discriminación más que bicentenaria y abrir las puertas de nuestros liceos a mujeres y hombres por igual, con orígenes, condiciones y visiones distintas.

Asimismo, en la discusión de la Nueva Educación Pública, el Parlamento tiene la oportunidad de definir que los recursos públicos vayan a aquellos liceos que no seleccionen a sus estudiantes por sexo ni otro criterio, así como también avanzar en la discusión de una educación pública que no sea sexista, aún al interior de los colegios mixtos.

Nuestro compromiso es a trabajar en el Concejo Municipal y en nuestra Bancada Parlamentaria por terminar con toda discriminación y exclusión hacia las mujeres. Haremos todas las gestiones para promover el fin de las tradiciones machistas en nuestro país, sobre todo en el ámbito educacional, y en particular para abrir el Instituto Nacional. Nuestro compromiso es que las niñas de Chile sepan, que la decimonovena persona egresada del Instituto Nacional que pueda ser Presidenta de nuestro país, esta vez, podrá ser mujer. Es el camino para formar nuevas generaciones de ciudadanas y ciudadanos que sepan vivir en comunidad. Así se construye una mejor comuna, así se construye un Chile más pluralista, respetuoso y democrático.

*Irací Hassler es economista y actualmente es candidata a concejala por Santiago, y Karol Cariola es matrona, actualmente diputada por el distrito 19 (Recoleta e Independencia).