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Si fue un golpe de efecto tramado por la Academia Sueca no está claro, pero otorgarle el premio Nobel de Literatura de este año a Bob Dylan, el galardón de las letras más codiciado por lejos, generó un nivel de repercusiones pocas veces antes visto. De inmediato, en el mundo cultural, los medios y las redes sociales se armaron bandos entre quienes están a favor y quienes creen que no corresponde entregarle el premio a un músico, aunque sea uno de la talla de Dylan.

Para entrar al debate, conversamos con críticos, académicos y creadores. Varios coinciden en que premiar a Dylan va a tono con los tiempos y expande las fronteras de la literatura a otros géneros menos tradicionales. Los suecos ya habían dado una señal en esa línea. El año pasado premiaron a la periodista bielorrusa Svetlana Aleksiévich, reconocida por sus crónicas sobre las mujeres que pelearon en la Segunda Guerra Mundial o el desastre de Chernobil. Ninguna de ellas obras de ficción. También destacaron que los vínculos entre música y poesía se remontan hasta los griegos. Y nadie discute la calidad y lírica de las letras de Dylan.

Aunque algunos piensan que fue algo totalmente sorpresivo, según Matías Rivas, crítico y director de ediciones de Universidad Diego Portales, el nombre de Dylan sonaba hace tiempo entre los finalistas, al igual que Philip Roth o Haruki Murakami, quienes deberán seguir esperando.

Nicanor Parra, nuestro eterno candidato al Nobel, supuestamente vetado por un viejo amorío sueco, en el 2000 anticipó que solo por tres de sus versos, Dylan merecía ganarlo. Raul Zurita, en 2002, escribió que el cantautor norteamericano golpeaba las puertas del cielo y lo comparó con grandes nombres de la poesía mundial.

Ayer, apenas se supo la noticia, conversamos con el critico literario de este pasquin, Tal Pinto, si bien todavía no terminaba de digerir la noticia y tenía bastante vacilaciones, nos dijo que el premio a Dylan podría resumirse como una gran fuck you o un jódanse de la Academia Sueca a muchos autores hiperconsagrados.

“No veo cuál es el criterio de evaluación, dice en la fundamentación: crear nuevas formas poéticas. Pero es mentira, no es cierto, esa formas fueron ocupadas antes por otros. No sé si es un premio a la difusión. Dylan tiene mérito, su talento no está en discusión, pero es como darle un fuck you a toda la gente que escribe libros y un jódanse a los hiperconsagrados. Teniendo tantos otros nombres donde elegir, dárselo a un cantautor que ha firmado dos libros, que a sus letras le ha dado estatuto de literatura, lo que no me parece mal, pero en términos de producción es discutible. Algunos dicen que es un premio a la mediocridad”, disparó Pinto y también dijo que su libro de poesía Tarántula, publicado en 1971, “era muy malo”.

“Si lo que se quería dar entender es que la literatura está en todo lados, creo que es una visión muy romántica y algo absurda. Dejemos algo en claro: es bastante más fácil escuchar música que leer un libro. Me pregunto si el galardón para él es el Nobel de literatura. No lo tengo muy claro”, reflexionó Tal Pinto y también adelantó que “los escritores van a salir pataleando, con alguna razón”.

La escritora chilena María José Viera -Gallo, autora de Verano Robado y el premiado libro de cuentos “Cosas que nunca te dije”, nos comentó que quizás ella era algo purista, pero no estaba de acuerdo: “Si bien me gusta el cruce entre géneros y responde a algo que está ocurriendo, que es sacar de sus casillas a todo tipo de creación, sin embargo, como escritora siento que Bob Dylan no necesita el Nobel de literatura para ser Bob Dylan, ha sido suficientemente reconocido como artista. Los escritores crean desde fuera del pop y el rock, tienen menos visibilidad, por eso me parece que es un lugar que de pronto habría que cuidar más” y luego continuó: “Creo que nuestro Bob Dylan es Nicanor Parra. El premio hubiera sido igualmente rockero si se lo hubiera ganado él”.

El debate se extendió durante toda la jornada y seguramente seguirá por un buen rato. Desde México, la destacada poeta nacional Gladys González resaltó la importancia de Dylan por tratarse de un artista contracultural, pero igual tuvo reparos.

“Me parece que es un cantautor que ha influido muchísimo en la cultura y que se reconozca su trabajo, tanto poético como de contracultura, es importante. Ahora, respecto a los autores que estaban nominados por distintas vías, me parece que lo ocurrido corresponde a un fenómeno de la globalización y de mass media, donde falta reconocimiento a escritores que deberían tener este premio, aunque ya es bastante errático en sus distintas categorías”, afirmó González.

Matías Rivas, quien ha editado a varios poetas nacionales y extranjeros, remarcó que la poesía y el canto tienen un vínculo histórico y permanente, por lo tanto, aseguró que no tiene nada de extraño que la Academia lo escogiera. Pero, para él, lo más destacable, es que con esta premiación se reconoce a la contracultura norteamericana.

“Se está premiando a la generación beatnik, al underground, a un mundo alternativo, el Estados Unidos que no representa Trump. Un Estados Unidos donde los perdedores también tienen espacio. Es un trovador. Representa a los oprimidos, el país de migrantes. Es un premio a la rebeldía y a la poesía como en elemento destructor, innovador. Y también súper emo, Dylan es una persona que te toca el corazón con sus letras, emociona a mucha gente. Una poesía que emociona, ese es un vínculo total”, añadió Rivas.

“El mundo se está moviendo, las fronteras de los géneros se están moviendo. Antes no se nos ocurría hablar de la no-ficción o que el periodismo era literatura. Hoy en día nadie tiene dudas de eso. La Academia Sueca está bastante al día en ese sentido”, explicó Rivas y dijo con humor que en este caso es Dylan quien le da difusión al premio y no al revés.

Andrés Morales, poeta y académico de la Universidad de Chile, con un doctorado en literatura, aseguró que en primer término “de alguna forma se está premiando a la poesía. Durante muchos años, más de una decena, solo se ha premiado narrativas y por fin se retoma la poesía. Que él sea cantautor, que cante sus poemas o no, no es tema. La música y la poesía siempre han estado unidas”.

“En segundo lugar es un golpe al establishment, pierde el carácter un tanto rígido del premio, ha habido apertura, por ejemplo, con Dario Fo, que fue considerado el último bufón de la dramaturgia europea o la periodista que ganó el año pasado. Si mañana premian a un guionista de cómics, existen novelas en cómics, perfectamente podría ser, ¿por qué no? Me encanta la mezcla de géneros, que se vaya mezclando las artes es súper interesante” y agregó que hay que entender que no se ha premiado a un músico, sino a un poeta.

Morales también recordó que Dylan ya fue reconocido como literato con el premio Príncipe de Asturias, que por cierto, no fue a recibir. Aún está por verse si irá a Estocolmo a la ceremonia del Nobel o seguirá los pasos de Sartre.

El académico de literatura de la Universidad de Santiago, Luis Hachim, destacó que este premio es una ganancia: “Alguien que logra atraer a gente que nunca ha tenido contacto con la literatura, tiene que ser un tipo buenísimo, que la gente entiendan que ahí hay poesía, me parece realmente beneficioso, por decir lo menos. No es la primera vez que los músicos son poetas, también está el caso de Leonardo Cohen”.

“Esta es buena ocasión para reflexionar acerca de la literatura, no necesariamente tiene que estar reducida al espacio letrado, él mezcla los espacios y mezcla los circuitos de cultura, el popular, el de masa y el culto, para él está todo interconectado. No son espacios de cultura estancos, si eso se ha hecho anteriormente, él lo comprende en su dimensión total”, finalizó Hachim.