De La Granja a la cota mil: Dos rostros de la abstención más alta de la historia

En estos comicios, la abstención se acercó al 70%, una cifra histórica. The Clinic Online estuvo con dos ciudadanos que decidieron no votar. Se trata de Pablo de La Granja y Genoveva de Las Condes. Él teme que sus hijos no reciban una buena educación; ella, que la asalten. Ambos optaron por marginarse de estos comicios, aunque han votado en otras elecciones, y explicaron a este medio por qué consideran que su sufragio no cambia el país.

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A las 8 en punto de la mañana, Pablo Torrejón Rodríguez (43), tomó su auto y condujo hasta la casa que hoy ocupan sus padres -a unas cuadras de la suya en la Villa Serrano en La Granja- para llevarlos a su local de votación.

El trámite fue muy rápido. Su papá, Juan, sufragó en La Florida en el estadio Bicentenario; su mamá, Margarita, en la Escuela Básica Benjamin Subercaseaux de La Granja.

Después de trasladar a sus papás, Pablo volvió a su casa y tomó desayuno con su esposa, Paola, a quien acompañó al Liceo Malaquías Concha. Ella votaba en este recinto, y lo hizo. Pablo también estaba inscrito allí, pero optó, pese a que sólo debía caminar unos metros hasta la mesa 103 y a que el procedimiento era expedito y sencillo, abstenerse. El 70% de la población chilena tomó la misma decisión.

-Voté en la elección presidencial, pero no voy a votar ahora porque nadie me convence. Aquí se hace mucha diferencia entre sectores en la comuna, la ayuda no es pareja para todos los sectores. La distribución es diferente en el reparto. Todo se va para la San Gregorio.

La población San Gregorio, es una de las más emblemáticas de Santiago. Fue fundada en 1959 por personas sin hogar que habitaban la ribera del Zanjón de la Aguada y el Río Mapocho. En los ’90 se hizo conocida por la proliferación de narcotraficantes, como el Indio Juan.

En comparación, la Villa Serrano, donde vive Pablo, es un sector más tranquilo, aunque según los datos de la Encuesta de Caracterización Socieconómica, Casen, es también una zona vulnerable.

-Yo voto en el Malaquías Concha, llego en 2 minutos en mi vehículo. No voto porque no quiero, porque no me interesa. Nadie ha venida acá a decir qué van a hacer por la comuna, andan repartiendo unos corazones de goma en las esquinas para hacer ejercicios con las manos, pero no hacen los puerta a puerta explicando quiénes son, cuáles son sus propuestas, nada. Es un chiste, si a mí no me interesan esas gomitas-, explica Pablo, conductor de trenes de carga en la empresa Fepasa, mientras arregla un auto en un domingo en que determinó no participar de la democracia comunal.

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Genoveva Figueroa Gayoso, conocida por sus amigos como Beba, trabaja en el rubro inmobiliario y recibe ayuda económica de su exmarido, un ingeniero en minas. Vive sola en un departamento a solo unos metros del mall Alto Las Condes. Tiene tres hijos profesionales.

Vive en una de las comunas más pudientes de la Región Metropolitana. El domingo 23 de octubre se levantó a las 10 de la mañana, ordenó la casa y vio las noticias sobre el proceso de elección municipal del que decidió no ser parte.

-Vi que a la Presidenta se le olvidó el carnet. También que a Carolina Tohá la trataron mal, andaba con la pareja, no sé porque no fue sola.

Beba ha votado desde que retornó la democracia. Sin embargo, hoy está decepcionada.

-Anoche me junté con un grupo de amigas, una vive cerca del Parque Arauco, la otra en Manquehue, ninguna iba ir a votar. Estamos muy defraudadas de todo lo que ha pasado políticamente. Ya no sabemos qué pensar. Somos mujeres grandes, que pasamos por la época del 73, nuestros padres tenían que hacer colas y todo los demás. Ahora este tiempo se ha vuelto muy difícil, cada vez hay más delincuentes con corbatas y ahí no pasa nada. Para ellos las cosas se arreglan de un viaje. No queremos seguir con lo mismo, seguramente está todo arreglado, ahora en las elecciones van a salir los mismos-cuenta Genovena.

La mujer asegura que está impactada por todo lo que ha rodeado la última elección, desde el cambio en el padrón electoral a los casos de corrupción:

-Es espantoso todo lo que hicieron con las boletas y el financiamiento. Me decepcionaron, jamás me lo hubiera imaginado, hasta MEO que era nuevo en la clase política, metido en lo mismo, tienen hambre de dinero, de hacerse millonarios, pero no a costa el país, pues. Con quien hablo dice lo mismo. La justicia no opera para ellos, tendrían que ir a la cárcel y que sufran lo que es estar preso. Como tantos que murieron en la cárcel en el tiempo del presidente Pinochet, para mí fue mi presidente, yo era una cabra chica, para mí la verdad fue una limpieza de país, pagaron justos por pegadores, sí, mucha gente lloró, pero como a otros también nos ayudó a reparar al país, se aprovecharon ellos también, pero todo el mundo se aprovecha, ahora se siguen aprovechando.

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Pablo traslada contenedores de cobre en una ruta que lo lleva en el sur hasta Talca y en el norte hasta Ventanas. Recibe por esta función un promedio de $500 mil líquidos. Su esposa es dueña de casa y tienen tres hijos. La casa pareada en el pasaje Chipana, en la que habita, la comparte con su hermano que también es casado y tiene cuatro hijos.

La propiedad en que habita era de sus padres, así es que no paga arriendo y eso le permite tener cierta tranquilidad financiera.

Está convencido de que el mayor progreso en su comuna, una de las más vulnerables según Casen, con 20% de sus habitantes bajo la línea de la pobreza, no ha sido responsabilidad de ningún alcalde.

-Lo mejor que ha pasado acá es que llegó el metro hace unos ochos años. Estamos a dos cuadras y los viajes ahora son súper rápidos, pero eso yo no se lo atribuyo a ningún alcalde porque son planes del Gobierno, entonces tampoco ahí veo que votar influya. Yo votaría si, por ejemplo, los candidatos aparecieran siempre, no sólo para las elecciones y pusieran más iluminación, mejoraran la seguridad. Por ejemplo, aquí a la vuelta están arreglando recién una multicancha que nosotros pedimos por años que la arreglaran, no tenía ni arcos, y ahora están trabajando porque hay elecciones. Lo pidió mucho tiempo la junta de vecinos y nada. Una vez le escuché personalmente a Claudio Arriagada decir que nosotros éramos los más pudientes en la comuna y no necesitábamos mucho. Eso es mentira. Acá son todos viejitos que se quedaron en los años 60 porque obtuvieron subsidios, pero no sobra la plata- resume.

En rigor, según la Casen 2013, Pablo y su familia se ubican en el tercer decil, es decir, reciben un per cápita de $100 mil y se encuentran entre quienes, por ejemplo, podrían acceder a la gratuidad universitaria. Pero es cierto que La Granja tiene sectores que están en una situación más desfavorable.

Los anhelos de Pablo son simples: buen acceso a la salud y la educación. Todo lo demás, dice, es secundario.


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En Las Condes, Genoveva tiene miedo de que la puedan asaltar.

-Cuando entro en mi auto al estacionamiento, te prometo, abro la puerta como una cuadra antes para poder entrar volando, todo eso me asusta, mucho, mucho. No tener esa paz que hubo tiempo atrás, antes eramos más felices, no quiero meterme en las tendencias políticas, cada uno opina diferentes, pero ahora me siento muy insegura. Acá mismo en el Alto Las Condes, yo lo he visto muchas veces, los maleantes que andan, disparos, todo, es demasiada la delincuencia, se emanciparon los delincuentes, son los reyes, nos tienen asustado, asaltan ancianos, gente que trabaja con esfuerzo de todo. Antes era más seguro, no me acuerdo haber sentido tanto miedo como ahora. ¿Quién nos va ayudar? Si llegan los Carabineros, los tratan mal, no hay respeto por nadie- detalla.

No cree, sin embargo, que para cambiar esta situación sirva acudir a las urnas en estos comicios. Cree que las cosas sólo pueden cambiar en la presidencial, donde sí va a votar.

-Necesitamos que haya mas justicia, cerrar ciclos, solucionar lo problemas de las AFP de las jubilaciones, o sea $200 mil de pensión no puede ser. Me da pena eso, matrimonios viviendo con esa plata para un mes, Dios mío, qué comerán, cómo vivirán, tiene que calefaccionar, comprar remedios, imagínate cuando se enferman- afirma.

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Pablo tiene miedo de que sus hijos reciban, como ocurrió con él, una educación deficiente. Y aunque estudian en el colegio Islas de Chile, de dependencia municipal, cree que la calidad de la enseñanza sólo puede mejorar con un buen Gobierno, por lo que, quizás, sí vote en la próxima elección.

-Lo mío no es de flojo. Es de desilusionado. Los políticos dejan harto que desear, por esas cosas de corrupción que uno ve en las noticias. Nunca creí que eran muy limpios, pero no pensaba que pasaban cosas tan graves. Mis hijos estudian acá cerca, en el colegio Islas de Chile. Si yo hubiera visto una mejora ahí importante, tal vez me hubiera motivado. Lo único que uno quiere es que eso mejore- concluye.

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