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El libro biográfico del periodista Manuel Maira “Jorge González: Una historia original” revela varios episodios inéditos de la vida del artista fundador de Los Prisioneros.

En un adelanto publicado hoy en la revista Sábado de El Mercurio, el periodista revela cómo cambió la vida del cantante tras el accidente cerebro vascular que sufrió en febrero de 2015.

“Las limitaciones físicas de Jorge no afectaban sus ganas de seguir adelante con lo artístico. Para sus cercanos, era común escucharlo decir que quería tocar, hacer conciertos, como si nada hubiera pasado”, escribe Maira.

El periodista además agrega que “la evolución de Jorge era relativa. Tuvo algunas caídas, por sus dificultades al caminar y había momentos en que estaba muy deprimido. Entre los medicamentos que tomaba había corticoides y antidepresivos. La situación volvió a complicarse en junio (2015) y su entorno decidió llevarlo a la Clínica de la Universidad Católica de San Carlos de Apoquindo, donde había neurólogos que le daban más confianza a sus cercanos”.

Asimismo, se lee que los médicos le dijeron a González que sólo le quedaban seis meses de vida cuando su estado de salud se complicó nuevamente en junio de 2015. “Ahí quedó internado por cuarta vez desde el episodio en Concepción. Después de una serie de exámenes, los médicos entregaron la noticia más dura en todo este tiempo: su expectativa de vida bordearía los seis meses“, se lee en el libro del periodista.

Fue así como los familiares y amigos del artista hicieron todo lo posible por cuidarlo. “Lo anímico era tan importante como lo estrictamente médico. Todos querían revertir el pronóstico’”, relata Maira.

“Corría el mes de julio y era urgente encontrar un lugar para que Jorge estuviera cómodo. Su amigo y mánager Alfonso Carbone, su novia Daniela y su hijo mayor, Antonino, colaboraron en la búsqueda que terminó con el arriendo de una amplia casa en La Reina. Ahí encontró un lugar adecuado para esta etapa. Tenía espacio para desplazarse, un patio, una pieza que destinó como estudio con instrumentos (…) El contacto con amigos lo mantenía mayoritariamente a través de Facebook. Un enfermero lo asistía en tareas domésticas, su novia se mudó con él y su hijo Antonino congeló sus estudios en la V Región para vivir con su padre en la nueva casa, con el fin de apoyarlo en la rehabilitación que incluía esforzadas visitas al gimnasio y clases de canto”, agrega.

La biografía del periodista también retrata el concierto que el año pasado homenajeó la trayectoria del cantante: “Mientras Jorge dejaba el lugar, el backstage era solo alegría. Los músicos se abrazaban y comentaban el histórico show que habían vivido. Incluso la distancia de años entre Álvaro Henríquez y Beto Cuevas quedó en el olvido, con abrazos y muestras de cariño favorecidas por la emoción del contexto. Era la celebración de Jorge pero sin Jorge. Apenas terminó su parte, partió a su casa junto a Daniela (su pareja) y su hijo mayor”.