Académicos-acusan-a-ex-rectora-de-pavimentar-el-camino-del-cierre

Cuando la ministra de Educación, Adriana Delpiano, comentó la semana pasada que la grave crisis financiera de la Universidad Arcis no era “sustentable en el tiempo” y habría que cerrar la casa de estudios, la ex rectora de la universidad, Elisa Neumann, salió a ofrecer las penas del infierno: “La comunidad universitaria en su conjunto ha decidido presentar una demanda contra el Estado”, comentó en una entrevista televisiva. Luego agregó que el Administrador Provisional, Patricio Velasco, no fue supervisado por el ministerio de Educación, no respetó los plazos legales de sus informes y no concretó un plan de administracion con participación de la comunidad.

Las palabras de la exmandamás no pasaron inadvertidas para los académicos y funcionarios que ella misma despidió durante su mandato. Varias fuentes consultadas aseguran que la postura pública de Neumann no es otra cosa que un vulgar lavado de imagen. “Ella sale en televisión defendiendo la continuidad de Arcis, intentando aparecer como una gestión de defensa, cuando en rigor fue un desarme. Ella quiso minimizar los daños que produjo el PC con su retirada de la universidad, tuvo un rol de encubrimiento porque aparece como si no fuera comunista y la verdad es que fue una agente de quienes retiraron los fondos”, detalla Miguel Vicuña, exdirector de la Escuela de Filosofía.

Neumann acusa a Velasco, el interventor que la relevó de su cargo en julio de 2015, por no consensuar un plan de administración con la comunidad universitaria. Es un objetivo que ella misma, acusan algunos académicos, debió haber hecho durante su período como rectora luego de una solicitud expresa del ministerio de Educación.

Algunos académicos aseguran que la demanda contra el Estado es una forma de endosar al Administrador Provisional la responsabilidad por el cierre del plantel. “Quieren usarlo como chivo expiatorio”, asegura Vicuña.

La oposición a la gestión de Neumann comenzó desde que asumió, en agosto de 2014, debido a que su designación, aseguran varios exacadémicos, carecía de legitimidad. Exdirectores y docentes de distintas escuelas aseguran que el propósito de la administración de Neumann fue encubrir los daños que dejó el Partido Comunista tras abandonar la corporación, eliminando los focos de disidencia política universitaria y pavimentando el camino del eventual cierre definitivo. Por eso a Neumann, si bien no le achacan el muerto, reconocen que fue la última en cargar el féretro.

AUTODESIGNACIÓN

Elisa Neumann, psicóloga de la Universidad de Chile con un magíster en psicoanálisis, comenzó su carrera docente en Arcis en el año 1994. En 2006 pasó a ser directora de la Escuela de Psicología y a fines de 2013, cuando el PC cede el control de la universidad ante acusaciones de lucro, Neumann pasa a integrar la mesa directiva que presidía Juan Andrés Lagos, entonces miembro de la Comisión Política del Partido Comunista y pareja suya hasta 1996. “Entró designada por los miembros del PC que se iban. Ella fue uno de los soldados de Lagos”, asegura un exintegrante del directorio en ese período.

Elisa Neumann dice que con el dirigente comunista nunca se casó, aunque tienen dos hijas, y que ella se retiró del partido en 1995. “Él no me nombró”, se defiende. “Cuando dicen estas cosas es como si yo no tuviese currículum suficiente para asumir estos cargos. Tengo historia en Arcis, dirigí su escuela más grande, la levanté y le di relevancia nacional”, agrega la sicóloga.

En mayo de 2014 Neumann fue elegida presidenta del directorio, el mismo que tres meses más tarde la nombra como nueva rectora de la universidad. De inmediato se levantó una fuerte oposición en la comunidad integrada por estudiantes, docentes y trabajadores quienes la acusaron de autodesignarse. “Si el nombramiento lo realiza el directorio, siendo ella presidenta, eso es una autodesignación a todas luces. Eso impactó especialmente por el contexto de democratización que atravesaba la comunidad universitaria que lo rechazó fuertemente”, explica Miguel Vicuña.

Andrés Leiva, exfuncionario de la Escuela de Psicología, señala que desde entonces gran parte de la comunidad académica y estudiantil comenzó a oponerse a su gestión. “Nueve carreras hicieron declaraciones en su contra. Fue transversal, desde artes a ciencias sociales”, explica. El problema fue reconocido por funcionarios del Mineduc que visitaron la universidad y advirtieron que la legitimidad de su cargo dependía de una futura elección que debía ser resuelta a la brevedad.

El directorio acusó el golpe y comunicó que Neumann lideraría, junto a la comunidad universitaria, un proceso de elecciones participativas para elegir un rector en noviembre de 2014. Nunca se llevaron a cabo. “En medio del clima de crisis no íbamos a estar llamando a elecciones, era imposible si había que conseguir plata y estabilizar la universidad”, se defiende la exrectora.

La comunidad estableció entonces una mesa cuatriestamental para votar estatutos y acordaron, en octubre de 2014, que llevarían a cabo un proceso para elegir rector. “Había un grupo de académicos que no sé de dónde sacaron que Arcis se podía manejar con asambleas de estudiantes y profesores”, recuerda Elisa Neumann.

Varios académicos coinciden que durante este período comenzaron los despidos. “Al otro día de la sesión donde se acordaron las elecciones, en la que representé al sindicato, me despiden sin pagarme hasta hoy la multa por no aviso”, denuncia Leslie Maxwell, ex jefa de carrera de Pedagogía en Lengua Castellana y Comunicación.

Miguel Vicuña afirma que los despidos injustificados continuaron en casi todas las unidades académicas: “Nunca dio explicaciones a nadie, fue una gestión completamente autoritaria”.

En octubre de 2014, Rodrigo Casanova, coordinador de la Escuela de Fotografía, llegó a la portería y se encontró con una lista donde aparecía él y otros docentes, a quienes se les prohibía el ingreso a la universidad. “La rectora nos perseguía porque no estábamos de acuerdo con sus decisiones y nos amenazó con despidos”. Neumann asegura que la medida se implementó después de una reunión con los académicos donde, asegura, casi la “matan”. “Eran personas muy odiosas y violentas que azuzaban a los estudiantes”, argumenta.

En febrero de 2015, Casanova junto a Miguel Vicuña fueron notificados de su despido. “Nos echó en verano para que no se opusieran los estudiantes. La causa era graves incumplimientos de contrato, siendo que no nos pagaban hace 8 meses y estábamos trabajando gratis”, dice Casanova. Los motivos de los despidos, entre ellos a varios jefes de carrera, asegura Vicuña, fue algo intencional: “todo fue dirigido para provocar la debacle de la universidad”.