Mauricio Hernández se cansó de estar en silencio. Recluido en la “Penitenciaría Federal de Campo Grande” en Brasil por el secuestro del empresario Washington Olivetto, Hernández decidió publicar el libro “Un paso al frente, habla el Comandante Ramiro del FPMR”, en que repasa su vida como guerrillero.

El escrito es la única arma que hoy tiene el mítico líder subversivo que huyó de dos penas carcelarias de la justicia nacional por el asesinato de Jaime Guzmán y el secuestro de Cristián Edwards y que enfrenta desde 2002 una condena de tres décadas por el plagio de Olivetto.

Jorge Pavez, uno de los editores del texto de Hernández, cuenta por qué “El Comandate Ramiro” ha querido relatar su historia vinculada al Frente y al combate de la dictadura pinochetista.

Doctorado en sociología y exprofesor de la Universidad Alberto Hurtado -acusa que fue desvinculado por “sus llamados al diálogo con los estudiantes en toma, y por las investigaciones y docencia sobre género y sexualidad”-, Pavez detalla que hoy se desempeña como investigador asociado del Departamento de Filosofía de la Universidad Metropolitana de Ciencias de la Educación (UMCE). También explica que, tras compilar documentos y entrevistas dadas por el Comandante Ramiro – y reunir material a través de la familia del frentista-, logró construir este relato de 250 páginas en que se cuestiona la versión oficial del fin la dictadura y de la transición democrática.

¿Cómo nació la idea de hacer este libro?
La lucha armada en América Latina y el proyecto popular revolucionario es algo que me interesa desde hace mucho tiempo y también a Laurence Maxwell, coeditor del libro. Además, el año pasado apareció mucha información del FPMR y de los que participaron en la historia relatada por la serie “Guerrilleros” (Chilevisión), y el que está en la peor condición de los que participaron es Mauricio Hernández. Él lleva 15 años en el “Régimen Disciplinario Diferenciado” en Brasil y está en total aislamiento e incomunicación. Eso nos hizo pensar en que él pudiera dar su versión de la historia, porque no ha tenido la oportunidad de dar su interpretación de lo que le tocó vivir y de la posición activa que tuvo en la lucha contra la dictadura.

Ustedes plantean que el Estado de Brasil y Chile acordaron mantener a Ramiro en esta situación, mientras que torturadores cumplen condena en nuestro país. ¿Cómo analizan este escenario?
Es absurdo. Por la ley antiterrorista, Mauricio y los que fueron condenado por el caso Guzmán o Edwards, no tienen derecho a indulto presidencial. En cambio, los milicos que están presos por terrorismo de Estado sí podrían ser indultados porque están presos por delitos comunes o de lesa humanidad. En el caso de Mauricio, fue condenado en un juicio de menos de dos semanas por un juez que era declarado pinochetista (Alfredo Pfeiffer) y nunca tuvo un debido proceso y garantía de nada.

En la película “NO”, por ejemplo, se ve un retorno a la democracia por la vía publicitaria. ¿Con estos recuerdos, se borra lo que ocurrió y sólo queda lo bonito?
Es que es producto del marketing. Ese es el relato de la democracia tutelada y de la transición pactada. Por algo lo hace el hijo de Hernán Larraín, principal cineasta actual en Chile y un tipo con cultura de derecha que ha hecho toda la narrativa de la cinematográfica de la transición en una versión así. Por eso la serie “Guerrilleros” pasa a ser tan importante porque eso te abre a otra narrativa, sin el estigma típico sobre los terroristas y extremistas, sino que saca todo eso y muestra una historia real de los que participaron en eso.

A diferencia de las Farc, el FPMR no carga con civiles muertos. Si mataban, se trataba de alguien que participó en la dictadura, ¿no?
Eso es algo bonito que la “Negra Fabiola” planteó en el lanzamiento del libro. Fue la única mujer que participó como fusilera en la operación contra Pinochet y en su intervención, ella hizo una reflexión potente sobre lo que significa poseer un arma y tener la vida de la gente a tu merced porque eso te hace valorar más el concepto de vida. ¿Cuántos movimientos revolucionarios que usan las armas tienen un prontuario tan limpio en términos de víctimas fatales?

Ramiro lo dice bastantes veces durante el libro: “La mejor operación es la que no se dispara un tiro”.
Sí, porque lo que importa era generar una conciencia y como dice él también, “el Frente hablaba por acciones”. En el caso que te tomes una radio y pases una proclama, esa es una forma de instalar una conciencia y de avanzar en el sentido de vanguardia dentro lo que era que era la insurrección nacional contra la dictadura. Es contra eso que la Concertación reaccionó porque le convenía mucho el modelo económico que dejó Pinochet armadito y la insurrección nacional no iba a permitir que ese modelo continuara así. Por eso entran los poderes como el Vaticano y Estados Unidos: nadie quería ver al pueblo de Chile alzado contra el Estado.

Rodrigo: el comandante olvidado
Ramiro destaca en distintos capítulos a Rodrigo (Raúl Pellegrin), quien murió en el olvido y fue tildado como el gran líder del Frente. ¿Esas historias también buscan destacar el libro?
Este movimiento fue estigmatizado y los medios de comunicación también tienen mucho que ver con eso. Raúl Pellegrin era un tipo único, del calibre de Miguel Enríquez o de esos personajes que los movimientos revolucionarios tienen una vez cada cuanto y que constituyen un liderazgo del que se logra articular toda una organización. Al final de la historia, ellos van a quedar como héroes y si mi hijo me pregunta por un héroe en la historia de Chile, ¿de qué tipo de héroes les voy a hablar? No le voy a hablar de Arturo Prat que es un fome y que además, murió en una guerra imperialista del colonialismo chileno.

También son héroes que nacen desde nuestra sociedad y no desde “la democracia burguesa”, como le llama Ramiro a personajes como Bernardo O’Higgins que están en caballo y con su traje de caballero.
Es que estos son personajes nacidos del pueblo y el pueblo decidirá si lo quieren tener como líderes. Eso es altamente peligroso para el establishment porque se muestra una posibilidad que siempre se trata de cerrar: la insurrección popular.

Por otro lado, ¿nunca hubo un acercamiento oficial para que los integrantes del Frente se puedan reinsertar?
No. Esas situaciones también los hacen pensar en sus destinos en términos individuales porque en la democracia, algunos dicen “me voy a acercar a “La Oficina”; otros dicen “mejor me voy a la casa”; y los restantes se van a una guerrilla a otros países. Esa es la desintegración y después del asesinato de (Jaime) Guzmán, se viene la debacle. De hecho, el secuestro de Edwards es una acción desesperada porque ya no tenían ningún peso, pero eso no significa que no sea una operación política. La plata no era para el bolsillo particular de nadie, sino que era para seguir existiendo como organización política. Y eso fue necesario porque la transición pactada no ofreció ninguna alternativa oficial de reinserción a los combatientes.

Álvaro Corbalán pidió un indulto presidencial hace unas semanas y Ramiro no puede. ¿Qué piensas de esa situación?
Esa es una gran deuda de los gobiernos posdictadura porque nunca supieron pensar en cómo hacer justicia. Quizá no les interesaba jugársela por la justicia. En el fondo, priorizaron otras cosas y es una tarea pendiente porque no saben cómo hacer que paguen los torturadores. Aunque también hay que saber que la derecha en Chile es muy poderosa y son una minoría, como decía el sociólogo Lechner: ‘son una minoría consistente’. La derecha ocupa los espacios de poder y se imponen sobre todo lo demás porque la UDI siempre va a tratar de usar esto para reforzar su tesis de los “dos demonios”. Esto significa que indulten a los torturadores y ahí veríamos si son indultados estos otros, los del Frente. Pero no sólo hay que hacer justicia de meter a los torturadores presos, sino que también hay que meter a una serie de líderes políticos civiles, especialmente de la UDI. Mientras este tipo de civiles no pasen a tribunales por administrar un gobierno que asesinaba a personas indefensas y a sus opositores, por esconder y encubrir esas muertes y torturas, por robar el patrimonio de todos los chilenos con las privatizaciones, mientras eso no ocurra, va a haber un grave problema no resuelto en el imaginario político chileno.

Las últimas balas de Ramiro
En diciembre del año pasado se cumplió 20 años de su escape de la Cárcel de Alta Seguridad (CAS) ¿Por qué Ramiro decide contar por primera vez sus relatos fuera de la cárcel?
Creo que no había tenido la posibilidad de contarlo porque no puede hablar y ni siquiera puede escribir. A partir del 2010 para adelante, recién empezó a poder dar entrevistas y las dio a medios como Chilevisión y a Telesur. Antes, sólo hay una que dio a El Mercurio, pero fue cuando estaba preso en Chile y es ahí cuando Mauricio dice que “lo de Guzmán es un error político”. En relación a la fuga, es interesante hablar de eso porque hay cosas que no se conocen como quién fue el piloto. En el libro, se dan detalles inéditos de lo que pasó y hay un cierto heroísmo de un tipo que hace un curso para hacer ese vuelo, ya que nunca había pilotado antes de hacer el vuelo a la cárcel. Tenía cero horas de práctica y lo que hace es agarrar el helicóptero y se va a buscarlos. Esa audacia y temeridad es de alguien que está motivado y que arriesga su vida para salvar a los compañeros.

Se puede hablar también de la admiración que les tenía, ya que decidió arriesgarse y había muchas posibilidades de perder.
Eso tiene mucho que ver con la ética guerrillera. No dejan nunca a un compañero caído y si está herido, lo rescatan. Y si está en la cárcel, también tienen que montar una operación para que pueda escapar. Crean una hermandad a toda prueba porque al final, tu vida está en mano de tus compañeros y viceversa.

La filosofía de Ramiro después de la dictadura es interesante: dice que podría haber armado una familia y desligarse de las guerrillas del continente, sin embargo, aclara que fue consecuente. ¿Por qué crees que decidió seguir por ese camino?
Es que quería seguir una experiencia guerrillera internacionalista porque esa ha sido una convicción muy fuerte de la izquierda en Latinoamérica: apoyarse en los procesos revolucionarios de distintos países. En Chile, era muy difícil y no podía hacer nada porque se había caído toda la estrategia y además, la organización estaba en el suelo y no había una propuesta clara para reinsertar al Frente y a sus militantes en un proceso político. Me parece que opta por esa lógica y sigue la cita de Silvio Rodríguez, la idea de morir como viviste. También plantea que en la guerrilla colombiana con el ELN (Ejército de Liberación Nacional) vivió momentos muy buenos porque después en la transición local, atravesaba una situación de represión permanente y de clandestinidad que lo obligaba a vivir encerrado. En la guerrilla eso cambió y cuenta en el libro que allá no podía caer preso y no lo iban a torturar. Las opciones en la selva son: o te matan en una acción armada entre ejércitos o vives; pero no te pueden apresar al doblar en una esquina por culpa de unos chanchos de la CNI que te metían en un auto, porque en la guerrilla no ocurre eso.

¿Por qué decidieron ordenar el libro de esa manera, con enfrentamientos históricos del Frente contra los represores de la dictadura, incluyendo el relato de su vida durante la transición hasta llegar a la actualidad?
Es para que se pudiera hacer un relato histórico como una memoria. El texto fue ordenado cronológicamente y por eso, el libro empieza en primera persona con su relato “yo entré al Partido Comunista”, en el que cuenta cuando era joven y militaba en la Quinta Región. Después va contando cómo se va involucrando en la operación del Frente y la idea era que fuera contando desde la perspectiva de él, porque es muy cuidadoso en no especular y en ponerse a hablar de cosas que no sabe.

Y la autocrítica se mantiene en muchos capítulos del libro.
Es importante que sea así porque está organización también cometió muchos errores que tienen su explicación en la persecución permanente que tenían sobre sus hombros. Este escenario no les permitía mantener debates democráticos en que todos opinen para luego tomar decisiones. A veces, se tomaban decisiones equivocadas y también se cometieron errores de análisis del devenir histórico y de la situación política contingente.

¿Y cuál sería el análisis que haría Ramiro si pudiera ver cómo estamos viviendo ahora?
¡Qué complicado! Lo que pasa es que vive desde hace 15 años encerrado en una cárcel, sin comunicación y acceso a los medios. No tiene derecho a nada. Así que la información que le llega es a través de sus familiares que lo pueden ver cada dos o tres meses y sólo está actualizado en cosas básicas. Le faltaría acceder a muchas cosas para poder hacer una reflexión y un aporte al debate. Pero lo que sí está haciendo con este libro es un aporte a la memoria histórica.