Así es la autobiografía de Jorge González: Los Prisioneros, las drogas, el triángulo amoroso

“Con un sistema muy sencillo podíamos multitrackear y agregar voces y baterías. Sonaba como el orto y a nadie se lo mostrábamos de pura vergüenza (…). Hicimos covers de Devo, The Stranglers y The Clash, pero salían tan mal que empezamos a tratar de hacer temas. Al principio era entre los tres, pero cuando aparecí con Brigada de negro todo parecía mucho más en serio, por la obvia calidad de los temas que me surgían (…) Pocos daban un peso por la banda, aunque me daba lo mismo”.

Después de un trabajo que demoró cinco años, a fines de este mes sale a la luz “Héroes”, el libro autobiográfico de 79 páginas donde Jorge González cuenta todo sobre los pasajes más intensos de su existencia: la niñez, Los Prisioneros, las drogas. Acá un extracto de algunos capítulos que adelanta La Tercera.

La infancia

“Puedo jactarme de una buena infancia, a pesar de mi asma y esa devoción a jugar pichangas bien peleadas y transpiradas. Jugaba en la selección del curso de puro simpático, porque siempre fui malo del verbo malo y no olvido que mi mamá nos hizo y pegó números en un juego de camisetas amarillas que mi papá regaló al curso y con menuda pintacha fuimos a representar al colegio a la ‘Ciudad del niño’ presidente Juan Antonio Ríos en la Gran Avenida… Mi abuelo materno se llamaba así y los pacos creían que les tomaba el pelo con semejante nombre cuando se lo llevaban curado y le aforraban duro por graciosito”.

Los Prisioneros

“Con un sistema muy sencillo podíamos multitrackear y agregar voces y baterías. Sonaba como el orto y a nadie se lo mostrábamos de pura vergüenza (…). Hicimos covers de Devo, The Stranglers y The Clash, pero salían tan mal que empezamos a tratar de hacer temas. Al principio era entre los tres, pero cuando aparecí con Brigada de negro todo parecía mucho más en serio, por la obvia calidad de los temas que me surgían (…) Pocos daban un peso por la banda, aunque me daba lo mismo”.

Las drogas

“Me cogí una mala adicción: la cocaína. Buscando reemplazar el ejercicio del sexo busqué las drogas como auxilio, con negros resultados y una especie de renta cara. Es una enfermedad muy de ciudad y al parecer la metieron los puritanos milicos, que cualquiera salta por dos pesos (…). Todavía me cuesta mirar en esos años, pues yo sabía en lo que me metía y fui igual (…). No quiero dar sermones más la enfermedad de las drogas parece inevitable hoy. Pasta base barata, ‘algo pa’ la mente’ acompaña al humano sin esperanza en este planeta en crisis en los últimos cinco años”.

El triángulo amoroso

“En Santiago, tanto se me acercó la mujer de Claudio, Claudia, que me caí para no levantarme en años. Me enamoré profundamente y poco me importaba nada, así estaba de envanecido. Caro lo pagué y aún duele cagarla de tal manera (…). Supo el colega de lo nuestro por unas cartas enviadas desde Colombia que yo escribí y mandé y nos pilló. Ardió Trosha y la banda se fue a la mierda en una semana”.

 

 

 

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