Mario Vargas es chileno, corredor aficionado, compite en maratones en la categoría 65 a 69 años. Es bueno. De hecho gana entre los suyos. Pero no con los amigos, sino en las carreras que disputa en serio. En 2015 se coronó en Nueva York y también ha sido campeón mundial en Francia. Por eso es que la competición en Boston, este último fin de semana, era para este miembro de los Santiago Runners un escenario ideal, la madre de todas las maratones, el lugar para confirmar que es bueno, que gana, porque se lo propone y se prepara.

Pero la vida tiene esas circunstancias especiales, imprevistas. Mario fue protagonista en Boston, mas no por su crono. Por una imagen que dio la vuelta al mundo y capaz que valga más que la medalla.

“El primer episodio fue en el kilómetro 29. Yo ya iba caminando porque estaba acalambrado, ya había recibido asistencia médica e incluso se me había dicho que me retirara. Pero quise seguir. Fue ahí cuando delante mío se desploma un corredor norteamericano. Era macizo y junto con otro competidor lo levantamos del suelo y lo llevamos por 15 minutos hasta los puntos médicos. Él estaba al borde de la inconsciencia. Recibió la ayuda y al igual que yo decidió continuar”, relata a emol desde EEUU y luego de haber sido destacado en el diario Boston Globe.

La escena junto al gringo macizote no sería en todo caso la única en aquella jornada en que Mario postergaría su afán, su propia meta, para socorrer a otros, para demostrar que el deporte también es eso y no sólo ganar.

Ya en el kilómetro 40, a sólo dos del final, cuenta que “una mujer nuevamente se desplomó al lado mío. Ya no me quedaban muchas fuerzas. Así que junto a otro hombre, un bombero irlandés que era mucho más grande y que estaba más entero que yo, la recogimos. En el camino, y mientras la llevaba, me caí yo como en siete oportunidades. Pero tenía que ayudarla. Entonces el irlandés decidió llevarla en brazos, conmigo al lado. Estábamos cerca de cruzar la línea y le digo que la dejemos de pie, que ella cruce sola la meta para que así le reconozcan la carrera. Y así lo hicimos”.

“Ganar Boston era sumar una carrera más. Pero quedé mucho más feliz por la enseñanza y el ejemplo que les dejo a mis hijos y nietos. La pasión por este deporte te lleva a hacer estas cosas. Por eso lo amo”, dice.

Acaso sólo para los registros, Mario llegó a la meta cargando a la mujer y junto al irlandés, como refirió, la dejó de pie para que ella misma atravesara la raya final. En el reloj, el tiempo marcaba poco más de 3 horas y 35 minutos.