La Tercera publica un estudio y recoge opiniones de diversos profesionales de la salud respecto de cómo se enfrenta el sobrepeso en los distintos sectores socioeconómicos. Las miradas coinciden: en la cota mil las mamás tienden a ver a sus hijos más gordos de lo que realmente son, advierten rollos donde no los hay, mientras que en los sectores de menores ingresos la cuestión es al revés: gordito sanito.

Así por ejemplo, investigadoras de la U. de Los Andes -que entrevistaron a 129 pares de madres y sus hijos- detectaron que la mayoría de ellas tienen una distorsión de la imagen. El 54,8% en el caso de las madres de niños obesos y el 78,3% de niños con sobrepeso. Incluso hay un 26% de mamás de niños obesos que al mirarlos los aprecian como eutróficos (bien nutridos) y un 10% que los llega a ver flacos.

“Sus consecuencias son muy importantes, ya que generalmente es la madre quien se preocupa de la alimentación y actividad física del niño. Si la madre presenta una distorsión sobre el peso de su hijo y no ve su problema en relación al sobrepeso u obesidad, considerándolo como ‘de peso normal’, no seguirá un tratamiento adecuado, ni se centrará en alimentarlo en forma saludable”, explica Mariana Nuño, investigadora del Departamento de Psiquiatría de la U. de Los Andes.

La psiquiatra de la UC, Patricia Cordella, dice que hay un mecanismo defensivo para no ver la realidad. “Si el niño integra dentro de sus patrones de regulación emocional el comer, es muy probable que quede atrapado en la conducta del comer como regulador emocional, lo que puede usar en la vida, comiendo mucho o no comiendo”.

Para María Ignacia Burr, psicóloga del Centro de Nutrición y Bariátrica de Clínica Las Condes, “las mamás de niños de niveles más bajos tienden a normalizarlo, porque tienen incorporada esa idea. Cuesta insertar alimentos con menos calorías en niveles más bajos, lo que no pasa en los más altos, al contrario, lo que se espera en una mamá ABC1 es que el niño sea delgado, que es sinónimo de un niño sano, con control de sí mismo, voluntarioso, deportista”.

“Al revés, muchas madres de clase social alta consultan porque el hijo está gordo y al evaluarlo está normal, está alterada su percepción. Al decirles que está normal o incluso delgado, no lo creen y muestran lo que creen que es un rollo o te dicen que está grasoso, lo que en una niñita causa angustia, porque no cumple las expectativas de la madre de estar delgada y puede llevarla a presentar un trastorno de conducta alimentaria”, comparte la nutrióloga Mariana Hevia, coautora del estudio de la U de los Andes.