Columnista de LUN hace mierda al grupo VIP de la Roja que “hace lo que nos da la gana ¿y qué?”

“Si Alexis cambia sus planes de viaje porque se le dio la gana, que lo haga. Si Vargas quiere llegar más tarde a los entrenamientos, que lo haga. Si Mena toma, choca y más encima pone en peligro no solo su seguridad sino que la de otras personas, que se suba al avión no más. Total, como dijo Pizzi, “estaba en día libre y se presentó a la hora convenida” en Pinto Durán. No hay reglas ni límites ni para los cracks de la Roja. Ellos tienen sus propios códigos. Constituyen un Estado dentro del Estado. Se les perdona todo porque son buenos para la pelota, porque cantan a capella la canción nacional, porque son un paréntesis de éxitos en la historia sufrida y plagada de derrotas del fútbol chileno. Sigan así, cabros. Somos nosotros los equivocados”, escribe Sergio Gilbert.

El periodista Sergio Gilbert escribe una columna en LUN que se titula “Sigan así, cabros, somos nosotros los equivocados”. En el texto, refiere las constantes faltas de disciplina de los jugadores de la selección chilena, como cuando este fin de semana el lateral Eugenio Mena fue sorprendido manejando en estado de ebriedad y a gamba 60 por la Ruta 68. “Al Keno, y esto es literal, no le salió ni por curado. No fue detenido sino que solo se le hizo el tradicional control de domicilio, ni menos tuvo que esperar un par de horas en las heladas bancas de la comisaría para que se le pasara la caña y fuera formalizado como le pasa a cualquier chileno enfiestado. Simplemente lo mandaron para la casa a dormir la mona”.

Entonces, con ese ejemplo, es que Gilbert se pregunta y acaso pregunta al aire ¿Por qué? El mismo responde que es porque Porque Mena es seleccionado nacional de la Roja, y aquí no se guarda ninguna ironía, asunto que le confiere el estatus de ser uno “de los miembros del exclusivo club “hacemos lo que nos da la gana ¿y qué?”, fundado por los referentes del equipo nacional y que ya ha dado muestras de tener un poder incontrarrestable. Más encima, tienen a más de la mitad de los chilenos como respaldo porque “lo que realmente importa es que los cabros ganen””.

Para refrendar sus argumentos, cita que a esta generación, desde Sulantay -quien los forma- hasta Pizzi en la actualidad, ningún DT les ha parado el carro y, es más, han tenido manga ancha para hacer lo que han querido. Ejemplo, episodio Vidal y Mundial de Canadá en 2007.

“Si Alexis cambia sus planes de viaje porque se le dio la gana, que lo haga. Si Vargas quiere llegar más tarde a los entrenamientos, que lo haga. Si Mena toma, choca y más encima pone en peligro no solo su seguridad sino que la de otras personas, que se suba al avión no más. Total, como dijo Pizzi, “estaba en día libre y se presentó a la hora convenida” en Pinto Durán. No hay reglas ni límites ni para los cracks de la Roja. Ellos tienen sus propios códigos. Constituyen un Estado dentro del Estado. Se les perdona todo porque son buenos para la pelota, porque cantan a capella la canción nacional, porque son un paréntesis de éxitos en la historia sufrida y plagada de derrotas del fútbol chileno. Sigan así, cabros. Somos nosotros los equivocados”.

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