Asesino del Monticello: El falso robo al veterinario del Mercedes blanco

El 2 de febrero de 2015, Marco Pizarro caminaba tranquilamente por fuera de la 25° Comisaría de Maipú cuando fue detenido violentamente por cuatro carabineros. Osvaldo Campos junto a su pareja, que se encontraban al interior, lo habían señalado como autor de un robo con intimidación en su contra. Pizarro no entendía lo que pasaba. En el calabozo del lugar, se encontró con Bastián Núñez, acusado de ser su cómplice en el delito. Ambos, sin haberse visto nunca antes, estuvieron un año con arresto domiciliario mientras duraba la investigación. “Fue una verdadera pesadilla. Sobre todo sabiendo que era totalmente inocente”, asegura Pizarro. Antes de que el lunático veterinario asesinara a dos personas en el casino Monticello, otros dos sufrieron el rigor de su ley de la selva.

“Y a continuación, lo que todos vinieron a ver. Con ustedes… ¡Pinocho!”, exclamó el animador de aquella tarde familiar en la plaza de Maipú, parado en el escenario que la municipalidad había dispuesto para el evento. Mientras el telón se abría, en el atardecer de ese 4 de febrero de 2015, Marco Pizarro estaba sentado en el departamento de Planificación de la Municipalidad, su lugar de trabajo, a no más de doscientos metros de la plaza. Había pasado la tarde armando el escenario y ya estaba cansado. A eso se dedica desde hace diez años. “¿Vas a ver la obra, Marco?”, preguntó uno de sus compañeros. Pizarro respondió que no, que prefería descansar. Marco Pizarro, de 32 años, había logrado zafar de Pinocho, aunque horas después no tendría la misma suerte con Osvaldo Campos, el veterinario que el domingo 2 de julio pasado mató a dos personas en el casino Monticello de San Francisco de Mostazal, tras perder casi 20 millones de pesos, y que a diferencia de la marioneta no tenía ningún efecto secundario al mentir. A las 22:30 horas, Pizarro caminó rumbo a la plaza. Debía prepararse para desmontar. “Quise acortar camino por la calle Bailén, justo frente a la Comisaría”, relata hoy el trabajador de la Municipalidad de Maipú. Al pasar por fuera de la puerta principal del recinto, una mujer lo miró fijo. “¡Fue él! ¡Fue él!, gritó hacia adentro, como dando aviso a los pacos. Pensé que estaba loca y seguí caminando”, recuerda. Sólo alcanzó a dar un par de pasos antes que cuatro policías aparecieran, con sus armas en ristre, ordenando a gritos que se detuviera. Marco Pizarro no entendía nada. Le dijeron que fue acusado de robo con intimidación y que debía acompañarlos. Aceptó. Se sentía seguro de su inocencia. Osvaldo Campos, al verlo, confirmó a carabineros que él era el que intentó robarle su Mercedes Benz hacía un par de minutos. A Pizarro le pidieron sus datos y lo llevaron al calabozo. Ahí se encontró con Bastián Núñez, de 20 años. ¿Por qué estás acá?, le preguntó. Un tipo me acusó de querer robarle el auto, pero está mintiendo. Él y su pareja están mintiendo, le contestó. Ambos pasaron la noche en la Comisaría. Las restantes noches del año lo harían en sus domicilios tras decretarles arresto domiciliario nocturno. *** Osvaldo Campos, desde que llegó a la 25° Comisaría de Carabineros de Maipú para efectuar la denuncia, mantuvo siempre la misma declaración. En la causa, a la que tuvo acceso The Clinic, dice que ese 4 de febrero iba junto a su pareja Vanessa Domel, en su Mercedes blanco por la calle Manuel Rodríguez. Al detenerse en el semáforo de la esquina de calle Bueras, Bastián Núñez y Marco Pizarro los abordaron con armas de fuego. “Esto es un robo, bájense del auto”, les habrían dicho. Campos arrancó rápidamente, iniciándose una persecución por las calles de Maipú. Para perderlos, ingresó al subterráneo del supermercado Jumbo ubicado en avenida Pajaritos. Ahí, los supuestos delincuentes le hicieron una encerrona, dispararon sus armas, pero el veterinario logró escapar. Condujo hasta la Comisaría para denunciarlos por intento de robo. Mientras hacía el trámite, Vanessa decidió salir a fumar. En ese momento divisó a uno de los supuestos sujetos, avisando de inmediato a Carabineros. Según ella, Marco Pizarro la habría mirado amenazantemente. Vanessa Domel cambió reiteradas veces su versión a lo largo del juicio. En la última aseguró que pudo haber sido Pizarro como cualquier otro. De lo único que estuvo segura fue que “los individuos andaban en un auto flaite”. Bastián Núñez reconoció la persecución. Era el dueño del Nissan B16 rojo, del año 1997, el auto flaite. A él lo atraparon porque Domel alcanzó a anotar la patente de su vehículo. Carabineros, tras la denuncia, llegó a su casa en pocos minutos. Núñez tiene una versión completamente distinta de los hechos. Esa noche, según cuenta a The Clinic, manejaba su auto en dirección a la plaza de Maipú acompañado por su cuñado. Paró cuando el semáforo dio rojo. En eso, un Mercedes Benz blanco dobló por segunda fila e impactó su vehículo. Se alteró. Le tocó la bocina para que se detuviera, pero el conductor se dio a la fuga. “Quería encararlo por el choque para que se hiciera responsable”, relata. El Mercedes, según sus palabras, era demasiado rápido “e iba pasando con rojo todos los semáforos. Yo lo seguí haciendo lo mismo. No quería perderlo de vista”, reconoce. De repente, el vehículo ingresa al subterráneo del Jumbo. Él lo sigue. En una maniobra que aún recuerda bien, le bloquea el paso para salir. “Me bajo del auto para encararlo y en vez de frenar, el tipo aceleró. Si no me corro me atropella”, recuerda. Anotó la patente del Mercedes, pero no pudo continuar la persecución: su auto se recalentó. Esperó que bajara la temperatura para llevárselo a su casa. “Ya estaba acostado cuando carabineros llegó, a eso de las once de la noche. Allanaron la casa buscando armas pero no encontraron nada. Les expliqué que me habían chocado y por eso perseguí al tipo, les mostré el papel con la patente que anoté porque al otro día pretendía denunciarlo, pero nada los convenció. Le creyeron a él, al veterinario del Mercedes”, asegura. Lo detuvieron inmediatamente. Minutos más tarde conocería a su compañero de celda aquella noche: Marco Pizarro. *** “La abogada que llegó a la celda, me dijo que arriesgaba 10 años de cárcel. No lo podía creer. Yo no había hecho nada. Me han contado lo que es estar preso y definitivamente no quería pasar por eso”, recuerda Pizarro. A Núñez y Pizarro les dieron prisión preventiva hasta que terminara la investigación, otorgándoles el beneficio de la reclusión nocturna. Más de un año tuvieron que llegar a sus casas a las nueve de la noche y permanecer hasta las seis de la mañana, todos los días. Bastián Núñez trabaja desde los 18 años en una pequeña empresa de grúas, creada por él. De hecho, antes de cruzarse con Osvaldo Campos le prestaba servicios a dos comisarías. Tenía varios clientes. Incluso fuera del país. “Con la reclusión nocturna mi empresa se vino abajo. Presto servicios las 24 horas, entonces había trabajos que no podía realizar y me dejaron de llamar. Me tuve que olvidar también de salir de Chile, porque estaba con arraigo nacional”, cuenta. Su empresa estuvo al borde de la quiebra. Los carabineros llegaban a sus casas a cualquier hora. Pizarro recuerda que muchas veces lo hicieron a las cinco de la madrugada, poco antes de que se levantara a trabajar. Núñez asegura que entraban a su hogar con escándalo. “No tenían respeto. Todos los vecinos los sentían, porque tocaban la puerta muy fuerte. Eso podía ser a las nueve o a las tres de la mañana”, cuenta. Estuvieron así hasta que llegó el día de la sentencia definitiva, a finales del 2016. Núñez y Pizarro se sentaron juntos, con sus abogados al lado. Osvaldo Campos estaba en el otro extremo junto a Vanessa Domel, entonces pareja del veterinario, disfrazada con una peluca rosada y un abrigo que le cubría todo el cuerpo. Argumentó que tenía miedo que la reconocieran en la calle tras el juicio. La mujer fue contactada para este artículo, pero no quiso dar declaraciones. Campos, según el relato de los denunciados, tuvo en todo momento una actitud excesivamente prepotente. Incluso, aseguran, le levantó la voz varias veces a la jueza. “Nos miraba en menos a todos: jueces, abogados y obviamente a nosotros”, recuerda Marco Pizarro. Al veterinario le tocó contar su versión de los hechos. “El niño ordinario que está allá me disparó”, dijo apuntando a Núñez. Agregó que anotó la patente de su auto con un lápiz de oro y que sabía exactamente la pistola con la que había sido atacado, porque era parte de un club de tiro y portaba armas frecuentemente porque se dedicaba a cazar. Marco Núñez reconoce que estaba asustado en el juicio. En el Quinto Tribunal de Juicio Oral en lo Penal, ante todos los involucrados, el juez argumentó que la versión de Vanessa Domel era muy contradictoria a la de Campos. Domel dudó si la persecución se inició por un intento de robo y terminó desmintiendo que Núñez fuese uno de los involucrados. Funcionarios de la Sección de Investigaciones Policiales de Carabineros, concluyó que el Mercedes Benz no tenía rastros de impactos de balas, pero sí picaduras provocadas por posibles piedrazos, que probablemente se efectuaron en el subterráneo del Jumbo. Lo único que el Tribunal comprobó fue que hubo una persecución entre Núñez y los denunciantes, dejando fuera de cualquier relación con los hechos a Marco Pizarro. Ambos fueron declarados totalmente inocentes. *** Marco Pizarro se enteró de la muerte de Osvaldo Campos por televisión. Había bloqueado ese nombre en su cabeza. “Fue una verdadera pesadilla. Tras el juicio ni siquiera pensé en acciones legales porque quise dar vuelta la página rápidamente”, cuenta hoy. Le dijo a su hermana que el tipo de la tele fue el que lo metió preso. “Mi hermana me miró y me dijo que me quedara tranquilo, que todo se paga en esta vida”, recuerda. A no más de dos kilómetros de su casa, Bastián Núñez vio la noticia por Facebook. Quedó impactado. “Gracias a Dios no me mató a mí”, pensó. Al día siguiente, pasó por fuera de la casa del veterinario. Vio que había gente agolpada. Se bajó del auto y se acercó. “Escuché las historias de muchas otras personas que se juntaron para contar como este tipo los había dañado. Yo también conté la mía”, cuenta. Dos días después de que Campos se suicidara en Monticello, Bastián Núñez está en el patio de la misma casa que carabineros allanó hace dos años. Le cuesta concentrarse. Su celular con el que trabaja no deja de sonar. Cuando contesta responde que lo esperen un poco. Se despide, se sube a una grúa roja, mismo color que el auto con el que persiguió a Campos, y acelera rápidamente.
Comentarios
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