La escena quedó registrada así. El tenista español Rafael Nadal jugaba los octavos de final de Wimbledon ante el luxemburgués Gilles Müller (terminaría perdiendo en casi cinco horas) y en uno de esos cambios de lado se pone a comer una barra de gel, suplemento electrolítico habitual en los deportistas. Nadal mira concentrado, a lontananza, y de pronto llama a uno de los chicos que ofician de recogepelotas para pedirle que bote a la basura lo que seguramente es la tapa del producto.

Pero lo que Nadal no advierte, o sí, es que el basurero está ubicado a pocos centímetros de su brazo izquierdo, al lado de su silla, y no cerca del muchacho en cuestión.

Entonces surge la polémica. ¿Sabía Nadal que bastaba con girarse para botar el papelito o tapa a la basura o no se dio cuenta y por eso, por la concentración que exige una instancia como los octavos, llamó al asistente?

Más allá de la interpretaciones o explicaciones que pudieran llegar, al español lo han tratado de arrogante, como que casi vio en el joven a un vasallo.

“Cuando eres demasiado rico para poner tu propia basura en el basurero que está a tu lado #Wimbledon #Nadal”, tecleó el usuario @Callumdeegan88. “Amigo, el basurero está a dos metros de distancia”, escribió por su parte @louisbishop.

“#Nadal es un poco arrogante, ¿o no? Le pide a los niños recogepelotas que pongan su basura en el basurero que está justo a su lado y le arroja toallas a la gente #wimbledon”, tuiteó @LeeChronicle.

El columnista del USA Today, Andrew Joseph, entrega una visión diferente. “Cuando un partido toma tanto, Nadal no tiene tiempo para girar a su izquierda y tirar la basura. Después de que el tenista español disfrutó de un suplemento electrolítico, llamó a un recogepelotas de Wimbledon para que le botara la basura. Nadal puede que no haya sabido que el basurero estaba justo al lado de él, pero la respuesta entusiasta del joven recogepelotas hizo que el momento fuera asombroso”.