Aunque a ratos Roger Federer parece desplegar su tenis en otra dimensión de la realidad, el suizo ha demostrado en más de una oportunidad que es un ser humano, que sufre, llora, que incluso se le pasan las copas, algo bastante impensado para quien es considerado uno de los deportistas más grandes de todos los tiempos, sino el que más.

Pues bien, acaba de confesar el máximo ganador de Grand Slams de la historia del tenis masculino (19) que tras levantar su octava corona en Wimbledon, con todo lo que ello implica, simplemente celebró hasta borrarse.

Sí, aunque suene impropio en él, el mismo Roger cuenta que tomó hasta altas horas de la madrugada y transitó en esos espacios donde la realidad comienza a confundirse.

“Me pesa la cabeza ahora. No sé qué hice la pasada noche. Creo que mezclé demasiadas bebidas alcohólicas”, admitió.

La farra del Roger, como él mismo dice, tuvo lugar en un bar londinense junto a un grupo de amigos.

“Me fui a la cama a las cinco de la mañana, y cuando desperté, no me sentía demasiado bien. Hace una hora que la cosa ha mejorado… Lo pasamos bien”.