La directora de la organización ICAN,  Beatrice Fihn, entidad que acaba de ser distinguida con el Premio Nobel de la Paz, conversa con The New York Times sobre la posibilidad de que se desate una hecatombe nuclear. Esto por las constantes amenazas cruzadas que se dedican el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y el líder norcoreano, Kim Jong-un.

“Estoy muy preocupada. Hay dos países, Estados Unidos y Corea del Norte, que han amenazado con usar armas nucleares para aniquilar al otro, y lo han hecho de forma indiscriminada. Si lo llegan a hacer o no, ni siquiera es el punto. La tensión creciente y el peligro de que haya un accidente o un error de cálculo podría hacer que las cosas terminen muy mal. En ese sentido, lo que sucede entre Corea del Norte y Estados Unidos es un llamado de atención para el mundo entero: ya no puede dar por sentado que no habrá enfrentamientos nucleares. Mientras las armas nucleares existan, esa es la realidad. Y si las armas nucleares existen indefinidamente algún día serán usadas”, advierte.

Fihn dice que “hay que entender algo: estas armas están apuntando a algo, están listas para ser lanzadas en cuestión de minutos en algunos casos. Aun si estos países deciden no utilizarlas, el riesgo de que haya errores o accidentes es ya demasiado grande como para no erradicar las armas nucleares”.

 

Sobre el uso de las armas nucleares como medio disuasivo, contesta que “tener armas nucleares no es ningún método de disuasión, es la amenaza constante de producir un genocidio. Eso es algo que ya es ilegal, de acuerdo con el derecho internacional”.

Consultada sobre los países que no son nucleares; o sea, la mayoría, dice que la primera consecuencia sería la detonación inicial. “Y mientras más grande la bomba, más grande el radio al que podría llegar, que no se limitaría a los países en conflicto. Arrasaría con todo a su paso y se producirían tormentas de fuego que calcinarían todo lo que tocaran. De ahí vendría la primera ola de radiación que acabaría con toda las formas de vida a las que afecte. Luego los efectos a largo plazo, causados por la radiación: los niños morirían, las mujeres embarazadas tendrían abortos o sus hijos nacerían muertos. Muchas podrían nunca volver a embarazarse. Son efectos que ya se vieron en Hiroshima y Nagasaki. Si se detonasen varias bombas, las partículas de los grandes incendios subirían a la atmósfera, produciendo una capa entre la Tierra y el Sol, haciendo que las temperaturas en el planeta desciendan”, explica.

 

Por eso es que argumenta que, aludiendo a Trump o Kim, “amenazar con una guerra nuclear no es una buena estrategia; creer que eso puede darle más seguridad a tu país es falso: solo crea mayor inestabilidad y pone más cerca una tragedia humanitaria incalculable”.

 

“Es muy preocupante que Estados Unidos ofrezca destruir totalmente a otro país, que quiera aumentar su arsenal militar, que es exactamente lo contrario de lo que debería suceder. Ahora hay un riesgo muy alto de una guerra nuclear o de un accidente nuclear”. sintetiza.