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29 de Octubre de 2025“Es un libro muy íntimo”: La revolución del amor y la sexualidad en “Muere lentamente quien no sueña” de Florencia Eluchans
Ambientada en el París de 1968, la tercera novela de Florencia Eluchans, Muere lentamente quien no sueña, explora la libertad femenina a través del despertar emocional y sexual de su protagonista. En conversación con The Clinic, Eluchans calificó su libro como un reflejo de los cambios sociales y personales de esa época.
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“Muere lentamente quien no sueña” es la tercera novela de Florencia Eluchans. Está ambientada en París, Francia, de 1968 donde las calles estaban plagadas de estudiantes manifestándose. Entre esos universitarios se encuentra la joven chilena Isabel junto a su marido Martín, quienes estudian literatura. En ese viaje, Isabel va redescubriendo y traspasando límites, especialmente en lo sexual de la mano con Lucía.
Sobre por qué ambientar esta novela en esos años, Florencia Eluchans explica a The Clinic que “quería escoger como un contexto histórico que haya estado marcado por cambios profundos para que hicieran de espejo con el cambio interno que estaba viviendo la protagonista. ¿Por qué París? Porque tengo un vínculo emocional con París. Porque fue la ciudad que recibió a mi mamá para el exilio en 1975, pero en el fondo tengo familia allá y es algo que me es relativamente cercano“.
“En el fondo escogí este momento porque es un momento en la historia súper relevante porque como que replantea el arquetipo femenino. Reivindica un poco el rol de la mujer en términos intelectuales, en términos culturales y en términos sexuales. Hay una especie como de revalorización de lo que significa ser mujer, cuál es el lugar que va a ocupar la mujer en la sociedad y es toda esta apertura y esta búsqueda de libertad que tiene que ver un poco con la búsqueda de la libertad que está buscando también la protagonista“, añade.

Los procesos de Florencia Eluchans y la creación de Isabel
—¿Y cómo fue el proceso de reconstruir el ambiente para esta novela?
—Fue maravilloso porque tuve que investigar mucho. A mí me gusta mucho esa parte. Yo me recrimino hoy día no haber estudiado periodismo o historia. Porque en el fondo esa parte primero de investigación te invita a mucho aprendizaje y a mí eso me gusta mucho. Yo encuentro que parte de la escritura es mucho aprendizaje, de hecho cada capítulo que uno hace tiene que estar investigando y aprendiendo cosas nuevas.
Trabajo mucho con mi hermana Isabel que es historiadora, entonces ella fue un colchón de conocimiento súper importante. También fui a París, recorrí el barrio latino, las calles, los cafés donde estuvieron los estudiantes, traté de entrar a La Sorbona, que no me dejaron, pero estuve mirando y uno cuando está ahí puede ver los colores, los dolores, esas sensaciones las sientes de una manera mucho más vívida. Entonces viene primero esa parte de investigación y luego viene el oficio que yo creo que es muy bonito que es el del escritor que es tener este contexto histórico y darle vida con una emoción y crear una historia. Entonces esa mezcla a mí me gusta mucho.
—¿Cómo nació la idea de crear a Isabel? ¿En qué o en quién te inspiraste?
—Isabel es un personaje de ficción, o sea no existe pero yo creo que existe. Está ahí, está en un montón de lugares. Es una mujer que me sentí muy cómoda porque seguramente también tiene muchas cosas mías en el sentido de que ella pudo escoger una vida con libertad, que es lo que a mí me identifica de ella, y es una mujer que en el fondo a mí me hubiera gustado ser en esa época también. Me hubiera gustado tener la posibilidad de estudiar donde estudió. De vivir en París, entonces de cierta manera es como el arquetipo de lo que yo quisiera ser o hubiese querido ser.
—Siento que todos fuimos Isabel en algún momento, de no saber qué nos gustaba realmente, el tener miedo a eso y también está el juicio moral ¿Qué le puedes decir a los lectores que pasan por ese proceso?
—En el fondo lo que le pasa a Isabel es que su viaje es que se da cuenta de que existe además otra cosa, existe otra posibilidad de amar en otra condición y eso es lo que ella no se había planteado. La novela precisamente habla de eso, de todo lo que eso significa, sobre todo dejar atrás los paradigmas y la vida que ella tenía hasta ese momento y eso es mucho. Además, como yo lo he dicho, esa elección también significaba sacrificios enormes que los toco en la novela que son de maternidad, de vida, de enfrentar esto, a su pareja que era un hombre y a la vida. Creo que si uno no se atreve a hacer las cosas, nunca va a saber cómo van a evolucionar.
Lo que me gusta de esta historia es que la protagonista se atreve a vivirlo. Ella se atreve a vivir lo que le está pasando de la mejor manera posible, que es una situación compleja, pero se atreve a vivir esta experiencia. Eso es lo bonito. También sin victimizarse, eso lo hice bien a consciencia, que no entraran ellas dos en ‘Dios santo, por qué esto me pasó a mí y no a…’. Eso lo traté de sacar porque, además que se transformaban en personajes muy aburridos, creo que no iba por ahí. La novela habla de alguien que se atreve a vivirlo con todo lo que eso significa.

“El concepto crucial de la novela es la palabra libertad o emancipación”
—¿Y cómo influyó tu propia mirada en la libertad femenina en el libro? ¿Cómo lo fuiste plasmando en los distintos personajes, quizás no solo en Isabel, también en Lucía o en Francisca?
—Creo que el concepto crucial de la novela es la palabra libertad o emancipación. Pero una libertad muy bonita como así lo acuña (Jean-Paul) Sartre, que es una libertad con responsabilidad. Entonces cada uno la va viviendo a su manera, hay unos personajes… El cónsul es un personaje que es súper protagonista también en la novela, se hacen de hecho bien amigos, y también es un tipo con una historia en que ha integrado este concepto a su vida de una manera muy bonita. Hasta también la relación con el hermano, con El Flaco que es el hermano mellizo, que es un tipo súper especial. Yo me encariñé mucho con los personajes, creo que es una novela que tiene grandes secundarios en el fondo que construyen la novela igual.
—¿Hay una diferencia narrativa entre esta novela y tu primer trabajo?
—Esta novela a mí es la que más me gusta. De mis tres libros, yo creo que con el primer libro “Esa vida que imaginamos” fue como una verborrea de muchas cosas que quería decir. Después “Más allá de nuestros días”, que en mi segundo libro, yo creo que ahí aprendí cómo escribir y esta novela tiene una buena mezcla de una buena trama y una pluma que a mí me resulta ya más cómoda.
—Me gustó mucho cómo está contado el libro, se nota mucho que está contado de corazón
—Te diría que este es mi libro que me ha generado más pasión. Creo que este es un libro que está escrito con mucho amor y con mucha alma de parte mía, así como un proceso súper profundo. Me tocó mucho, me hizo habitar espacios, revivir espacios, resucitar espacios, sanar espacios. Es un libro muy íntimo, pero de verdad que yo lo sentí escrito con una punción distinta a los libros anteriores y por eso tengo un afecto con este libro súper especial.

—Los escritores suelen decir que no tienen un libro favorito
—Tengo tres libros, pero te diría que este es mi libro favorito por lejos. Me ha costado soltarlo, me da pena. Me da pena lo que viene ahora de soltarlo y dejarlo que se vaya no más.
—¿En qué momento te diste cuenta que querías escribir historias?
—Yo creo que esta historia en particular… las ideas de qué voy a escribir se van anidando dentro de uno por mucho tiempo. Son procesos súper largos, como que de repente aparecen chispazos y uno los empieza a procesar, a integrar. Yo te diría que esta novela la empecé a idear dos años antes, cuando incluso estaba terminando la anterior, así como que uno empieza con ideas. De repente me aparecen ciertas imágenes. A mí me gusta mucho el conflicto emocional, sobre todo como llevar a los personajes al abismo, porque yo siento que en el abismo, como no hay salida precisamente, ahí es donde uno demuestra ser quien es al final. En esas encrucijadas tenemos que actuar, resolver y mostrar nuestra esencia y eso es lo bonito de la escritura.
—Generalmente en Chile no se lee mucho ¿cómo lo hacemos para fomentar la lectura de las novelas?
—Hay que tratar de llevar el mensaje de que leer es gozoso, que leer no es solo entretenido, sino que una experiencia muy particular y puede ser muy transformadora. Hay que tratar de entrar a un libro, a una lectura, sin juicio moral porque sino uno entra perdiendo y hay que conectar con la historia. Eso te puede generar mucho movimiento, te puede dejar pensando y te puede transformar.
—¿Qué estás leyendo ahora? ¿Cuáles son tus favoritos?
—He tenido poco tiempo para leer, pero acabo de comprar un libro algo distinto, que es más filosófico porque quería salir un poco de la novela. Estoy leyendo “No-Cosas” de Byung-Chul Han. Esto es bastante más teórico y filosófico, habla un poco de la saturación de la información y en lo que nos estamos transformando como individuos. Está súper bonito.



