“Yo pienso que la educación es un crimen, es una estafa, que se basa en la equivocación de que enseñar es educar. Dos de los educadores que más he apreciado, porque son pocos los verdaderos educadores a mi juicio, vivían en Quito hace poco. Fundaron una escuela que se llamaba Pestalozzi, y sólo admitían como alumnos a personas cuyos padres declaraban darse por enterados de que no se les enseñaría nada. Aprenderían mucho, pero no se les enseñaría nada. Este concepto de educación como de acompañar un proceso de aprendizaje, es muy diferente del concepto de meterle en la cabeza cosas a los niños, a los jóvenes. En un supuesto de que el conocimiento lleva a la sabiduría. Yo creo que es todo lo contrario, que no entendemos lo que es la ignorancia. La ignorancia no es no saber cosas, ignorancia es no saber ver lo que pasa. Es ceguera. Por esta misma ceguera colectiva no nos damos cuenta de que la educación le roba la vida a los jóvenes, los mete en unas especie de cárceles, en que se los tienta con que va a aprender muchas cosas que les van a servir. Pero en realidad la educación no enseña más que a pasar exámenes, llenar un formulario en que después le sirve llenar un ticket para el trabajo. Para mí educar es como dice la palabra, sacar de dentro, fomentar el desarrollo de lo que somos”.