La Guerra de Afganistán es la más larga en la historia de Estados Unidos. Según reportaje del New York Times es más larga que la Primera, la Segunda y la Guerra de Corea juntas. Un nido de avispas incansables, inconquistables, un lugar donde una victoria militar es más bien un espejismo lejano.

Empezó el 7 de octubre de 2001 con la “Operación Libertad Duradera” que de duradera tiene solo la continuidad de la guerra misma.

No se sabe cuantos civiles y “terroristas” han muerto en esta guerra pero tenemos la cifra de las fuerzas “Aliadas”: 13.700 los soldados afganos muertos, los que fueron entrenados por las fuerzas de ocupación de Estados Unidos y aliados. 2408 muertos entre las tropas USA, 455 ingleses, 155 canadienses, 1481 muertos entre las fuerzas de seguridad privada, o sea los mercenarios.

Ha habido muchas guerras en Afganistán. Nadie, independiente de las fuerzas que puso en el campo, el tipo de ocupación del territorio, el tipo de guerra que haya hecho, ha ganado en este país oriental.

Alejandro Magno perdió y estaba convencido de ser hijo del Padre de los Dioses. Los árabes penetraron, con la bendición de Allah, pero nunca hasta el final. El imperio mongol, el más grande de la historia, nunca logró pacificar el lugar. Tampoco los soviéticos en los ’80 ni los gringos. Nadie gana, todos pierden.

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