Acaba de ganar la elección presidencial Nicolás Maduro y The New York Times recoge voces desde Venezuela. Esto cuando se dice que hay escasez, que la inflación se empina sobre el 13 mil por ciento y que la criminalidad es un tema de todos los días. Acá tres relatos.

El primero es de Nora Morrison y dice así:

“Estamos viviendo una división familiar: los jóvenes se van buscando futuro y en Venezuela quedamos los mayores. Los que tenemos negocios familiares, que se hicieron con mucho esfuerzo, debemos quedarnos a cuidarlos hasta que se pueda. Se ha convertido en un ir y venir, tratando de ver a los hijos y nietos que están regados por el mundo. Es el éxodo de una generación y el abandono de otra.

Para conseguir lo que está regulado, uno termina recorriendo la ciudad por varios supermercados. Los estantes están llenos de productos no primordiales, pero el aceite, harinas, café y arroz son escasos. Los precios suben semanalmente y, como no hay efectivo, se paga todo con transferencia bancaria”.

Luis Bersani, en tanto, cuenta que “tengo una pequeña empresa y voy todos los días a ver cómo el tiempo, el trabajo y el esfuerzo de mis empleados no valen nada. Lamentablemente, al día de hoy, la canasta básica está en 100.000.000 bolívares (unos mil dólares) y el salario mínimo integral en 2.555.000 bolívares (alrededor de 25 dólares). La mayoría de la gente prácticamente paga para ir a trabajar”.

Otra historia es la de Kelis Cardos. Dice que “mi esposo emigró a Brasil, pero no ha podido tener estabilidad laboral. Espero a que la consiga para poder irme con mis dos hijas. No quiero que ellas pasen más trabajo del que pasan aquí, que por lo menos tienen un techo donde vivir.

No voy al supermercado ya que allí no se consiguen los productos de primera necesidad, solo salgo a comprar en los buhoneros o bachaqueros, cuando consigo efectivo. Compro en las bodegas que quedan cerca de la casa, en donde venden mercancía un mil por ciento más costosa, pero se consigue arroz, harina, azúcar, café y margarina. Compro alimentos prácticamente diario, cuando mi esposo logra transferirme dinero. Compro poco a poco porque, si comprara para cinco días, gastaría de una sola vez todo el dinero y me quedaría sin nada si se llegara a presentar alguna emergencia, como, por ejemplo, un medicamento”.