*

En agosto de 2018 se cumplen 122 años desde la fundación de la comuna de San Miguel. Hoy, vale la pena analizar la antesala del mentado y publicitado éxito, para que nuestra comuna se ubique en el “top five” de las con mayor índice de calidad de vida urbana (ICVU), en relación a buena parte del territorio nacional. Pero lo indicado en el
último informe efectuado de manera conjunta entre la Facultad de arquitectura de la PUC y la CChC, ¿es sentido y refrendado por las y los sanmiguelinos? Los indicadores que arrojan el puntaje para ser la quinta con mejor calidad de vida urbana en 2018, ¿son representativos de la realidad actual y los desafíos que tenemos como comunidad?

El 2017 nuestra comuna estaba varios escalafones más abajo (a saber, en el 40, de un total de 93 comunas consideradas). ¿Es posible que haya cambiado tanto nuestra realidad de un momento para otro? La respuesta es no y hay una poderosa razón para omitir necesidades y elementos que sanmiguelinos y sanmiguelinas denunciamos a diario (en materias relativas a cuidado de áreas verdes, seguridad y plan regulador comunal, entre otras): reforzar -a través de los medios- un modelo de desarrollo que, día a día, está siendo tensionado y cuestionado con razón y ahínco por distintos actores del mundo social.

Desde lo anterior subyacen varias interrogantes: ¿Cuál es el precio del progreso? ¿Quién crece cuando San Miguel crece? Actualmente tenemos severos problemas de delincuencia, congestión vial, acceso a servicios potables y diseño urbano, que los números del ICVU no constatan y/o figuran. En nuestro territorio conviven realidades tan dispares y disímiles como las visualizadas en sectores como el de Atacama o Sebastopol, en contraste a lo que sucede en El Llano o Llico. Allí, en esos barrios, los números arrojados por la PUC y la CChC se convierten en un errático ejercicio por justificar la inversión inmobiliaria y la especulación financiera.

La posibilidad de construir una comuna más igualitaria en su progreso y desarrollo pasa, entre otras materias, por abrir el municipio a la comunidad. Por construir sin apelar a la verticalidad tradicional que ha imperado en la administración local. Es momento de generar un proceso de renovación de liderazgos y necesario encuentro entre los distintos San Miguel. Para ello debemos avanzar en la recuperación de nuestros espacios públicos, a través del rescate y promoción del patrimonio social histórico. Junto a ello es imperativo, entre otras cosas, contar con cooperativas de profesionales jóvenes para fortalecer el acceso a la salud y modificar los planes seccionales de uso de suelo que preserven y protejan nuestros barrios del asedio inmobiliario; el desafío es grande y es hora de abordarlo con proyección y responsabilidad.

Estas, entre muchas, son propuestas para que, efectivamente, los análisis urbanos y las mediciones reflejen la realidad y la voluntad de avanzar hacia un progreso equitativo, igualitario y sostenible para todas y todos los sanmiguelinos.

Andrés Dibán Dinamarca es militante Territorial San Miguel
Revolución Democrática