No hablamos de esos famosos “challenge” que tan de moda se han puesto en las redes sociales -puberty challenge, kiki challenge-, sino de algo más profundo. Alejandro Quiroga, Ignacio Gumucio, Antonio Becerro y Bernardo Oyarzún, cuatro de los seis artistas invitados a la exposición, reconocieron que para ellos no es frecuente que se les plantee abordar una temática tan dolorosa como es la vulnerabilidad extrema en que viven muchas personas en Chile. Le preguntamos a cada uno su definición de pobreza, la situación que más les ha conmovido y qué quisieron representar en sus obras para desentrañar dónde se oculta y por qué tantos no quieren verla ni conocerla.

Ignacio Gumucio: “Es algo a lo que le temo y a lo que aspiro”

“No sé definir la pobreza, pero es algo a lo que le temo, me asusta la violencia que conlleva la injusticia, la exclusión y la carencia. Pero ser pobre también es algo a lo que aspiro. Creo que somos todos más esencialmente pobres que ricos. En la riqueza no veo ninguna dignidad y no imagino merecimiento que explique ser rico.

El 26 de noviembre de 2014, en el Paseo Ahumada, un grupo de transeúntes atrapó a un joven que había robado, lo desnudaron y con un film plástico lo amarraron a un poste. La imagen que lo muestra a él y a sus captores fue portada del diario Las Últimas Noticias. En ella veo al castigado y sus jueces hermanos en los delirios de las pertenencias, en esta violencia explicando que no quieren ser considerados como pobres.

Con mi pintura La Isla Flaca no logré ilustrar directamente el tema de la pobreza, los temas me resultan muy incómodos a la hora de pintar, por eso en esta obra me propuse pintar pobremente, lo que normalmente intento hacer en mi taller: con materiales pobres, ideas pobres y procedimientos simples”.

Bernardo Oyarzún: “Todos terminaremos siendo un estorbo”

“Pobreza para mí es una imposición a un estado más que una condición económica: Chile es un buen ejemplo de eso: un buen desarrollo económico pésimamente  distribuido que produce  la peor educación, un sistema de salud pública indigno, robo a los trabajadores en el sistema de pensiones. Esto es un estado de pobreza mayúsculo, porque tampoco tenemos las herramientas y la energía para cambiarlo; es decir, pobreza sublime.

Hay buena educación para unos pocos, los demás serán los esclavos del sistema. En este contexto, toda la sociedad es miserable. La salud y en general todo el sistema público bajo la maquinaria del trámite y la espera de una promesa que nunca llega, esto es la pobreza del Estado que somete bajo control  sicológico. Por último, las pensiones que representan lo peor de este sistema: humanos desechables, adultos mayores que ya no sirven. Esto, finalmente, es una auto condena, todos terminaremos siendo un estorbo, bajo la tiranía de la falta de respeto y la poca humanidad.

Mi obra, Tótem, es una acumulación de imaginería, estética popular, kitsch, fetiche e hibridación  en el mundo popular. Con esto quiero dar a entender que la marginalidad sobrevive pese a todo, se mueve en forma autónoma y resiliente. La falta de recursos no se traduce en precariedad o escasez, por el contrario, es un mundo lleno de dinamismo, color, creatividad e ingenio. El mundo campesino, los pescadores, los barrios marginales están llenos de cultura y creatividad, pese a la pobreza sistémica impuesta. Un sondeo por los barrios marginales va a mostrar un paisaje desconocido muy potente. Ejemplo de ello son las organizaciones  sociales,  asociatividad para las soluciones comunes y prácticas: huertos populares, ollas comunes, comunidades culturales como los Lof del pueblo mapuche”.

Alejandro Quiroga: “Ver huellas de jeep en lugares arqueológicos”

“Para mí, la pobreza se relaciona con carencia, con aquello que escasea, en todo orden. Pienso que no tiene estricta relación con la plata y menos en un país como Chile en que plata hay.

La situación de pobreza que más me ha conmovido es estar en lugares arqueológicos y ver huellas de jeep o colillas de cigarrillo botadas en un cementerio en el norte, el hecho que las especies marinas estén depredadas. Tengo estos encuentros con la pobreza en mi vida diaria, cuando te tiran el auto encima.

En mi obra De la cordillera al mar, quise representar a un país flaco que es una isla, donde hay una intervención capitalista tremenda y que, al final, la naturaleza siempre tiene que ganar. Quise aportar a mirar el paisaje como una entidad en peligro, puesto que se le trata de manera casi superficial, como si el habitar fuese un asunto sin importancia, por eso la serie de letreros con buen mensaje. En vez de decir ‘compra y endéudate’, decir cosas como ‘sea fuerte’, cosas que ya había trabajado en unas piezas que mostré en el museo del barrio en New York”.

Antonio Becerro: “Es una enfermedad social a la fuerza”

“No se puede metaforizar con la pobreza, suena más fuerte que la palabra campana y se siente más que el dolor guata por el hambre. Es literal. Si por pobreza entendemos la desigualdad, el problema de la redistribución, en un ´país que ha progresado significativamente´ podría  decirse  que es una enfermedad social a la fuerza. En ese caso, solo me puedo referir a la pobreza material, que podría tener solución, ya que la mental parece no tener vuelta atrás.
Estigmatizar solo a los indigentes y migrantes sin techo que duermen por aquí  y que a estas alturas se toman la ciudad como una tribu es otra manipulación de los medios y el poder. Los que creen que no son pobres por tener acceso a las tarjetas y al endeudamiento sudando la gota gorda, dándose la vida que les impone el consumo y el espectáculo, no son otra cosa que esclavos al servicio del mercado y su burocracia, alisarse el pelo o tener los ojos claros no te libra del martirio ordinario de las clases.

Lo que nunca me es indiferente es cuando presencias en el centro de las capitales a gente comer directamente desde los basureros. Dicen que es necesario mantener la pobreza para que siempre sea un caballito de batalla de los políticos que con arrogancia promueven igualdad para todos o un Chile mejor. Este país como proyecto colectivo está en constante riesgo  social, al borde  de la locura. Nuestra patria es un paisaje y las autoridades y sus administraciones lo están convirtiendo en una nación torpe, una locación terminal.

Cuando me invitaron a este proyecto Isla Flaca Arte pensé  inmediatamente en el ataúd que quemé en el Mapocho, en 2017, donde se juntan los cabros de la caleta  en el puente Bulnes.  Esa acción fue un acto de liberación, una catarsis para salir del dolor, un ritual muy necesario para entenderme dentro del concepto Chile.

El arte de lo escatológico siempre ha cruzado mi obra de forma  orgánica, la materia, la  poética y la  bizarra descomposición. Trabajar con lo mínimo, con lo que esté al alcance, meterle mano a lo prohibido, al tabú, a las creencias, a las ideas, es una cirugía que mantiene siempre mis instrumentos sucios, en uso. Esto con el propósito de abrir espacios de reflexión, generando una provocación.

Mi obra Metro Cuadrado aborda la problemática del uso del espacio y su disputa. Alude a las creencias, a las distancias entre unos y otros, al tiempo que debería mediar entre las cosas y los sucesos, entre los derechos físicos,  espirituales y  mentales.