“Caos” es un libro caótico. Apunta a los desastres emocionales, a los demonios cotidianos ¿Te interesaba plasmar esa sensación en el libro?

-Sí. Me interesaba proponer el caos como algo profundo, pero de todos los días, y que las personas que leyeran el libro pudieran sentirse mejor con su propio lío interno. Creo que todo el libro podría resumirse en una de sus frases: La felicidad no es cómoda. Es de a ratos, y muy jodida.

De alguna manera te has vuelto en un referente para la generación más joven. Llenas teatros en Argentina y fuera de ahí. Esa sensación de ser oída por otros con gran repercusión fuera de tu país, ¿te ha generado ansiedad, preocupación, las ganas de autorregular tus propios discursos?

-Sí, hablo bastante de eso en ‘Caos’, justamente. De lo bueno y de lo malo de ser escuchada, porque la verdad es que tiene ambas condiciones, todo en el universo funciona en equilibrio. El bien y el mal, la justicia y la injusticia, la luz y la oscuridad, el orden y el caos. Poder comunicar lo que yo pienso y siento, es muy gratificante y reparador. También, ciertas veces, es abrumador y agobiante. Por eso, cuando me pongo ansiosa, trabajo para devolverme la tranquilidad. Paro y me pregunto por qué hago lo que hago, de qué forma lo podría hacer mejor, qué estoy dando, qué estoy recibiendo, de qué tengo ganas y qué ya no deseo. Soy consciente de que estoy hablándole a un montón de personas, y trato de cuidar eso, siendo genuina.

De acuerdo al uso de redes sociales y al éxito que tienes en las mismas, ¿cómo lidias con lo que otros esperan de ti?

-Con el tiempo, te vas enfocando en qué querés como artista, más que pensar en lo que quiere tu público. Es decir, en algún momento no me conocía nadie, y me empezó a conocer gente por mostrarme cómo soy y dar lo que tenía para dar. Entonces, le presto atención a eso. A qué quiero y que tengo para dar, que va mutando, y que va creciendo, como yo. Me gusta cambiar, y a las personas parece gustarles acompañarme. Y yo trabajo en sintonía. No me importa tanto el número de seguidores, sino que podamos coincidir en ciertas cuestiones, y que podamos discutir en las que no estamos de acuerdo, si es posible.

Este año Argentina estuvo en el ojo del huracán por los temas sociales y la crisis económica. De qué forma repercute/permea esa realidad en tu forma de hacer humor o escribir.

-Lo único que vence la desgracia, la crisis, la tristeza, es la risa. En mis videos, en el show y en los libros, aparece, porque es la realidad, y la realidad no escapa del arte. El arte se crea desde la realidad. Hoy, la realidad es esta crisis, esta sociedad, y la tomo, y trato de convertirlo en algo bueno. A veces me sale, otras no. A mí me fascina el humor con compromiso, e intento hacerlo de esa forma.

¿Qué fue lo más insólito que escuchaste, por ejemplo, en la discusión sobre el aborto?

-Que traficaban cerebros de fetos y que si las perras no abortaban siendo animales, ¿cómo iban a abortar las mujeres que son seres humanos?. Sin palabras.

¿Hay alguna o algún comediante chilena/o que te guste o que observes su trabajo? ¿Por qué?

-Me gusta mucho Natalia Valdebenito. Es fresca, feminista, la tiene clara. También me gustaron cosas que escuché de Leon Murillo.

En qué momento tomaste conciencia de que eras exitosa en esto. ¿Hubo algún momento clave?

-No sé si tengo conciencia de eso (risas). Sí me doy cuenta que me conoce mucha gente, y que se dan cosas increíbles como giras internacionales, o mismo la publicación de ‘Caos’ en varios países. Pero no sé si asocio el éxito a ser conocida. Quizás me sienta exitosa si puedo vivir de esto toda mi vida.

Por lo que entiendo,  “Los Otros” es un espectáculo de comedia que cree “que los monstruos más grandes no están abajo de la cama, sino adentro de la cabeza”. En lo que has visto este tiempo y has podido vivir, ¿cuáles son los principales monstruos que nos habitan hoy?

La religión es hoy nuestro principal monstruo. Acarrea otros: la culpa, la moral exacerbada, el castigar al otro, el juzgar al otro, el decidir si el otro va al infierno, o al cielo, opinar qué tan bueno es el otro, o qué tan malo, o qué tan estúpido, o qué tan pecador. La religión, no la fe, la religión, nos come la cabeza.

¿Hay una búsqueda personal por ser una voz para los jóvenes?. Digo, ¿buscas llegar a ellos o se fue dando de manera orgánica?

-Creo que dije las cosas que necesitaba decir, las cosas que me hubiera gustado escuchar, y no aprender a los golpes, y lo demás llegó solo. Podría no haber sucedido, podría haber sido una loca más hablándole a un teléfono, pero se dio. Lo deseaba, lo soñaba, pero no sé si lo creía capaz. Es una terapia grupal. De alguna forma, mis seguidores con sus problemas, yo con los míos, compartiéndolos a la distancia, con risa, o con tristeza. A veces los aconsejo, a veces aprendo de sus palabras. Es una relación equitativa. Entiendo que no conozco a todos, pero de alguna forma, hay algo grande que compartimos.

¿Cuáles son tus referentes actuales en la comedia y en la escritura? ¿De qué forma buscas diferenciarte?

-Descubrí hace poco a un comediante que se llama Daniel Sloss y me voló la cabeza. ‘Nanette’, en Netflix, también me partió la cabeza. Mis referentes en Argentina son Pablo Picotto, Martín Pugliese, Radagast, Fer Metilli, Lucas Lauriente, Charo López, Noelia Custodio, Bimbo Godoy. Todos son diferentes y todos tienen algo que trabajo todos los días para tener como comediante. Ya sea acidez, presencia escénica, juego, improvisación, remates increíbles. Todos tienen un mensaje y me hacen reír mucho.

Uno de los videos que más me llamó la atención en lo personal fue ese en donde hablas de “Soltar”, esto de contener la energía (el enojo, la pena, la frustración). ¿Consideras que esta es una reacción/acción que culturalmente está más condicionada a las mujeres? ¿De qué forma? ¿Cuál debería ser el camino?

-No sé si tiene que ver con las mujeres, creo que muchos hombres también han callado su tristeza. Creo que es un tema cultural de antaño, y un profundo desconocimiento de los problemas físicos y mentales que provocan el no hablar, el encerrarse, el amurallarse, el creer que se puede solo, o sola, en todo y siempre. El camino es reconocerse, entender con qué cosas uno se hace mal, se lastima, se deja perder. Meditar, viajar, hacer terapia, hacer yoga, o tomarte cinco minutos diarios para pensar y sentir qué estás haciendo para vos, para tu vida, que en definitiva, es una para todos. A menos que seas un gato, y te quedan seis chances más. Para nosotros, los humanos, es una. Y mucha gente no puede elegir qué hacer con la vida, pero mucha otra gente sí, y no se anima. Se atrapa en su propia red.

Vienes pronto a Chile. ¿Conoces? ¿Qué impresión tienes del país, de la gente que lo habita?

-Conozco solo Santiago y me encanta. La gente que me escribe de allá es hermosa, me genera mucha alegría poder llevar mi show, y ‘Caos’. Ojalá sea la primera vez de muchas.

Magalí Tajes se presentará el domingo 28 de octubre en dos funciones a las 17:00 y 19:30 horas en el Teatro de la Universidad de Chile. Adquiere entradas ACÁ