Hoy: “Mucho gusto” (Mega, lunes a viernes, de 8 a 13 horas).

 

El formato actual de los momentos cúlmine del matinal de Mega, “Mucho gusto”, es el típico del humor callejero, con un comediante vociferando (Patricia Maldonado) y gente que se arremolina en su derredor (conductores y resto del panel).

El humor que desarrolla la excantante es negro, a pesar de tratarse, en la totalidad de los casos, de anécdotas supuestamente protagonizadas por ella misma. Negro porque son recurrentes las alusiones a agresiones verbales a vecinos, amigos de su marido, famosos y hasta gente común y silvestre que le hacen saber a “la Maldo” que no comulgan con su pensamiento político o simplemente su forma de ser. Esta violencia en el relato acostumbra ser acompañada por gritos amenazantes, manotazos y hasta empujones a sus compañeros de trabajo (a Karla Constant la ha lanzado lejos, haciéndola salir del cuadro tomado por la cámara).

Lo que llama la atención de este público en estudio y en pantalla de la peliteñida y sempiterna comadre de Pinochet es la sobreactuación con que le celebran cada una de sus performances. Objetivamente no es graciosa, como sí lo era la actriz Paty Cofré, que como la “tía Xuxá” hacía las delicias de la teleaudiencia de “Morandé con Compañía”, ya que su coprolálica sarta de insultos contrastaba con lo dulce que es ella fuera de personaje y sobre todo con el cierre de cada una de estos arrebatos lingüísticos, que inexorablemente era sellado por un suave “y agradezcan que soy una dama”. Acá estamos ante una mujer virulenta y nada femenina que se jacta impunemente del temor que logra infundir entre quienes se atraviesen en su camino y no le simpaticen y también entre sus compañeros de trabajo.

Hasta ahora no hemos dicho una palabra sobre la provocación permanente en que incurre esta señora en materia ideológica. Es como si alguien devoto del nazismo se ufanara de esa inclinación y comentara que “los judíos no eran blancas palomas” y que Hitler “debió matarlos a todos”, amén de usar una svástica colgando del cuello (en el caso de Maldonado, es un corvo, que ya sabemos la connotación que tiene por estos lados). Y ni siquiera es necesario. Para decidir dejar de ver este programa o ni siquiera empezar a seguirlo basta poner en la balanza lo autorreferente que es, lo esnob, el ejercicio de lamebotismo coral que se hace con la Maldonado y lo alejado del Chile real que permanentemente está.

No exagero. Se lo grafico con un despacho que le encomendaron a Luis Jara, uno de los tres conductores de este matinal que, como lo hacen en la competencia, es sacado adelante con una patota de rostros, entre animadores, panelistas y mencioneros (a cargo de las menciones publicitarias, en este caso “Karol Dance”). Sigamos. A Jara lo enviaron a hacer un móvil a una hora peak en el Metro, muy temprano. El hombre hacía preguntas a los apretujados pasajeros. Preguntas del tipo “¿esto pasa todos los días?” A eso llamo hacer un matinal chileno desde la luna.

Jara es un caso aparte. Otra de las grandes razones para que perderse, día tras día, este matinal sea una verdadera bendición. Otro ejemplo del suplicio que representa para los televidentes este egótico y errático ser. Muy forongo, este año se jactó en pantalla, en el “Mucho gusto”, de haber suplantado a Mario Sepúlveda, el líder de los 33 mineros chilenos rescatados el 2010 en la III región. Y todo para tener acceso a un evento Vip en Las Vegas.  Durante largos y patéticos minutos se explayó acerca de esa suplantación de identidad, de cómo firmó autógrafos, de cómo todos se le acercaban y le preguntaban por su experiencia de estar al borde de la muerte. Era un ego en estado salvaje haciendo el más inoperable de los ridículos. ¿Y el panel? Adivinó. Todos reían y celebraban la gracia de Luchito, el tataranieto no reconocido del Barón de Münchhausen.

Además de Maldonado y Jara otras atracciones de esta galería del terror son Ivette Vergara. ¿Sabe qué es hacer “La gran Ivette Vergara”? Averigüe. Haga retrofarándula y averigüe. Yo no se lo voy a contar porque soy un caballero.

Está Rodrigo Herrera, casado con una mujer bellísima, Denisse Flores, que acusa que él no le quiere dar el divorcio, pero que la esconde y no se comporta como un marido. El perro del hortelano en toda su majestad.

La hija de Gervasio, Millaray Viera; la ex niña prodigio de “Rojo”, María José Quintanilla; la actriz  Begoña Basauri, el exchico reality Joaquín Méndez y hasta Karla Constant y José Miguel Viñuela (que a todo esto ya ni se ríe) (estos dos últimos nominalmente conductores junto a Jara) se arrumban en pantalla como parte de un pastiche supuestamente decorativo, pero ninguno es un aporte que uno diga “¿qué hace en este programa si podría brillar en cualquier otra parte?”

Los únicos que realmente salvaban de ese lote eran Katherine Salosny (despedida sin que hasta el día de hoy se le haya dado una razón ni siquiera de peso, una simple razón) y Antonio Neme, que tras lo que le hicieron a Salosny, su gran amiga, no volvió a aparecer su nariz por el programa.