Imagen referencial

El centro de detención política y tortura que operó en Colonia Dignidad durante la dictadura de Augusto Pinochet, un enclave alemán situado en el sur de Chile, fue declarado Monumento Nacional, en la categoría de monumento histórico, informaron hoy familiares de las víctimas.

La iniciativa, aprobada por el Consejo de Monumentos Nacionales (CMN), fue impulsada por las Agrupaciones de Familiares de Detenidos Desaparecidos y Ejecutados Políticos de las ciudades de Talca, Parral y Linares, todas en la región del Maule.

“Fue una tremenda alegría para los familiares del Maule, tanto por la significación en términos de memoria histórica como de reparación moral a los familiares directos que sufrimos hasta el día de hoy”, sostuvo la coordinadora de la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos de la Región del Maule, Myrna Troncoso.

En declaraciones a Radio Cooperativa, Troncoso señaló que en ese lugar se planificó el exterminio de chilenos y la tortura de un medio centenar de talquinos, más otras personas traídas de distintos puntos del país, en conjunto con los jerarcas liderados por el director de ese enclave, Paul Schäfer.

“Esta casa deberá ser considerada parte del circuito de memoria que el Gobierno alemán con el Gobierno chileno implementarán pronto”, enfatizó la dirigente.

Tras el golpe militar del 11 de septiembre de 1973, Schäfer ofreció sus instalaciones a la temible Dirección de Inteligencia Nacional (DINA), la policía secreta de Pinochet.

De esa forma, Colonia Dignidad se transformó en pieza clave del aparato represor de la dictadura y los sótanos donde almacenaban las patatas se convirtieron en un centro de sofisticadas torturas e insoportables interrogatorios dirigidos por el propio Schäfer.

Alrededor de 350 personas fueron torturadas. Más de un centenar fueron asesinadas y enterradas en algún lugar de la propiedad.

Hoy, Colonia Dignidad se llama Villa Baviera y se ha reinventado como complejo turístico. La mayoría del centenar de colonos que aún habita en el enclave lucha por rehacer su vida y aprender a convivir con la sombra de Schäfer, quien murió en prisión a los 88 años.

El máximo dirigente del enclave alemán instalado en las cercanías de la ciudad de Parral, a unos 380 kilómetros al sur de Santiago, estaba condenado a siete años de prisión por homicidio calificado, a tres años por infracción a la ley de control de armas, a tres años y un día por torturas y a 20 años por abusos sexuales contra menores que vivían en la Colonia.

Durante cuatro décadas funcionó como un enclave dotado de escuela, hospital, cementerio y aeródromo propios, rodeado de alambradas y guardias armados, todo al margen de las leyes chilenas.